Durante los últimos 20 años, se implementó en Bolivia un modelo de economía de mercado que, con imperfecciones, ha tenido resultados positivos a pesar de que hicieron falta preceptos básicos fundamentales de una economía liberal, que afectaron la competitividad del país, como el ambiente adverso hacia la inversión, la falta de seguridad jurídica, el pleno Estado de Derecho, y el imperio de la ley para todos, sin privilegios, ni intereses corporativos y de grupo, como fue el caso boliviano.
Ya se han analizado mucho las cifras macroeconómicas y existe consenso de que éstas fueron positivas. La estabilidad macroeconómica, considerada ahora patrimonio indiscutible de los bolivianos, ha tenido impacto positivo a nivel micro en diversos sectores y ha sido determinante para el crecimiento y salud económica de que ahora goza el país. Veamos algunos ejemplos concretos.
A partir de 1985, gracias a la apertura económica, el acceso a mercados externos y a la iniciativa individual y privada, se inició la exportación de soya. La primera exportación realizada por Anapo ese año fue de $us 50.000. Las cifras (Anapo) al 2005 son elocuentes, $us 403.9 MM en exportaciones, 92% con valor agregado; 950.500 Has. en producción; más de 14.000 productores agrícolas entre grandes, medianos y pequeños; 165.000 empleos generados; empresas exportadoras y transformadoras con tecnología y gestión modernas.
En el sector lácteo, la producción lechera se ha duplicado en los últimos 10 años, tanto en el oriente como en el occidente del país, jalada por empresas de inversión nacional y extranjera, que junto con otras firmas pequeñas, han desplazado del mercado al contrabando proveniente de Chile y Argentina, al vender productos de excelente calidad a precios competitivos.
El sector forestal se ha transformado, de ser exportador de troncas y madera aserrada, a exportación de productos manufacturados como castaña, puertas y muebles implementando normas de vanguardia en el manejo forestal.
El sector de desarrollo más conocido y obvio durante los últimos años es el de hidrocarburos, en el que gracias a fuertes inversiones, se han incrementado las reservas de gas, lo que ha permitido la construcción del gasoducto al Brasil y alcanzar las exportaciones actuales. Sin estas inversiones no se podría hablar de los ingresos que se prevén para el Estado y menos de nacionalización.
Es apreciable la diferencia de calidad de servicio y gestión en la administración de aeropuertos encomendada a la administración privada de SABSA, que genera para el Estado importantes sumas comparadas con los déficits de AASANA en el pasado. Similar es el caso de Aguas del Illimani, que ha provisto un servicio, tanto en atención al usuario como en la provisión de agua, que dista muchísimo de lo ofrecido por la antigua Samapa.
La reforma realizada al sistema de pensiones es otro legado importante del modelo, pues no sólo se advierte que el anterior sistema de reparto estaba quebrado y era inviable, sino que ha transparentado los aportes de los bolivianos y ha generado una fuente de ahorro e inversión que debería ser uno de los motores de inversión y desarrollo.
Otros signos de un modelo que funcionó son las exportaciones de confecciones, que muestran el ´Hecho en Bolivia´ en el exterior; las universidades y colegios privados en todo el país, que han elevado el nivel de educación superior de los bolivianos incluyendo el nivel de posgrado, sin costo alguno para el Estado, sino por el contrario generando impuestos y empleos; el comercio minorista y mayorista, donde participan miles de pequeños y grandes empresarios formales y no formales en subsectores altamente eficientes, como el comercio de abarrotes; el transporte libre, fuente de empleo y generación de riqueza que provee un servicio al alcance de millones de bolivianos; el desarrollo de las microfinanzas, con más de 400.000 pequeños productores y microempresarios beneficiados; y la fortaleza del sistema financiero, factor de estabilidad y generación de ahorro interno.
Es evidente que una de las imperfecciones ha sido el limitado impacto en la gente por haber generado principalmente inversiones intensivas en capital con poca generación de empleo. La presencia de estas grandes empresas de primera línea que invirtieron en el país debió haber dado lugar a un ambiente favorable a la inversión y atraído inversiones en otros sectores intensivos en mano de obra, como sucede en muchos otros países del mundo. Lamentablemente, los problemas políticos y sociales de los últimos años y la inseguridad jurídica existente no han permitido que esto se dé en el país.
Otros factores que conspiraron contra el modelo fueron la corrupción, la falta de convicción de los ejecutores, la ausencia de continuidad y mala ejecución de las reformas y principalmente la pugna política, que se destacó por descalificar al adversario. Sin embargo, se debe considerar que durante 50 de los últimos 70 años el país estuvo dominado por una economía estatizada, en la que un ´Estado paternalista´ reemplazó la iniciativa privada y el trabajo emprendedor, generador de riqueza. ¿No será que ahí está el origen de los problemas de pobreza?
Con resultados limitados pero consistentes, la era del llamado ´modelo neoliberal´ parece haber llegado a un punto de inflexión, que debiera conducir al Estado y al sector privado a encontrar nuevos rumbos que, afirmando y multiplicando lo bueno de estos 20 años, genere las condiciones para superar las imperfecciones a través de políticas de Estado, en las que una mayor participación del Estado no sea a costa de la iniciativa privada, ni donde ésta puede invertir recursos que el Estado no tiene, sino en actividades adicionales, complementarias o subsidiarias que se beneficien, retroalimenten y fortalezcan recíproca y mutuamente con la actividad privada.
*Jorge Gottret S. es economista.
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