Treinta y dos equipos de seis continentes harán vibrar el planeta a partir de mañana y durante un mes. En ocho grupos de cuatro equipos, dos escuadras por grupo pasarán a la siguiente ronda de octavos de final donde se definirán los mejores cuatro equipos del mundo rumbo a la gran final del 9 de julio. Millones de aficionados ajustarán sus horarios y estarán pegados al televisor a la espera de deleitarse con la magia del deporte de pasiones y multitudes.
En 1970 nos deslumbró Pelé, en 1986 Maradona, en 1998 Zidane. En este mundial, Ronaldinho promete conquistar el mundo con su virtuosa gambeta y explosiva creatividad, clásica del fútbol brasileño.
Con entusiasmo dialogaremos durante un mes sobre las mejores jugadas, los mejores goles y los equipos favoritos para obtener la anhelada Jules Rimmet. Los hinchas del mundo, con gran anhelo, esperarán los encuentros de octavos de final, donde se espera ver a los grandes del mundo enfrentarse. Equipos como Brasil, Alemania, Argentina, Italia, Francia, Holanda y España, además de alguna sorpresa africana o asiática que pudiera alterar el orden mundial del “establishment” futbolístico. Ciframos esperanzas en que los equipos de México, Ecuador y Paraguay puedan darnos alegres sorpresas.
Y por supuesto, esperaremos ansiosos la gran final. Una de infarto con muchos goles. Si rememoramos juntos una final de lujo, recordaremos la fiesta mexicana de 1970 en el estado Azteca ante 107.000 espectadores. Italia y Brasil se midieron en un encuentro en el cual ambos equipos llegaban a la final con dos campeonatos mundiales en su haber. Italia llegó a esa instancia luego de una “guerra” en la semifinal ante Alemania, a quien venció por cuatro goles contra tres en tiempo adicional. El capitán alemán Beckenbauer jugó el segundo tiempo con una férula por lesión de un hombro dislocado. Brasil, con astros como Pelé, Gerson, Tostao, Jairzinho y el zurdo Rivelinho, vencieron a los Azurri a ritmo de samba con un marcador final de cuatro goles contra uno.
En cuanto a técnica, y a diferencia del fútbol de antaño, en que el balón se retenía lo más posible para dar paso a sorpresivos ataques, en este campeonato y en el fútbol moderno, veremos un juego de ritmo implacable y vertiginosa velocidad. Los futbolistas hoy, son atletas de alto rendimiento capaces de correr 90 minutos sin tregua.
Pero más allá del fanatismo puramente futbolístico, el planeta gozará de un evento que hará olvidar, aunque sea momentáneamente, sus diferencias. Habrán enfrentamientos, sí; pero deportivos y festivos. Que gane el mejor.
*Orlando Cabezas G. es ciudadano boliviano.
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