Recientes hallazgos en la pequeña isla de Pariti, ubicada en el lago menor del lago Titicaca, dan a conocer nuevos datos sobre la cultura tiwanakota.
Una vasija de cerámica antigua, puede proporcionarnos tantos datos como hoy lo podría hacer un documento escrito o filmado. Podemos saber con estos ceramios a qué época perteneció, a qué cultura, qué uso hacían de ella sus creadores, si tenían fines domésticos o rituales, su iconografía nos muestra cómo era la fisonomía de los habitantes de ese territorio, cuáles eran sus costumbres, a quiénes adoraban, a quiénes sacrificaban, cuál era la flora, cuál la fauna, cómo se vestían, qué orfebrería usaban, qué nivel de conocimiento del universo poseían y más. Es así que, las vasijas cerámicas son los mejores indicadores para establecer los periodos del desarrollo de Tiwanacu.
Se tiene conocimiento que ya en 1932 el arqueólogo norteamericano Bennet, quien descubrió en Tiwanacu la Estela 10, enorme monolito que hoy lleva su nombre, excavó en Pariti realizando importantes descubrimientos. Con fines de estudio llevó a su país, con el compromiso de devolverlas, varias piezas prehispánicas, algunas de oro, muchas de las cuales hoy se encuentran en el Museo de Historia Natural de New York.
Los comunarios de la isla y algunos escritos revelan que se llevaron a cabo posteriores incursiones superficiales sin mayores resultados, hasta que en 1994 el investigador José Estevez encontró casualmente, exhibiéndose en la vitrina de un restaurante de Huatajata a orillas del lago Titicaca, piezas extrañas que eran hasta ese momento desconocidas para los arqueólogos. Solo años después, el año 2003, los investigadores Sagárnaga, Korpisaari y la estudiante Riikka Väisänen lograron recuperar en Pariti, no sin muchas dificultades, algunas piezas que sirvieron para dar paso a nuevos hallazgos. El año 2004 se ejecutan excavaciones con un equipo de estudiosos dando con un bolsón de cerámica trizada mezcladas con restos óseos.
El trabajo realizado en estos últimos años es apoyado por el Gobierno de Finlandia, en el que arqueólogos bolivianos y finlandeses se encargan de la investigación y difusión de estos valiosos hallazgos bajo la dirección del doctor Martti Pärssinen.
Se trata de vasijas policromadas (Waco, Keru, Ch’allador), retratos escultóricos, representaciones de seres mitológicos y estatuillas zoomorfas de gran realismo que se han llegado a armar reuniendo pequeños pedazos dispersos entre la tierra y los habitantes de Pariti, que encontraban residuos al arar.
Se ha llegado a la conclusión que son vasijas ceremoniales de la época clásica de Tiwanaku o sea entre los años 400 y 750 d. C.
En el Museo Costumbrista de La Paz, se ha montado una exposición, imperdible, que nos da la oportunidad de apreciar la alta calidad y delicadeza de estas maravillosas cerámicas que nos cuentan cómo eran los rostros de aquel entonces, dando cuenta de una curiosa multietnicidad que reúne rasgos negroides, mongoles, orientales y occidentales.
Nos muestra aspectos desconocidos en el propio Tiwanaku, nueva iconografía y elementos que hacen que comprendamos mejor la totalidad de la cultura que nos ofrece esa región.
*Cecilia Bayá B. es periodista.
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