Velas y mecheros se entierran con fiesta El Subprefecto de Nor Yungas cuenta que la alegría de la gente que estrena energía eléctrica es mayor que cuando recibe agua potable.
LOS CABLES BENDECIDOS • Muchas familias del área rural cambiaron sus hábitos gracias a la llegada de la energía eléctrica. En la foto, el tendido eléctrico de una comunidad del altiplano.
¿Un foco puede cambiar la vida de una persona? Sí y hasta fin de año se contarán por cientos las transformaciones en La Paz.
Para José Salinas, subprefecto de la provincia Nor Yungas, el que una comunidad esté en tinieblas o sea alumbrada sólo con mecheros y velas conlleva subdesarrollo.
El cambio que vive una población que llega a tener energía eléctrica “es positivo”, opina Salinas. “La gente reprograma su día y noche, ayuda en las tareas de los hijos y hasta se alegra más que cuando se le entrega agua”.
Para fin de año, según la Prefectura paceña, el 95% de las poblaciones rurales tendrá electrici- dad gracias al programa Luz para Todos. Hoy, de los 250.000 hogares, sólo 87.000 tienen luz, el resto carece del beneficio.
Para aquellos que aún no están beneficiados con el servicio de electricidad, “es como si su vida sufriera un paréntesis en la noche porque no pueden hacer nada, no pueden movilizarse”, indica el subprefecto Salinas.
Sin embargo, la energía eléctrica además de beneficios puede matar o cambiar ciertas costumbres. “La presencia de la luz alienaría de alguna manera a la gente con la radio, las propagandas y la moda. También sus valores familiares y culturales se verían alienados o avasallados”.
De las 148 comunidades que tiene Nor Yungas, 23 recibirán energía eléctrica hasta fin de año.
Eusebio Ururi, secretario general de la subprefectura de la provincia José Manuel Pando, cuenta que sus vecinos peruanos les critican porque “teniendo tantos recursos naturales y siendo tan ricos, cómo no van a tener luz, nos dicen”.
Lo cierto es que en el área rural paceña, la “luz” también traerá sonidos de teles encendidas y focos que competirán con la luna.
Puntos de vista
“En la oscuridad se escucha más” Carla Hannover, turista caminante.
“Dos veces hice el viaje a pie por el camino de El Choro. En la comunidad del mismo nombre —que no tiene luz— acampé en medio de la noche. Yo, citadina, descubrí lo que valen la luna y las estrellas. Así, sin televisión ni nada que haga ruido, pude también escuchar los ruidos de la naturaleza. Todo eso se pierde con la luz”.
“Los cuentos y las charlas se van” Ronald Saavedra, antropólogo.
“La energía eléctrica es vital. Pero, es una pena que cuando llega a un pueblo mata otras buenas costumbres. He visto cómo en la Isla del Sol la gente hablaba de noche hasta que la vela se acababa. He visto a los abuelos contar cuentos incluso en la oscuridad. He visto también que todo desaparece porque llega la televisión”.
“El miedo ataca si no hay luz” Daniela Soliz, estudiante.
“Una vez, camino a los Yungas, nuestro auto tuvo que detenerse en una curva. Bajamos y estaba tan oscuro —no había ni luna— que por más que tratabas de mirar no veías nada. Daba lo mismo tener los ojos cerrados o abiertos. Sentí que alguien estaba detrás mío y no me atrevía a dar un paso. No sé cómo viven sin electricidad”.