Los jóvenes en Bolivia se están marchando hacia fuera del país y dependiendo las condiciones, lo que hallarán allá, salvo excepcionales casos, será discriminación, explotación de la fuerza de trabajo e inseguridad física. Frente a ello, el Estado opta por políticas del silencio y omisión. Es hora de hacer algo. Este es el tema del Día Mundial de la Población.
En la actualidad la juventud representa el 18% de la población mundial. El 85% de todos los jóvenes del mundo vive en los países en desarrollo. Los niños menores de 15 años constituyen otro 30% de la población mundial total. Juntos estos dos grupos, es decir, los menores de 24 años, representan casi la mitad de la población mundial. En cifras absolutas hay más jóvenes que nunca.
En Bolivia, el año 2001, la juventud, constituida por el grupo de edad de 15 a 24 años de edad, fue un 20%. Este grupo se ha incrementado, ya que en 1992 fue 18,9%. Las mujeres fueron más que los varones. Los adolescentes de 10 a 19 años fueron el 23%. La juventud urbana (22,21%) es mayor que la del campo (16,29%) debido especialmente a la migración rural-urbana.
Los menores de 15 años fueron el 2001, 38,65%. Juntos estos dos grupos, es decir la población menor de 24 años, constituye mucho más de la mitad de la población, es decir, el 58,65%. En números absolutos fueron 4.851.796 personas de un total de 8.274.325 personas.
Los jóvenes constituyen un grupo estratégico, porque el desarrollo económico depende de su participación en los sectores productivos de la sociedad. En Bolivia, cerca de la mitad de los adolescentes y jóvenes a nivel nacional se encuentran en condición de ocupados, lo cual ratifica la importancia de este grupo en la población económicamente activa, pero como refiere el CEDLA, la condición de ocupado no necesariamente implica percibir ingreso o remuneración económica.
No obstante, en países como el nuestro, la pobreza se concentra en los contextos rurales, especialmente en familias sin tierra o en agricultores con economías de subsistencia. Esta privación y deterioro económico rural es la que genera en cantidades espectaculares una migración hacia las ciudades principales y hacia otras más allá de nuestras fronteras.
Pero en las ciudades el problema no es menor. Estas se caracterizan por un notable desempleo y subempleo. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) indica que el desempleo juvenil en el mundo aumentó del 11,7% en 1993 al 14,4% en 2003, siendo más altas en las mujeres jóvenes que en los varones. Ante la escasez de empleos, se crea el empleo informal, en el que muchos jóvenes de ambos sexos acceden a él como única alternativa.
Los estudiosos del problema del empleo juvenil en sectores pobres a temprana edad refieren que en adolescentes de la primera etapa se da una vinculación marginal en la esfera del trabajo y más bien concurren al trabajo familiar. La necesidad los obliga a abandonar la escuela y generalmente no tienen formación profesional. Los adolescentes de la segunda etapa participan en mayor grado en el mercado laboral, porque en ellos se observa una presión familiar por la generación de ingresos. En el grupo denominado de jóvenes, por la edad misma tienen mejores oportunidades y en ellos hay una vinculación intensa con el mercado laboral. Las obligaciones familiares constituyen una obligación.
A este conjunto de elementos hay que agregar que los jóvenes no hallan empleo porque los adultos protegen al suyo de manera tenaz: asimismo no hay información suficiente sobre la disponibilidad de ellos; la capacitación actual no responde a la demanda de los empleadores y las actuales inversiones orientadas al crecimiento de los excedentes económicos que el país necesita para su sobrevivencia son intensivos en capital pero no en empleo precisamente.
Sabemos que el número de jóvenes a nivel secundario o superior ha aumentado crecientemente en el país, pero los mercados de trabajo no son capaces de absorber a estos recursos humanos calificados. La razón estriba en dos elementos: 1) desfase entre un sistema educativo inercial y desvinculado de las necesidades específicas del mercado laboral y 2) el gran número de jóvenes que están ahora en edad de trabajar.
¿Qué sucede en ellos? Se califican, estudian, se capacitan, pero las oportunidades de trabajo son reducidas y ello los obliga a ser fuertemente competitivos o a engrosar las filas del empleo autocreado, informal y de baja remuneración
Datos de un reciente estudio realizado por CEDLA refieren que debido al lento crecimiento de las oportunidades de empleo asalariado y la pérdida de su calidad, junto a una mayor selectividad y segregación del acceso a los nuevos puestos de trabajo, aumentó el trabajo no asalariado precario entre los trabajadores jóvenes menos escolarizados. Es así que el trabajo por cuenta propia, sujeto a bajos ingresos y socialmente desprotegido de una de las principales alternativas de ocupación, repercutieron en el deterioro del ingreso.
Por tanto, los migrantes internacionales jóvenes constituyen el caudal migratorio hacia países desarrollados. Entre los factores que causan estas salidas no sólo hacen a los factores estructurales de pobreza que caracteriza al país sino a éstos, hay que complementar la demanda internacional de fuerza de trabajo. Las pujantes economías externas están requiriendo crecientemente una mano de obra flexible y barata y contratada de manera eventual. Es así que muchos jóvenes de ambos sexos buscan superar sus actuales condiciones transportándose hacia un país desarrollado, pero lo que es muy grave es que esta decisión es asumida por ellos y ellas, mediante una información inexacta que les genera excesivas expectativas.
Empresas de países ricos operan con grupos intermediarios, agentes de viaje y agencias de empleo, que a veces usan nombres y aparentan actividades ´pantalla´, pero que en el fondo lo que les interesa es el tráfico de migrantes, porque seguro que por concretar la salida de bolivianos, éstas deben percibir jugosas comisiones.
Todos debemos abandonar la indiferencia y la política del silencio. Hace falta una política en esta materia con el fin de maximizar los beneficios y minimizar los costos. La emigración de los bolivianos debería ser una opción y no una necesidad.
*René Pereira Morató es director del Consejo de Población (Codepo).
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