Desde Londres. En Bolivia se acaba de hacer un homenaje a Alto Huallagas, donde un presunto científico inglés dice haber encontrado las huellas de lo que fue la Atlántida, el continente hundido, una historia que intentó vender también en otras latitudes, aunque con menos suerte.
Mientras tanto, aquí, en Londres, un seminario organizado por Wilton Park Conferences ha traído a la luz que América Latina es, en este momento de la política mundial, el subcontinente olvidado, olvidado por los inversionistas, olvidado por el crecimiento económico, olvidado por las corrientes de inmigración y afectado por una serie de plagas, como el éxodo masivo de su población.
La participación de América Latina en la economía mundial se va reduciendo todos los años, desde hace 20 años. El subcontinente se va encogiendo, se va achicando, para las estadísticas mundiales. No sólo es el “back yard” de Estados Unidos, ahora es el desván donde se guardan países olvidados.
En la conferencia se escuchó, en tono de reproche de un latinoamericano, la pregunta de por qué, si en la región no hay terrorismos, ni musulmanes ni de otra catadura internacional, si estamos lejos de los ejes del mal, los verdaderos ejes del mal y no sus burdas imitaciones, ¿por qué no llegan las inversiones? Lo dice alguien de la región del mundo que menos creció el año pasado, menos incluso que África sub-Sahara.
Por supuesto que ahora, cuando han surgido en la región gobiernos de tendencia política supuestamente diferente de los anteriores, aparece la curiosidad científica por saber de qué tendencia son esos gobiernos. Hay que clasificarlos, hay que ponerles una etiqueta. La comunidad de expertos e intelectuales que meditan sobre el tema está llena de confundidos. Se preguntan si Evo Morales es izquierdista, populista, antineoliberal, indianista o sólo un cocalero con mucho resentimiento y mucho deseo de venganza. De Lula se preguntan si es izquierdista, sindicalista, socialista o sólo un obrero brasileño convertido en presidente que quiere el progreso de su país. De Kirchner, pues se preguntan si es un peronista, populista, izquierdista, estatista o sólo un argentino que quiere llevar a su país a mejores niveles de desarrollo. Y de Chávez, pues todo: un ignorante con plata, un loquito, el Musolini del Caribe o, directamente, el mejor socio de Bush bajo la cuerda.
En suma, que entre buen y mal humor, nadie sabe cómo clasificar este momento político de América Latina. A esta comunidad de estudiosos de la región le confunden hechos como la nacionalización del petróleo boliviano y al mismo tiempo la firma del contrato con Jindal Steel & Power, que es definida como una empresa de negreros. Y que Bolivia haya decidido entrar a la edad de hierro de la mano de una empresa de segunda. Son cosas que los extranjeros no entienden. ¡Pobres!
Y todos se preguntan por qué Brasil no quiere asumir el liderazgo de la región. O por qué los chilenos no exportan su modelo, que no consiste solamente en invadir territorios ajenos llenos de riqueza, sino también en administrarlos bien y hacer un buen manejo de imagen internacional.
Me temo que seguiré escribiendo sobre este tema.
*Humberto Vacaflor G. es periodista.
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