En enero de 2005, qué duda cabía, todo parecía mostrar que el 100% de Santa Cruz y de Tarija estaban por las autonomías departamentales, también Pando y Beni, estaban muy cerca de esas ideas, no en vano se hablaba de la media luna. Eran los tiempos de los cabildos, también eran épocas en que algunos hablaban de nación camba, otros, muy pocos, clamaban por la separación, éstos últimos repetían sin mucho acierto eso que muchos extranjeros y unos pocos bolivianos plantearon como el Estado fallido, es decir, eso que la moda académica extranjera nos introdujo como el peligro del failure state, sin conocer nuestra historia, que no es tanto de failure, sino de una construcción difícil viabilidad debido a los constantes desencuentros entre los bolivianos y porque pocas veces se ha pensado en visiones de futuro que excedan a una región y a unos pocos actores sociales.
Si en 1899 con la Revolución Federal, con el paso del poder económico del sur, de la minería de la plata, al norte orureño y paceño de la minería del estaño, se habló ya de federalismo y de descentralización, era normal que un siglo después, al comenzar el siglo XXI suenen fuertes vientos de descentralización política y de autonomías, vientos que ya habían logrado ser muy fuertes a comienzos de los 90, razón por la cual se aprobó en el Senado una ley de descentralización política, la misma que fue trancada por el gobierno del MNR, por un partido que no podía desembarazarse de su centralismo estatal. Ahora, en este inicio del siglo XXI, no era para nada extraño que el oriente, encabezado por Santa Cruz —que sentía que ahora, como un siglo atrás, había cambiado el eje económico del país—, reclame la descentralización política o las autonomías. Razones de largo y mediano plazo fundaban su planteamiento, pero también razones de corto plazo: el temor a la Constituyente, el temor a que viole la seguridad jurídica de la propiedad de la tierra, los impulsó a ser más proactivos a favor de su demanda. Por eso, la gran multitud que acompañó al cabildo autonómico cruceño en enero de 2005.
Pero, a más de un año del Cabildo, luego de las elecciones de diciembre de 2005, una vez instalado el gobierno de Evo Morales, una vez que el MAS demostró tener fuerte presencia electoral en Santa Cruz y Tarija, da la impresión que es menos fuerte el reclamo de autonomía, es más, el MAS o varios dirigentes suyos, a pesar de la palabra empeñada del Presidente y Vicepresidente, se dan a la tarea de impulsar el No. Pareciera que las dirigencias cívicas o regionales no salen de su asombro por los resultados electorales y del cambio de la política, por lo cual no actúan unidos y con la tenacidad que se requiere para impulsar el voto por el Sí. Hemos llegado a un momento en que en muchos sectores sociales y políticos poseen mucho amor por un centralismo que no ha rendido frutos. Muchos tratan de impulsar el centralismo con la explicación de cerrar el paso a las élites, sin entender que, quiérase o no, la descentralización política es un paso más de la democratización en Bolivia.
*Carlos Toranzo R. es economista y analista político.
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