Los padrecitos, que más saben por viejos que por diablos, han logrado hacer arrodillar al Presidente y al Vice, quienes se han apresurado a cantar loas a la Santa Religión Católica y han desautorizado al Ministro de Educación que habló de cancelar las clases de religión.
Aunque la pregunta de si el sistema educativo deba incluir clases de religión no tiene nada que ver con la Constitución, (aún con la actual, y sin variar una coma, se podría prescindir de las clases de religión), el tema ha salido a relucir en estas semanas de campaña electoral.
¿Puede un Estado pluricultural y multiétnico, reconocer a una sola religión y sostenerla?, por lo menos a primera vista, eso parece una contradicción. ¿Es Bolivia un país católico? No quepa la menor duda, aunque los antropólogos opinen lo contrario, y aunque en el último tiempo varias denominaciones neocristianas (anótese el invento de una nueva palabrita), hayan ido ganando espacio en esta viña del Señor, pero si se reconoce el derecho de cada individuo a profesar la religión que le dé la gana, entonces cabe preguntarse por qué un evangélico, un pachamamista, o un ateo deben pagar con sus impuestos la consolidación de una religión que no consideran verdadera.
Por ahí va, en estos tiempos constituyentes, la discusión sobre las clases de religión católica impartidas por orden del ministerio del ramo. Aunque posiblemente la solución más sensata sería separar la educación religiosa de la educación escolar, un punto intermedio podría ser que se mantengan las clases de religión, pero como materia opcional y a cargo de las distintas iglesias, vale decir que el Estado no pague por ellas. Religión pasaría a ser una materia enseñada por voluntarios, adecuadamente preparados por supuesto, de los distintos credos.
Las ventajas serían para todos, habría más ítems para contratar a maestros de otras áreas, digamos lenguas nativas, o mejor matemáticas, las iglesias tendrían un motivo para promover una labor misional voluntaria, posiblemente entre los nuevos maestros habrían personas que darían clases de religión mucho más interesantes y convincentes que las que dan hoy algunos ´maestros-grabadoras´, (imagino fácilmente a mi amigo Francesco Zaratti dando clases de religión una vez por semana), y cada una de las iglesias tendría una oportunidad equitativa respecto a sus propias dimensiones y su aceptación. Por lo demás se despejaría cualquier duda monetarista hacia la Santa Madre respecto a la presión por mantener las clases de religión católica.
Sólo los ateos saldrían perdiendo, pero sólo a primera vista, todos sabemos que nada garantiza más un sólido ateísmo que una buena educación religiosa.
*Agustín Echalar es periodista independiente.
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