La empresa Jindal Steel & Power reveló en su página de internet lo que pasó en las negociaciones con el gobierno boliviano para llegar al acuerdo sobre el Mutún. “Inicialmente, el gobierno boliviano estuvo pidiendo 54 por ciento de regalías para las exportaciones de mineral de hierro y concentrados.
Los ejecutivos de Jindal, sin embargo, les hicieron bajar a 10 por ciento mediante negociaciones”. Para las exportaciones de acero, la regalía será de cinco por ciento, dice la empresa.
Ahora se sabe lo difícil que es negociar con empresas extranjeras. Para que el gobierno revolucionario de Evo Morales, que acaba de nacionalizar la industria petrolera, haya tenido que retroceder desde 54 por ciento hasta sólo cinco por ciento, la empresa ha tenido que hacer una excelente negociación. Y se salió con la suya.
Jugó del lado de la empresa una gran experiencia de sus ejecutivos, una actitud de dureza que tienen la costumbre de aplicar los empresarios indios sobre todo en países más pobres que la India, pero por otro lado jugó del lado de la empresa la inexperiencia de nuestros gobernantes. Si vas a aceptar que paguen cinco por ciento, mejor no pidas 54, porque la caída terminará siendo muy dura. Y uno tendría que sentir vergüenza.
El ministro de Desarrollo Económico, Carlos Villegas, explicó que la participación del Estado boliviano en la empresa no podía ser superior a 50 por ciento, porque la Jindal necesitaba tener el paquete mayor ya que pondrá el dinero. Es decir que el Estado boliviano no puede aspirar a tener más de 50 por ciento sólo porque es propietario de los yacimientos.
Palabras más, palabras menos, eso es lo que decía Gonzalo Sánchez de Lozada cuando estaba trayendo a la Enron para que se haga cargo del gasoducto a Brasil que ya había sido financiado por Petrobras para que sea de propiedad de YPFB. Decía que Bolivia no tenía experiencia ni capital y que la empresa extranjera debía llegar para hacerse socia de YPFB y, juntas, enfrentar al gigante Petrobras.
Ya en la fijación de los porcentajes de la capitalización, el gobierno de Sánchez de Lozada rebajó los niveles de participación del Estado boliviano, aunque, hay que admitirlo, no tanto como lo hizo el gobierno revolucionario de Evo Morales frente a la Jindal. Sánchez de Lozada bajó la participación del Estado de 51 a 49 por ciento. Dos puntitos que, sin embargo, hicieron la gran diferencia.
La Enron acaba de vender sus acciones en Transredes a Ashmore Energy International. Su operación en Bolivia es, probablemente, la más rentable de la historia de esa empresa, pues invirtió 65 millones de dólares y el valor realizable de las acciones que acaba de vender fue de 2.800 millones. Los dividendos que recibió este año fueron por 800 millones de dólares. La Enron ha pasado indemne por todos los gobiernos que sucedieron a Sánchez de Lozada y acaba de hacer su salida de Bolivia, con broche de oro, en las
narices del primer gobierno originario, de la gestión que esperó 500 años para actuar. La Enron, que está quebrada desde 2001, sigue haciendo filigranas en Bolivia. Nos ha estafado a todos.
Moraleja: algunas empresas extranjeras pueden sembrar nabos en las espaldas de los bolivianos, sean originarios o no originarios.
*Humberto Vacaflor G. es periodista.
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