A mí me parece muy injusto eso de que esta campaña no tiene ideas, no tiene argumentos, y que hasta ni candidatos tiene. Claro que tiene. Lo que pasa es que no se quiere admitir que las estrellas son el comandante y sus grandes planes, y que ante su resplandor palidece hasta Ronaldinho.
Desde esta trinchera en la que ya me estoy armando para atacar al imperio con mi palca original de rama en ´Y´ y mi arma secreta: un kimsacharani que en vez de tres tiene cinco flecos, proclamo que mi voto será para el comandante, que no comediante como andan esparciendo esas malas lenguas de la oligarquía gamonal, minero-feudal, gasífera y soyera.
Voy a votar por el comandante porque es el más capo, el más vivo y el más macho. Porque hay que ser todo eso para ganar, por ejemplo, las elecciones legislativas en la nueva capital de la revolución casi con el 100 por ciento de los votos, como ha hecho el año pasado. Si, ya sé lo que van a decir: que allí sólo votó el 15 por ciento. Pero es que eso es pues democracia: un sistema tan pluralista y participativo, a la par de cómodo, que el resto que no fue a votar acompañó a la revolución con el sentimiento.
No es cierto que en el Caribe no fueron a votar porque se dieron cuenta de que los equipos informáticos permitían conocer por quién votaba cada cual. No, jamás. Son los hermanos de aquellas tierras los que pidieron eso, para que no quede duda de lo felices que votan por el oficialismo.
Y para que se vea cuán generosa es la democracia andino-caribeña, hasta los hermanos peruanos que no pudieron votar por Humala deberían hacerlo en Bolivia por nuestro comandante. Si es la misma cosa, todos estamos de revolución. ¿Cómo que no pueden? Si en Venezuela votan miles de colombianos, por qué no van a poder votar acá nuestros vecinos. Somos, pues, de la misma confederación del comandante. Las computadoras de identificación, ¿de quién son, ja?
Pero tampoco hay que excederse. Acá el límite es la solidaridad. Por ejemplo, ¿qué es pues eso de la libertad religiosa, cuando el comandante se pelea a diario con los cardenales católicos? ¿Cómo lo vamos a dejar solo? Además, ¿qué es eso de permitir que se les siga enseñando a niños bolivianos religión en la escuela? Si en Cuba no se permite, ¿de qué privilegio gozan, pues, los alumnos bolivianos para andar aprendiendo esas cosas?
Además, oye, ¿qué problema habría si fuera cierto eso de que agentes caribeños andan interviniendo teléfonos? ¿Qué es eso de estar hablando de política por celular? No, el teléfono no es para eso. A la política hay que nacionalizarla, oye, hay que comunicarse por pututu.
Ahora, lo que no me queda muy claro es por qué pues tenemos que ir a votar. Si al final, si el comandante quiere, a la Constitución la podemos hacer por decreto también, ¿no ve?
*Álvaro Zuazo es periodista.
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