El mundo acaba de disfrutar la competencia deportiva más importante, el campeonato mundial del fútbol. Al igual que el sistema económico de mercado este hecho consagra a los mejores luego de una participación sin exclusiones. El número de países miembros de la FIFA es mayor al que tiene la Organización de Naciones Unidas.
Igual que el mercado el fútbol se ha “globalizado”. En ambos sus orígenes se remontan al pasado. El mercado tiene antecedentes en el intercambio ocasional entre dos hombres primitivos y el fútbol en aquel momento que algunos hombres empezaron a mover con los pies una pelota. Y ambos tienen su máximo desarrollo en los últimos siglos. El mercado, que proviene de los intercambios esporádicos y del trueque, ha evolucionado hasta convertirse en un sistema que engloba a toda la humanidad. El fútbol, desde un juego rústico medieval sangriento, hasta convertirse en la lucha de gladiadores modernos, de verdaderos titanes, de héroes, que arriesgan su humanidad en el campo de juego, y con el propósito de salir siendo reconocidos como los primeros.
Tanto la economía de mercado como el fútbol son occidentales y hoy abarcan a todas las culturas, razas e idiomas. Así como hemos visto jugar gente que tiene diferentes idiomas, diferentes modos de pensar, unos con más riqueza que otros, igual sucede en el mercado mundial. Pero mientras a nadie se le ocurre cambiar las reglas del fútbol para modificar su esencia, en la economía tercer mundista todavía existen intelectuales que creen que se puede crear un nuevo sistema económico.
La civilización occidental es tan poderosa —nadie a ciencia cierta sabe por qué— que así como ha logrado que gente de diversa cultura participe en un campeonato mundial, que se lleva a cabo ya desde el año 1930, respetando todos las mismas reglas, también está logrando que la economía de mercado se imponga en el mundo. En ambos casos, sus participantes son diversos y no son iguales, tienen un “desarrollo futbolístico desigual”, pero todos están de acuerdo en competir con las mismas reglas. Si todos fuesen iguales no podría haber un solo primer ganador cuando sus participantes han llegado a ser 207 equipos.
El fútbol al igual que la economía es un juego cooperativo y competitivo. Cuando más cooperativo y mejor coordinado es un equipo le espera el éxito, como también a la economía de un país. Siendo el fútbol un juego donde está presente la libertad de cada jugador, el juego individual competitivo, sin embargo, el éxito de un equipo está cuando alcanza el mayor grado de coordinación. Pero los jugadores individuales que mejor juegan son los que después se proyectan económicamente, les da derecho a suculentos ingresos monetarios. En un sistema de mercado ocurre lo mismo, aunque pareciera que lo fundamental es el carácter competitivo que se realiza entre las empresas, sin observar que lo dominante también es la cooperación y coordinación, y todo de manera libre y voluntaria. Así como el mercado precede al Estado el juego precede al árbitro.
En el mercado como en el fútbol, unas veces se gana y otras se pierde, se ríe y se llora, se festeja y se apesadumbra. En el fútbol predominan las fortalezas de los equipos —de las empresas— pero también está presente lo aleatorio, lo circunstancial, como en los mercados. Y en ambos eventos se ve el desarrollo de la humanidad.
*Armando Méndez es economista.
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