Cómicas, amargas, dramáticas... Son miles las anécdotas que se suman durante el rodaje de una película. Los protagonistas de la historia fílmica del país cuentan parte de sus propias vivencias.
Texto: Javier Badani • Fotos: Archivo La Razón / Archivo de los cineastas / Ángel Illanes
a hoja de coca definió el destino del proyecto cinematográfico. Acusados por una alta autoridad campesina de Charazani de ´peligrosos comunistas´ que llegaban a la localidad paceña de Katta con la intención de robar y asesinar, el equipo de producción del filme Yawar Mallku (1969) aceptó la propuesta de los comunarios de dejar que un Yatiri definiera su culpabilidad o inocencia.
Ante la atenta mirada de cientos de campesinos, el brujo andino concluyó a través de la hoja sagrada que aquellas acusaciones eran falsas y que la presencia de los cineastas estaba inspirada por el bien. Al día siguiente, los mismos comunarios participaron en el rodaje del filme de Jorge Sanjinés.
Así, como esta anécdota, muchas veces las vivencias detrás de una cámara cinematográfica son más sabrosas que la historia que el espectador llega a disfrutar en la pantalla grande. Es más, ´varias películas bolivianas habrían sido un total éxito si se hubiera mostrado lo que pasó durante la filmación´, asegura la cineasta Mela Márquez.
Y es que durante el rodaje de un filme, que en promedio dura siete semanas, se viven encuentros y desencuentros y se mezclan por igual adrenalina, creatividad y pasión.
En esos momentos, directores, actores, productores, técnicos y asistentes ´tienen los sentimientos a flor de piel y sufren una caída de sus defensas emocionales´, intenta explicar el realizador Marcos Loayza.
De esta forma, las anécdotas se suman en el set de filmación. Pero éstas, en su mayoría, se mantienen ocultas para el común de la gente.
¿Sabía usted —por ejemplo— que una escena de 30 segundos de Escrito en el agua, de Marcos Loayza, en realidad se rodó durante todo un día? ¿Que un motín de hambrientos actores en Amargo Mar, de Antonio Eguino, se saldó con un banquete de época? ¿Que las voluminosas cámaras de doble tambor del siglo pasado en Misión cerca del cielo, del español Jorge Mistral, salvaron al actor Agustín ´Cacho´ Mendieta y sus camaradas de una muchedumbre que antes de percatarse de ellas les creyó unos asaltantes de verdad?
´Las anécdotas le dan color y sabor al desarrollo de una película´, sostiene Eguino, cuya cinta, Amargo Mar, ostenta el título del filme con más historias de este tipo del cine boliviano. Muchos lo atribuyen a la gran cantidad de extras que participaron en ella —media La Paz, aseguran— y a que el proyecto marcó el debut de varios profesionales.
Graciosos algunos, grises los más... muchos de estos fortuitos sucesos, sin embargo, llegaron a cambiar el rumbo de algunos de los proyectos fílmicos. Uno de ellos fue Sayariy, de Mela Márquez, pues la realizadora tuvo que lidiar con las asimetrías culturales entre la ciudad y el campo cuando en los años 90 se internó en las comunidades de Macha (Potosí) para filmar un docu-ficción sobre la ritualidad originaria del tinku.
´Sus conceptos sobre lo nefasto que puede significar el ficcionar la muerte o su negativa de utilizar el espacio común de la comunidad para fines personales llevaron el documental por otros senderos´.
Con todo, para el director Paolo Agazzi, la mejor organización y la profesionalización de los recursos humanos han reducido en la actualidad gran parte de aquellos hechos no programados en el set.
´Es cierto que antes había más entusiasmo a la hora de hacer cine, pero también bastante más ingenuidad. Hoy, la gente busca profesionalizarse en distintas áreas y adelantarse a las dificultades.
Por ejemplo -señala el director- ´en antaño la alimentación para el equipo se elaboraba en una olla común y con lo que se encontraba a mano. Ahora, esto responde a una logística previa donde se intenta una dieta balanceada y liviana´.
A pesar de todo, existen elementos que los directores y su equipo todavía no pueden controlar. Uno de ellos es la reacción que la obra final genera en los espectadores.
En 1925, por ejemplo, los guardianes de la moral pública en La Paz intentaron secuestrar y quemar la película La profecía del lago, que fue uno de los primeros largometrajes del cine boliviano.
Asimismo, realizada por José María Velasco Maidana, la presentación pública del filme fue impedida por la censura debido a que narraba la relación amorosa de un pongo con la esposa del dueño adinerado de una gran hacienda.
Lamentablemente, nunca se verá la obra completa, pues lleno de ira e invadido por un sentimiento de impotencia Velasco Maidana empapeló el interior de su casa con los negativos de esta película.
Con semejante reacción, se cerró una más de las anécdotas del cine boliviano. Una de tantas, pues en los 100 años de historia del cine boliviano han ocurrido un sinfín de historias más, algunas confesables y otras que quizá jamás serán contadas por sus protagonistas. ´Somos un pequeño mundo... y lo que sucede en él se queda en él´, sentencia al respecto un reconocido actor.
Amargo mar (1984) Antonio Eguino
La cinta narra los entretelones políticos que se desarrollaron durante la Guerra del Pacífico.
• Durante el rodaje en Tarija se contrató a dos de las más famosas cocineras del mercado central. Así, por más de una semana desaparecieron el saice y la fritanga de la ciudad. La alarma en los comensales provocó que un periódico local anunciara que esto se debía a una escasez de carne en Tarija.
• Tres vehículos apoyaban la filmación, pero estaban más en los talleres que en el set. Eguino tuvo que solicitar crédito a un mecánico para su constante refacción. Un día, preocupado porque la cuenta aumentaba, el trabajador se aproximó a las oficinas de producción. Mela Márquez, a cargo del vestuario de los actores y pensando que éste era un extra, lo recibió con un traje de oficial boliviano. ´Es que no, señora, yo sólo vengo a…´, expresaba el hombre. ´A ver, quédese quieto y en silencio´, le respondía Márquez mientras lo despojaba de su ropa. Al final, el iluso mecánico fue enviado al altiplano, donde se quedó todo el día como extra.
• Varios profesionales se estrenaron en Amargo Mar. Entre ellos, un utilero y un camarógrafo con diploma en el exterior. En una importante escena, uno de los personajes debía morir por un disparo. Para darle más consistencia a la bala de salva, el utilero la llenó de engrudo. En el rodaje, el proyectil impactó violentamente en el cuerpo del actor quien, herido, salió despedido del caballo. Con todo, a pesar de lo trágico del hecho, la escena salió a la perfección. Sin embargo, al final de la escena el camarógrafo se percató de que no había filmado nada.
• Uno de los extras convenció a los productores sobre sus habilidades para montar a caballo. Pero al iniciar la filmación, éste cayó del animal. Preocupada, su esposa intentó reanimarlo. Al volver en sí, el actor la miró y le dijo: “¿Quién eres tú? ¿Quién soy yo? ¿Qué hago aquí?”. Tardó varios minutos en recuperar la memoria.
Sayariy (1995) Mela Márquez
Es un documental-ficción sobre la festividad tradicional del tinku en la zona norte de Potosí.
• En una escena, una wiphala adornaba la escenografía. Al percatarse de eso, unos campesinos ebrios acusaron al equipo de hacer proselitismo para un partido político que usaba este símbolo. El escenógrafo tuvo que correr con una cama a cuestas para esquivar las pedradas.
• El guión describía a un indígena descubriendo el paisaje paceño a través de un ascensor (foto). Para ello, los productores eligieron el Palacio de las Comunicaciones. Como es costumbre, los policías solicitaron en la entrada las identificaciones. Cuando llegó su turno, el campesino Gabriel Charale se sacó su chalina donde se encontraba bordado su nombre. Los oficiales, confundidos, le dijeron que su vestimenta no servía como identificación. En quechua, Charale respondió: ´no será nada para usted, pero en mi pueblo es todo´. Al final, pasó.
• La directora intentó hacer un casting en el pueblo para elegir a sus actores. Sin embargo, las autoridades impusieron a dos varones por comunidad. La esposa de uno de ellos no quería que su marido participara del proyecto y el campesino tuvo que pedir a los productores que rogaran a su mujer para poder actuar en la cinta.
El atraco Paolo Agazzi (2004)
Este thriller policial se basa en el robo de una remesa minera en la localidad de Calamarca en 1962.
• Tan reales eran las vestimentas de los artistas, que en más de una oportunidad los policías se cuadraron ante ellos. Incluso, un ciudadano despistado aprovechó la espera en un aeropuerto para quejarse a uno de los actores peruanos sobre una estafa.
• La gran cantidad de comida callejera en La Paz fue lo primero que llamó la atención de los actores extranjeros. De ellos, el más antojadizo y difícil de controlar, resultó el peruano Diego Berti quien junto a su colega española, Lucía Jiménez, terminó en más de una oportunidad en el set de filmación con el estómago un poco descompuesto.
Cuestión de fe (1995) Marcos Loayza
Tres hombres se lanzan a un viaje por Los Yungas transportando una imagen encargada por un mafioso.
• Al salir de una de las proyecciones, el ex presidente Jaime Paz Zamora se acercó a Jorge Ortiz —que en el filme interpretó el papel de Domingo— para formularle una pregunta: ´¿Cuál es la escena que más te gustó hacer?´ Sin dubitar, el actor le respondió: ´aquella en la que pateo al gallo´. Ortiz asegura que es la mejor patada que ha dado en toda su vida.
• La toma más complicada fue la persecución de los tres protagonistas por una turba. Realizada en las calles de Coroico, más de 500 personas estuvieron cerca de un día entero realizando la escena. Cada vez que el director gritaba acción, varios de los agotados comunarios corrían en el sentido opuesto al de las cámaras. Ellos huían hacia sus casas. ´Teníamos que ir a buscarlos uno por uno para pedirles que volvieran´, rememora Loayza.
• Más de diez veces se repitió la escena en la que los tres protagonistas realizaban una carrera para ver quién llegaba primero a una poza. Tanta repetición molestó a los actores, pero el pedido del director no era casual. La escena necesitaba que los personajes se vieran cansados y molestos, lo que Loayza consiguió a cabalidad después de tantas repeticiones y alguna que otra queja.
Yawar Mallku (1969) Jorge Sanjinés
Denuncia la esterilización de campesinas por una organización extranjera.
• Luego de finalizar el rodaje de la película, el equipo de producción debía dinero a varios de los comunarios de Katta por diferentes servicios. Sin embargo, el dinero presupuestado ya se había acabado días antes. Entonces, Jorge Sanjinés decidió quedarse en el pueblo altiplánico como ´prenda´, hasta que sus compañeros trajeran desde La Paz el monto adeudado. El pago del ´rescate´ tardó varios días.
• Trasladar a rastras el voluminoso equipo electrógeno (suministrador de electricidad) hasta la localidad de Katta, trepando una montaña con precipicios, resultó una odisea. Vanos fueron los intentos de convencer en quechua a los campesinos para que, pagados, ayudaran en el transporte de la máquina.
A la mañana siguiente, Humberto, un joven asistente argentino, apareció con un grupo de campesinos que cargaba con el equipo. ¿El secreto? Humberto había ofrecido a los comunarios regalarles el grupo electrógeno si accedían a subir el mismo, lo que finalmente sucedió.
American visa (2005) Juan Carlos Valdivia
Sin importar los medios, un profesor orureño busca hacer realidad su sueño de emigrar a Estados Unidos.
• El night club Barra Americana, ubicado entonces en la zona de Miraflores, fue utilizado para una de las tomas con los artistas mexicanos Kate del Castillo y Demián Bichir. El febril movimiento en el local antes del rodaje llamó la atención de algunos curiosos varones que pensaron que la Barra Americana se estaba inaugurando. Así, algunos de ellos ingresaron al local sin que los asistentes de la película se dieran cuenta de que no pertenecían a la lista de extras. Al inicio de la filmación, los productores se sorprendieron ante la cantidad de personas que se hallaba en el local. No faltó tampoco el desubicado que pidió un trago de ron al ficticio barman y uno de los sandwiches destinados al personal de la película.
• En el momento de hacer una prueba de vestuario, el director se dio cuenta que la vestimenta del actor Jorge Ortiz no correspondía a la del personaje del guión. Entonces, Ortiz y el encargado de vestuario tuvieron que improvisar en cinco minutos la ropa con un par de camisas coloridas.
El coraje del pueblo (1971) Jorge Sanjinés
La película relata la masacre ocurrida en la noche de San Juan, durante el Gobierno de René Barrientos.
• Por un mes, Ricardo Rada, jefe de producción de la cinta cinematográfica, intentó infructuosamente alquilar una casa en la ciudad de Potosí por un lapso de corto tiempo. Un día, Rada halló una casa espaciosa a un precio económico. La residencia era demasiado barata porque, como se enteraron después los integrantes del equipo, estaba encantada. Así, tras escuchar voces y observar fantasmas, a los productores les dijeron que antiguamente el patio de la casona era un cementerio de una iglesia. En el canchón de la residencia, aseguraron entonces las cocineras del equipo, aparecían habitualmente rostros llorosos.
Chuquiago Antonio Eguino (1977)
Cuatro historias diferentes se funden en este largometraje que muestra las contradicciones que se viven en la ciudad de La Paz.
• En el filme trabajó el desaparecido padre Luis Espinal Camps como continuista. Una de las escenas se rodó en el prostíbulo El Redondo, ubicado en el centro paceño. Cerca de la media noche, aprovechando un descanso, Espinal salió del burdel a tomar un poco de aire. Entonces, un taxi se detuvo a su lado y el conductor del mismo asomó su cabeza por el vidrio y le recriminó con asombro: ´Querido Padre, ¿usted aquí?´A lo que respondió el sacerdote católico: ´Sí hijo, es que estoy trabajando´. La respuesta de Luis Espinal terminó por espantar al taxista quien, sin despedirse, se alejó a toda velocidad.
Corazón de jesús Marcos Loayza (2004)
Una empleado público se interna en el pabellón de enfermos terminales de un hospital para huir de sus deudas financieras.
• Desesperado y luego de varios intentos, Raúl Beltrán —quien interpretó a un enfermo terminal— rogó al director que le diera permiso para ir al banco a cobrar un cheque. Con enfado, Loayza accedió resignado a la idea de que Beltrán jamás retornaría en los 15 minutos concedidos, lo que podía retrasar toda la filmación. Sin embargo, a los diez minutos Beltrán se hallaba de vuelta en el set. El actor narró cómo había ido al banco vestido con su pijama de hospital actuando como enfermo. La gente se compadeció de él y Beltrán cobró de los primeros.
El día que murió el silencio (1997) Paolo Agazzi
La cotidianidad de un pueblo se ve rota con la llegada y las informaciones de una precaria estación de radio, alimentada por un generador, que termina por alterar a los habitantes del lugar.
• Dos noches enteras duró la filmación al aire libre de la escena que da inicio a la película: la presentación de un espectáculo artístico en el pueblo de Villaserena. Los cálculos del equipo de producción no tuvieron en cuenta que en mayo la localidad cochabambina de Tarata, donde se rodó la misma, soporta temperaturas realmente bajas. El intenso frío afectó a varios de los miembros del equipo y una de las actrices, a pesar de que su toma se repetía una y otra vez, no lograba interpretar su papel porque se encontraba congelada. Finalmente, un tanto molesto, Paolo Agazzi le sacudió de los brazos y le gritó para que reaccionara y poder continuar con el rodaje. Minutos después, la artista hizo bien su papel.
• Algunos comparan la historia de Agazzi con el libro de Gabriel García Márquez titulado La Hojarasca. En ambos casos, dos pueblos se ven revolucionados por situaciones realmente atípicas. En el primero, por la presencia de una radio que es aprovechada por los vecinos para lanzarse ataques unos a otros cayendo en el chismorreo. En el segundo, la problemática se debe a unos enigmáticos panfletos que no se sabe de dónde vienen y acaban por destruir la tranquilidad del lugar.
Los hermanos cartagena (1984) Paolo Agazzi
Dos hermanos se ven enfrentados por sus ideologías políticas durante el golpe de estado de 1980.
• En esta cinta se filmó el primer desnudo registrado del cine boliviano, realizado por la cantante Emma Junaro. Sin embargo, la escena no fue nada sencilla de rodar. Es más, se necesitaron más de cinco tomas para la breve escena y uno que otro trago para poder ´quitar las vergüenzas´.
• Uno de los jefes de área saciaba cada noche su voraz apetito vaciando el único refrigerador que había en el set. Entonces, los encargados de la alimentación del equipo optaron por envolver el aparato eléctrico con una gruesa cadena y también colocaron un candado para evitar el saqueo de provisiones.
• Maruja, además de ser la cocinera para los actores del filme, debutó como actriz en la película y no le fue mal. En la cocina, sin embargo, debido a las estrecheces del presupuesto no podía atender las exigencias de los actores más hambrientos. Por eso, en una de las escenas un actor aprovechó para darle tremenda bofetada como queja por no darle yapa durante los almuerzos.