Soy un convencido de que las autonomías son buenas y de que un régimen autonómico en un país como el nuestro podría funcionar muy bien. Por eso es que en el referéndum sobre autonomías del 2 de julio votaré por el NO.
Aguarde amigo lector, no se trata de una broma, ni de un juego de palabras alusivo a la pendular posición del MAS en el tema. Tengo mis razones para sostener esta aparente contradicción, y quisiera compartirlas con usted con la sana intención de aportar criterios a una discusión empobrecida, en la cual la falta de información y la consigna fácil parecen haberse impuesto. Grave riesgo, si asumimos que estamos hablando de una decisión trascendente, que puede afectar profundamente la ya complicada manera en que nos relacionamos entre bolivianos.
Dado que tengo algunas dudas de fondo, creo que puede ser útil preguntarme por qué y para qué queremos las autonomías. ¿Queremos autonomías porque estamos podridos de tener que viajar hasta La Paz para tramitar un pinche pasaporte, o queremos autonomías porque creemos que, entre los bolivianos, tenemos condiciones, características e intereses tan peculiares y tan diferentes que ameritan normas y órganos de gobierno propios?
Ojo. Si las razones se limitan a la primera opción, y estamos hablando simplemente de burocracias, plata y designación de autoridades, resulta que estamos en medio de un falso debate, y lo que queremos es profundizar nuestra descentralización administrativa. Puede ser que esta sea la cuestión, y me parece súper válida, pero por favor, eso no es autonomía. A mi modesto entender, las autonomías hacen referencia a nacionalidades, y reconocen identidades históricas y culturales especiales, como punto de partida. Los regímenes autonómicos se asientan en el reconocimiento de espacios culturales distintivos, que nada tienen que ver con el concepto político administrativo regional o departamental.
Yo creo que en Bolivia existen diferentes nacionalidades dentro el mismo territorio, pero también creo que eso no tiene nada que ver con nuestra distribución departamental, y mucho menos con las pugnas de poder económico y político entre regiones. Y para nuestra mala pata, resulta que en esta consulta está todo mezclado y revuelto. Iniciar una verdadera discusión sobre autonomías implica de entrada identificar y agrupar espacios, idiomas, tiempos, acervos, historias y culturas que realmente puedan denominarse naciones, y por consiguiente, olvidarnos por un momento de nuestra geografía departamental. Si esto le da miedo, imagine este otro adefesio: las comunidades autónomas de La Paz y de Oruro, separadas e independientes, cada una con su parlamento y todos sus etcéteras.
Lamentablemente, la antigua aspiración autonómica de los pueblos originarios se ha diluido en el discurso de los Comités Cívicos, que parecen simplemente querer reproducir el centralismo de La Paz en sus capitales de departamento, para de esta manera conservar ciertos privilegios que hoy han perdido en el ámbito nacional.
Estamos pues, otra vez, frente a un referéndum marcado por el pecado original de una pregunta mal planteada, que puede llevarnos a confundir la discusión de un gran tema, con las peleas por la plata y el poder político. La mejor manera de no contaminar el gran debate autonómico es votar por el NO, y así devolverle a la Asamblea Constituyente la potestad de tratar el tema con más amplitud y mayor profundidad. Se trata de decirle NO a las pugnas regionales y Sí a las autonomías.
*Ilya Fortún es periodista.
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