Por los caminos de La Cruz…Sí, por ellos estamos transitando, con apatía y complicidad muchos bolivianos. Las rutas por las que De La Cruz nos conduce, con dosis de jocosidad y hasta supuesta ignorancia, son de la intolerancia, son senderos de la violencia, son caminos del odio racial y regional. Roberto de la Cruz, con despliegue digno de Fellini, ha empezado a entrenar, en la ciudad de El Alto, a centenas, dice él, de talibanes andinos con el objetivo de prepararse para enfrentar, bajo cualquier circunstancia y modalidad, a los croatas, extranjerizantes, divisionistas y k´aras de la Unión Juvenil Cruceñista que desprecian a la raza aymara migrante en las tierras orientales.
El bochornoso acto de entrenamiento de los tísicos talibanes andinos, ha tenido cobertura de los medios y es seguro que entre muchas personas más que admiración ha arrancado risas y mofas contra la desfachatez del político de marras que no tiene nada que envidiar a los viejos políticos que dice despreciar. Con tal de mantenerse en vigencia hace lo que sea, desde desnudarse, ahora se las da de entrenador de talibanes y quien sabe lo que hará mañana.
Sin embargo mas allá de lo anecdótico y de la payasada del politiquero aquel, es tarea de todos los que apostamos por la democracia y el dialogo censurar acciones como éstas, que si bien pueden parecer jocosas y hasta producto de mentes desviadas, generan en la opinión pública un ambiente en el que la vanalización de estos actos nos lleva a la cotidianización de los mismos que, a la larga, legitiman la violencia, el odio y el racismo como parte de la vida diaria.
Cuando Hitler, en asambleas del partido nazi o en reuniones de plaza, hablaba del problema judío y de la necesidad de eliminarlos, muchos, la gran mayoría, lo tomaban como parte de las locuras de un payaso que quería llamar la atención…y cómo llamó la atención!!!hasta ganar las elecciones y gobernar Alemania. Así, el loco y marginal, con un discurso inicialmente tachado de marginal y de irracional a los pocos años tomaba el poder y las locuras se convertían en políticas públicas que llevaron a diseñar las formulas de la solución final con millones de judíos en campos de concentración y hornos crematorios.
Sin ir muy lejos en la historia, hace poco más de un quinquenio, locos como De la Cruz, llevaron a Yugoeslavia, a la cabeza de Slodovan Milosevic, a una cruenta guerra de más de cuatro años donde las campañas de limpieza étnica se convirtieron en el pan de cada día, sumiendo a los países balcánicos en sangre, odio, miseria y desprecio por la vida del otro. En otros puntos del planeta, la Camboya de PolPot o la Ruanda de los Utus, han probado en las postrimerías del siglo XX, lo que significa el exacerbamiento de los odios raciales y de las supremacías étnicas.
Con la misma pasividad y permisividad que nos tomamos los exabruptos De La Cruz, nos tomamos los del señor Quispe, alias el Mallku, quien, con poses y discursos similares, nos mantuvo desde el año 2000, en constante incertidumbre, temor, desconfianza y odio entre k´aras y no k´aras. Quispe impuso el discurso de la supuesta supremacía de la raza aymara, de la supremacía del kollasuyo y de la necesidad de retornar al imperio incaico y de eliminar el dominio de los modos occidentales. Los bloqueos a la ciudad de La Paz, las constantes aplicaciones de la denominadas “justicias comunitarias”, los latigazos a un conocido Monseñor de la Iglesia católica y el cerco al ejército en Warisata, nos demostraron que las locuras no habían sido solo eso, sino que tenían las posibilidades reales de concretarse en acciones de asedio y asalto.
No sólo como reacción a las acciones de Quispe, provocó que en el oriente del país surgieran los mallkus de la “Nación Camba” que, desde la otra acera, pero con los mismos argumentos raciales, regionales y etnocéntricos interpelaban a los de occidente. Así los bolivianos nos dividimos entre los rubios, altos y que hablan inglés contra los morenitos, bajitos y que hablan aymara. Nos auto-segregamos entre los modernos y los no modernos, los originarios y los colonizadores, los nacionales y los extranjeros, los indígenas y los no indígenas….marcas, separaciones, estigmas que aún persisten y que nos impiden construir una visión común. Esta perversa polarización ( racial, regional , social, económica y étnica) ha marcado el ritmo de nuestras vidas y de la política de los últimos seis años en Bolivia y no hay visos de que se vaya o a pierda en el corto plazo ya que, con otras manifestaciones, aún las seguimos viviendo y, desgraciadamente, como lo corrobora lo sucedido con De la Cruz, alimentando como el hombre que alimenta al cuervo que pronto le sacara los ojos.
Los bolivianos no podemos transitar por los caminos de La Cruz de forma tan pasiva y hasta jocosa, nuestras leyes tienen que ser más duras contra las manifestaciones racistas, xenófobas y regionalistas. La indiferencia, en este tema y otros, nos va a matar y cuando abramos los ojos ya puede ser demasiado tarde.