El presidente de este país, Mahmud Ahmadineyad, tiene al mundo en jaque por enriquecer uranio y su polémico discurso con tinte nacionalista.
Texto: El País de Madrid para La Razón • Fotos: AFP
Sahar está lejos del estereotipo de iraní fundamentalista. Bajo el pañuelo y la bata negros con los que se cubre para ir a la universidad asoman un mechón de pelo, un rostro maquillado y unos ajustados vaqueros. Sus maneras y su dominio de una lengua extranjera también apuntan a una familia de clase media. Sin embargo, defiende sin reparos a su presidente, el polémico Mahmud Ahmadineyad. ´Tiene el valor de decir lo que piensa, y voluntad y coraje para enfrentarse a Estados Unidos´.
Y es precisamente ese enfrentamiento con EEUU, sus diatribas contra Israel y sus discursos desafiantes sobre la crisis nuclear lo que ha puesto a Ahmadineyad en el punto de mira internacional. Alarmados ante su retórica grandilocuente, diplomáticos y periodistas le tacharon de novato y luego de loco: Es el hombre que ha puesto en duda el holocausto, que ha ensalzado la idea de borrar del mapa a Israel y que ha amenazado a Estados Unidos si es agredido.
Pero más allá de su retórica, ¿quién es Ahmadineyad? El ingeniero islamista, casi desconocido hasta su elección el pasado junio, considerado un ´psicópata´ por el primer ministro israelí, Ehud Olmert, es un populista que ha asumido una misión: recuperar el orgullo nacional iraní para salvar el régimen islámico.
Credenciales populistas Sus credenciales populistas quedaron claras para quien se fijó en aquella imagen en la que, poco después de ser elegido alcalde de Teherán en 2003, aparecía barriendo una calle con el mono anaranjado de los empleados de la limpieza. Pero entonces, este hijo de herrero que dos años más tarde iba a traer de cabeza al mundo era aún un don nadie para la política internacional. Y es que hasta llegar a la alcaldía de la capital, su trayectoria personal y política había sido tan discreta como llena de sombras.
Algunos analistas buscan en su pasado basiyi o su pertenencia a la secta mesiánica de los Anyuman Hoyatie las raíces de sus convicciones revolucionarias. Pero tal vez sea más sencillo que todo eso.
Ahmadineyad creció influido tanto por la religiosidad de su madre como por los efectos de la occidentalización que el sha impuso a Irán. Su barrio, Narmak, estaba lleno de obreros emigrados de provincias, los mostazafin, o desheredados, a los que apelaban siempre Jomeini y la revolución islámica.
Si se pregunta a los iraníes, hay dos Ahmadineyad. Uno es valiente, honrado y cercano. El otro, inexperto, patán y una pizca xenófobo. Las distintas apreciaciones muestran la división de esta sociedad entre partidarios de una identidad extremadamente indígena y defensores de la integración en el mundo, entre revolucionarios e internacionalistas. Una diferencia ésta que no sólo es política, sino filosófica porque se traduce en una concepción muy distinta de la vida, de la religión y del propio Irán.
Más allá de un núcleo duro y fuertemente ideologizado de basiyis, pasdarán y familias de mártires, es a ciudadanos como Sahar a quienes ha conquistado Ahmadineyad con su lenguaje directo, su estilo sencillo y la reafirmación del orgullo nacional. ´Es de una llaneza cautivadora´, admite el embajador de un país latinoamericano que le ha conocido. ´No se ha forjado en las luchas de poder de los clérigos, sino en los campos de minas de la guerra en contra de Irak´.
Este hijo modelo de la Revolución Islámica cuenta sin duda con el respaldo de ese 20% de iraníes que creen apasionadamente en los ideales de aquella, pero su lenguaje de justicia social ha traspasado además esa capa de la sociedad para alcanzar a unas clases medias cansadas de un cambio que nunca terminaba por llegar.
Mientras, a pesar de que la responsabilidad de la política nuclear recae sobre el Consejo Supremo de Seguridad Nacional (un órgano colegiado que informa al líder espiritual y verdadero número uno del país, el ayatolá Alí Jamenei), Ahmadineyad se ha apropiado de la defensa de ese programa sin dejar espacio para la contestación.
Una causa nacional ´Ha sido muy inteligente. Ha convertido la energía nuclear en una causa nacional´, admite un ex alto funcionario del gobierno de Jatamí. La fuente, que como la mayoría de los entrevistados para este reportaje pide el anonimato, califica de ´peligroso´ el camino que ha emprendido, pero responsabiliza a Estados Unidos. ´Son ellos quienes nos han echado en brazos de los radicales. Les ayudamos en Afganistán y nos lo agradecieron incluyéndonos en el eje del mal; tampoco han reconocido nuestra cooperación en Irak. Los iraníes se han cansado de mendigar el reconocimiento internacional y por eso apoyan el lenguaje de confrontación de Ahmadineyad´, apunta.
Por supuesto, el respaldo no es unánime. ´Ha dañado la imagen de Irán en el mundo´, lamenta un reconocido analista político. Pero eso sólo preocupa a las élites intelectuales y empresariales. Los primeros hablan de ciertas presiones, autocensura y miedo. Los segundos, de un parón en la inversión extranjera.
Con todo, la prensa local habla ahora de Irán como una potencia nuclear. Incluso Karim, también estudiante y que no simpatiza con las políticas de Ahmadineyad, se muestra henchido. ´Los países que han logrado esa tecnología no quieren que los demás accedan a ella para mantenerlos dependientes´, manifiesta. Como él, la mayoría de los entrevistados en los últimos meses se han mostrado convencidos de que Occidente quiere frenar el desarrollo tecnológico de Irán.
Las ideas de 1979 ´Los iraníes apoyaron la revolución en 1979 porque era un movimiento antiimperialista y antiestadounidense, y en buena medida esas ideas aún siguen vigentes´, admite Eisa Saharjis, un reformista. ´Quieren ser ellos mismos los que decidan qué pueden tener; incluso si existen tensiones internas, quieren ser ellos los que reclamen sus derechos´.
Ahmadineyad ha sabido capitalizar ese sentimiento nacionalista, pero los observadores advierten de que para mantenerlo también necesita que sus promesas de justicia social —de ´poner los ingresos del petróleo sobre la mesa de los iraníes´, según dijo en su campaña electoral— empiecen a dar frutos. Y ahí es donde las valoraciones difieren.
Pero sus salidas a provincias, 12 hasta ahora, están llevando sin duda un mensaje de esperanza a amplios sectores de la población que en 27 años de sistema islámico apenas habían recibido unas migas del pastel. En cada desplazamiento, acompañado por una buena parte de su Gabinete, promete asfaltar carreteras, construir centros deportivos, escuelas y mezquitas.
Toneladas de rabia ´Es pan para hoy y hambre para mañana´, denuncia, sin embargo, Eisa Saharjis Saharjis. ´No sabe nada de política, ni de economía, sólo tiene labia. Su política es de parches que resuelven sólo los problemas durante un año, ¿y luego?´.
´No es cierto que el Gobierno esté controlando la inflación´, apunta, por su parte, un economista. ´Está manteniendo los precios bajos de forma artificial gracias a los excedentes del petróleo que le permiten inundar el mercado de productos de primera necesidad´.
Mientras, en la calle no ha habido cambios significativos. ´Ahmadineyad no es un profeta que hace milagros, y menos en ocho meses. Podremos evaluarle cuando cumpla su mandato; Entre tanto, nos gusta lo que dice y el hecho de que su vida privada es como la nuestra´, concluye Hamid, un basiyi profundamente religioso que recoge un sentimiento muy extendido. Él, como muchos otros iraníes, valora que los hijos del presidente, dos chicos y una chica, sigan desplazándose por la capital en autobús.