La revista cumple un lustro de vida tratando de redescubrir el alma oculta del país a través de sus rostros, sus historias, sus paisajes, sus secretos y el reguero de sentimientos tras las imágenes y palabras.
Texto: Álex Ayala Ugarte • Fotos: Archivo La Razón
Cuando vi el ataúd encima de la viga comprendí una frase que me dijeron hace tiempo: “Bolivia es un lugar donde todo lo posible es imposible y donde todo lo imposible es posible”. El viejo, Raúl Mercado (Escape Nº 62), un ex bene- mérito de la Guerra del Chaco, peinando canas, de manos sudorosas y de fácil carcajada, dormía en su casa de Suri (Yungas) con su lecho de muerte sobre la cabeza. Años después, cuando su hija vino a buscarme a la redacción del periódico para contarme que don Raúl había muerto, comprendí la importancia que tuvo para el anciano aquel reportaje que le escribimos. A su hija, además del ataúd, el cemento y los ladrillos para el entierro, le dejó el encargo de que nos avisara de su muerte. Entonces, me di cuenta de que nuestra principal labor es rescatar las historias del olvido, redescubrir esa Bolivia desconocida por la mayoría.
En ese afán, por poner ejemplos, hemos viajado durante cinco años incluso en mula para llegar a lugares tan inaccesibles y remotos como Arcopongo, hemos dormido a la intemperie, en una hamaca artesanal, a merced de los mosquitos de Pando, y hemos compartido con los comunarios el frío altiplánico, refugiándonos en sus casas de adobe y de calamina.
Una mirada a todo el país
El resultado de esos esfuerzos ha sido una mirada que ha tratado de no dejar de lado ninguno de los rincones de Bolivia, pues en todo lugar hay un hilo del que jalar para terminar por tejer relatos con alma propia.
Entre los enclaves más alejados que hemos visitado está Pando, donde, entre otras cosas, hemos retratado el drama de los castañeros (Escape Nº 20) en busca del fruto para dar de comer a sus hijos. Pando es también sinónimo de naturaleza y ríos, y así lo reflejamos en el Escape Nº 35 con el pueblo de Montevideo, una especie de Venecia con casas de madera y llena de canales.
En Moxos (Escape Nº 12), ya en el Beni, parece que se paró el reloj del tiempo, pues las costumbres permanecen intactas desde hace décadas. Y en ese mismo departamento, en San Borja (Escape Nº 31), uno tiene la sensación de encontrarse en el paraíso, representado por tortugas, felinos y otros animales que sobreviven en la Estación Biológica del Beni.
Las misiones, por su parte, son uno de los íconos de Santa Cruz, con sus festivales de música barroca, su artesanía y su folklore. En la frontera, El Pantanal (Escape Nº 8) es una reserva que nos sedujo desde el primer minuto. Mientras, a 240 kilómetros al sur de la capital oriental, Vallegrande (Escape Nº 23) se reivindica como santuario único en el que se venera la figura de Ernesto Che Guevara.
El Chapare, aparte de su relación con la milenaria hoja de coca, ha sido reflejado en la revista por su naturaleza desbordante, como bien pudo apreciarse en un reportaje sobre floricultura (Escape Nº 6). Pero de Cochabamba también queremos destacar sus pueblos, que permanecen siempre como dormidos, lugares como el mítico Totora (Escape Nº 5), donde nació el tirano Mariano Melgarejo, o Aiquile (Escape Nº 63), que consiguió renacer de sus cenizas tras un terremoto.
No menos interesante, como se vislumbra en nuestras páginas, es el departamento de La Paz, donde se asientan muchos de los grandes misterios del altiplano, enigmas que se escriben en enclaves como el complejo de chullpas de Condormaya (Escape Nº 1) o en el célebre monolito Bennett (Escape Nº 46), pero también en Apolobamba (Escape Nº 60), donde su cordillera y sus terrazas de cultivo centenarias hacen que sea posible el sortilegio. Yungas, a su manera, es igualmente como un baúl repleto de secretos. Las leyendas de Coroico Viejo (Escape Nº 236), los precarios alambres que se utilizan allá para cruzar los ríos (Escape Nº 42), las minas de oro de Guanay (Escape Nº 40), la devoción mariana de Chirca (Escape Nº 20) o la tranquilidad eterna de Ocobaya (Nº 237) son la constatación de dicha afirmación.
Potosí, la tierra de los Lípez (Escape Nº 9), es uno de los lugares más exóticos que hemos pisado, con su volcán Licancabur y su laguna Colorada, casi comparables con los interminables silencios del Salar de Uyuni, donde la revista cubrió un increíble concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional (Escape Nº 24) en medio de la nada.
En Oruro, mientras tanto, la presencia de los Chipaya (Escape Nº 7), que forman parte de la nación Uru, es fundamental para comprender bien la esencia de las culturas lacustres.
Lo mismo ocurre con los tejidos y Chuquisaca (Escape Nº 53), pues en ellos están recogidos las creencias, las tradiciones y las costumbres de los pueblos del oeste del departamento.
Y Tarija se ha dibujado casi siempre en la revista como el dominio indiscutible de la uva (Escape Nº 4 y Nº 43), con sus haciendas y casonas que cuentan ya cientos de años y su vida aún sumamente campestre.
De fiesta en fiesta
Así como hemos andado por caminos de un extremo a otro, también hemos vivido cada momento con los cinco sentidos, sobre todo durante los días de fiesta, cuando es imprescindible empaparse bien de los olores, sabores, sonidos, colores y texturas.
Un ejemplo perfecto en este sentido resulta el reportaje “Carnaval para un viejo, memoria de lentejuelas en Oruro” (Escape Nº 42), que da sentido a la declaratoria del festejo como Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, contando cada minuto de este baile infinito.
No menos espectacular es la fiesta de San Roque (Escape Nº 229), en Tarija, en la que los chunchos, personajes tocados con turbantes con unos vistosos plumajes, homenajean con devoción al Santo peregrino.
La Bolivia más profunda tiene su reflejo en la celebración del tinku (Escape Nº 54) en Macha, donde 60 comunidades pelean en una lucha fatal de todos contra todos.
En contraste, más tranquilos son los ritmos de saya de la gente de Tocaña (Escape Nº 69), que pugna por recuperar su herencia.
En la gran urbe, mientras tanto, la festividad del Gran Poder (Escape Nº 159) es la que se roba los aplausos, y la revista quiso recordar el día en que por fin logró conquistar varias de las calles del centro de La Paz.
Y en Arani (Escape Nº 123), Cochabamba, son la chicha y el chicharrón los que predominan durante los tres días de veneración a la Virgen.
Galería de personajes
Con todo, una buena historia no existe si no tiene protagonistas, y por las páginas de Escape han pasado personajes que ameritaban una nota por sólo contar su propia vida.
Aguelino (Escape Nº 88), el rey de la ropa usada, quien en el momento en el que le hicimos la nota guardaba kilos y kilos de mercadería en un enorme galpón, fue uno de ellos.
También, el transformista Carlos Parra (Escape Nº 61), precursor de los concursos de Miss Gay, que no tuvo reparo alguno en plantarse ante nuestras cámaras para convertirse aparentemente en toda una mujer.
Menos atrevido resultó Antonio García (Escape Nº 96), un anarquista español afincado en el Beni que desempolvó su trágico relato de vida, que incluye cinco años de reclusión en el campo de exterminio nazi de Mathaussen, ubicado en Alemania.
Y parecida experiencia de sometimiento vivió Antonio Marañón (Escape Nº 166), quien trabajó como pongo (esclavo) en condiciones extremas en la región de Santa Cruz.
Pero igual ha habido personajes que han sazonado con humor las páginas de la revista. Es el caso del fallecido Jacinto López (Escape Nº 190), un cruceño que con sus exageraciones, hoy recopiladas en un libro, enamoró a la gente del Beni.
Otros que han conquistado corazones han sido Ariel Irusta y Dardo Greco (Escape Nº 222), conocidos tangueros de La Paz que han sembrado mil y una anécdotas en la urbe.
Por su parte, el tierno perfil acerca del Conejo Ricky (Escape Nº 232) hizo caer en la nostalgia a los representantes de más de una generación.
Y es que en Escape ha habido cabida para todos, también para las distintas tribus urbanas, diseccionadas en trabajos como el titulado “Un encuentro con los hijos del metal”.
Por último, no podían faltar rostros importantes de la sociedad y la cultura, tales los casos, por citar algunos, del escritor y bohemio Víctor Hugo Viscarra (Escape Nº 139), el reconocido artista Gastón Ugalde (Escape Nº 205) o la Sebastiana (Nº 218) de la película de Jorge Ruiz.
Los grandes reportajes
A menudo, sin embargo, la fuerza de un solo personaje no resulta suficiente. Es lo que ocurre cuando uno tiene una buena historia entre manos y termina por convertirla, en forma y contenido, en un completo reportaje.
Los grandes dramas de la humanidad, como el sida (Escape Nº 118), han sido en ocasiones el eje sobre el que se han construido los textos.
A veces, profesiones que uno ni siquiera sabía que existían, como la de los hieleros de la cumbre (Escape Nº 109), han sido fielmente retratadas antes de su posible desaparición.
Y los grupos humanos también han tenido su espacio. En este sentido, reportajes sobre los mineros de Potosí (Escape Nº 154), los menonitas (Escape Nº 14) o los kallawayas de Apolobamba (Nº 135) han dado sentido a muchas de nuestras visitas a las diferentes regiones del país.
Asimismo, las ciudades han disfrutado de cierto protagonismo gracias a notas como la que realizamos en abril del 2004 sobre los cementerios clandestinos (Escape Nº 151).
Entre las investigaciones, una sobre el tráfico de obras de arte (Escape Nº 157), haciendo un recuento de las obras perdidas y los métodos de actuación de las mafias especializadas, captó la atención de los lectores.
Mención aparte se debe hacer a los especiales de la revista. Al respecto, espectacular fue el que se publicó el 7 de octubre del 2001 relatando una travesía desde Bolivia hasta el Atlántico (Escape Nº 22). Otro sobre la presencia de los Cascos Azules bolivianos en el eterno conflicto de la República Democrática del Congo (Escape Nº 55) destacó por la amplitud de su cobertura.
Finalmente, los seguimientos de un evento para contar una buena historia de vida, como la que se le realizó al púgil Freddy Mamani (Escape Nº 261) en su pelea por el título nacional de peso ligero, han dado lugar a trabajadas crónicas.
Biodiversidad y arqueología
Por otro lado, si una de las vocaciones de Escape es dar voz a aquellos que normalmente no la tienen, con la inclusión de reportajes sobre temáticas que casi no cuentan con espacio en el grueso de los medios de comunicación, el objetivo, en parte, se ha conseguido, sobre todo en el caso de las notas de biodiversidad y arqueología, presente y pasado.
En el primero de los rubros, un reportaje sobre tráfico de vida silvestre (Escape Nº 200) cosechó premios nacionales e internacionales.
Y las experiencias vividas en carne propia, como la visita a un nido de cóndores (Escape Nº 198), han desembocado en materiales que se pueden incluso coleccionar, y que son habitualmente objeto de consulta en los colegios de todo el país.
Además, en la revista siempre han tenido un sitial de honor las notas referidas a la atención de las áreas protegidas y los ecosistemas.
En el otro campo, en el de la arqueología, hemos intentado en todo momento estar al tanto de todo tipo de teorías, tanto en lo referente a la pirámide de Akapana (Escape Nº 260) como a curiosos estudios, por ejemplo el que publicamos sobre el perro andino (Escape Nº 248).
Con el diseño de alta costura
Buscando a cada instante la perfección, hemos podido contar también con la complicidad de los diseñadores de moda, que han puesto a Bolivia muchas veces entre los grandes de la alta costura.
Una de las “embajadoras” más constantes del país ha sido Beatriz Canedo Patiño (Escape Nº 261), que siempre escoge la revista para dar a conocer sus colecciones.
En la misma línea, con su peculiar estilo, la conocida Liliana Castellanos (Nº 210) impresiona cada vez con sus ideas de suma frescura.
También, Daysi Wende (Escape Nº 218), quien con trabajos como su “Cholita Nueva” genera furor.
Y el cuarteto de grandes maestras en el mundo de la moda que suelen tener como escaparate a nuestra revista lo completa Jacqueline Conley (Escape Nº 228), una experta en el tema de los bordados.
Con todo, las suyas no son las únicas propuestas. Así, notas presentando visiones vanguardistas, como la de Marión Macedo y su moda de papel (Escape Nº 232), han tenido la mejor de las acogidas.
Para el anecdotario
Cinco años, además, han regalado inolvidables momentos para el anecdotario, que aquellos periodistas que escribieron las notas ahora los recuerdan como entrañables.
Camino a Arcopongo, el fotógrafo Pedro Laguna tuvo que cargar entre ríos, montañas y granizo con 14 kilos de equipaje. A Fernando Cuéllar y Miguel Vargas les chicotearon en Potosí porque creían que querían tomar fotos para después comercializar postales. Y a Patricio Crooker le escamotearon las únicas galletas de chocolate que se había llevado para matar el hambre a la República Democrática del Congo.
Hoy, sin embargo, todos recuerdan esos instantes con gran cariño.
No es para menos, pues todos han contribuido en ese gran proyecto que es Escape, que trata de reconstruir Bolivia con otra mirada.
Porque sin pasión a la hora de escribir probablemente no existiría esta revista, sin la búsqueda constante de una manera distinta de contar y mostrar las cosas, Escape no tendría realmente razón de ser.
Y es que en un rostro puede estar condensado el sufrimiento de varias décadas, un simple relato robado de las líneas de la memoria de los viejos en los pueblos puede cautivar más que la historia oficial que se cuenta en las enciclopedias, y la clave es únicamente aprender a verlo, saber de dónde extraer cada latido.
En ese afán está ahora todo el equipo de la revista, sin darse cuenta de lo rápido que pasan cinco años.
La opinión
Juan Carlos Rocha Director de La Razón
Escape es el respiro del lector y del periodista. Para el primero, es la posibilidad de “escapar” de la noticia dura, conocer el país y tener más razones de orgullo por lo nacional. Es el boleto de un viaje imaginario a un lugar escondido. Para el periodista, es la libertad de escribir por fuera de los moldes.
PATRICIO CROOKER Fotógrafo de Escape
Escape abrió una oportunidad para el trabajo fotoperiodístico del país y es una de las publicaciones más importantes de domingo. Aunque aún queda mucho por recorrer, la revista tiene que seguir siendo el ejemplo, buscando la calidad y marcando la diferencia con el trabajo del día a día.
Danilo Villamor Antropólogo de la Unar
En cuanto se refiere al aporte a la cultura, y concretamente a la arqueología y antropología, puedo decir que a través de la publicación de artículos de interés, con un idioma simple, una redacción amena y espectaculares fotos, se cumple una labor de entretenimiento y otra también vital como divulgadores de ciencia.
Beatriz Canedo Patiño Diseñadora de moda
Yo sagrado la leo y no lo digo por cursi. Es completa en cuanto a los temas y la fotografía es de impacto, de calidad. En las portadas hay variedad de temas, pues no a todo mundo le gusta una chica en bikini. Me gusta cómo realza nuestra cultura, apoya a la empresa privada, a las exportaciones y a lo hecho en Bolivia.