Por el daño que en diversas épocas se provocó al templo de la Compañía de Jesús se podría afirmar, quizá, que Cochabamba tiene una deuda con los jesuitas, quienes ahora, con mucho esfuerzo, intentan rehabilitarlo utilizando sólo los aportes de sus feligreses y sin ninguna colaboración económica de las autoridades religiosas ni regionales.
Este templo de estilo barroco está ubicado en la acera noroeste de la plaza 14 de Septiembre, la principal de la ciudad de Cochabamba. Su construcción se inició durante el siglo XVII, pero fue acabada en 1730, poco antes de la expulsión de los jesuitas de América Latina, según informó el padre Estanislao Bofill.
La Compañía de Jesús era un edificio mayor al que existe actualmente, porque además de la parroquia contemplaba el colegio San Luis Gonzaga y la residencia donde vivían los padres jesuitas que salían a la misión.
“Tenía un púlpito muy importante, porque desde allí se predicaba, pero también tenía una nave central y las naves laterales servían para momentos de oración, recogimiento y confesión”.
Alrededor de 30 años después de la fundación de este inmueble, los jesuitas fueron expulsados por el Rey de España, y en Bolivia las obras de la Compañía de Jesús quedaron abandonadas, a tal punto que durante un tiempo este templo fue un cuartel que hospedó a tropas españolas.
Después fue una iglesia regentada por sacerdotes del clero secular (que no viven en claustro), hasta 1888, cuando volvieron los jesuitas al país y retomaron el colegio San Calixto en La Paz y otro en Sucre, “pero ya no recuperaron el colegio San Luis, que igual que este templo quedó en manos del Arzobispado”.
Según Bofill, los jesuitas recuperaron el templo de la Compañía de Jesús en 1951, pero desde esa fecha hasta ahora “perdió tanto su altar como su púlpito, que fue entregado al templo de San Ildefonso en Quillacollo, que cobija a la Virgen de Urkupiña”.
En los últimos años también sufrió una rajadura en el techo, probablemente asociado, dice el padre, al movimiento sísmico que afectó a Aiquile (1998).
Además, detrás de este edificio se construyó un edificio que le quitó vistosidad.
El párroco no pudo repintar la fachada porque, cuando pidió a la empresa de energía eléctrica que cubriera los cables de alta tensión para que los pintores trabajen, le explicaron que debía pagar alrededor de 500 bolivianos, monto con el que no contaba. Redacción Cochabamba
Los arreglos
Tiempo y recursos • La refacción del edificio empezó hace un año y medio con recursos entregados por los propios feligreses.
Intervención interna • Arreglo del sistema eléctrico, colocación de dos barras de yeso en el techo para evitar la profundización de una rajadura, pintura de color blanco en tres mil metros cuadrados.
Obra pendiente • Por falta de recursos no se hace el cambio de piso para colocar losas duras en un área de mil metros cuadrados.