Cuando se cumple otro aniversario del grito libertario de La Paz, la revista recupera las miradas de algunos de sus profesionales y artistas hacia elementos esenciales como los nevados o la comida.
Texto: Jorge Soruco • Fotos: Miguel Carrasco
Cada día, miles de ojos se posan sobre la ciudad de La Paz. Tratan de comprenderla, de escribirle, de cantarle, de captar su esencia. Algunos lo logran y se adentran en sus entrañas. Otros, en cambio, se quedan nada más en la superficie.
Hoy, Escape ha querido desentrañar ese misterio tan grande que es la hoyada a través de la percepción de profesionales y artistas.
Las calles (René Aliaga)
Para el arquitecto urbanista, las calles de la ciudad juegan un papel vital en el día a día de sus habitantes. ´La estética de la ciudad está definida por el aspecto de sus vías. Sus características intrínsecas han dotado a cada una de propia personalidad. La gente habla del Prado, la Yanacocha, la 6 de Agosto, la 21… y cada calle es compañera constante de los paceños´. Según Aliaga, además, cada una guarda una historia particular y muestra su idiosincrasia. ´Por otra parte —añade—, son el caos permanente´.
´La Paz tiene su propio ajayu, lo que hace que sea una urbe única´. Y sus calles son el fiel reflejo de esto, pues es donde se realizan todo tipo de actividades, ´relacionadas tanto con la vida como con la muerte´.
La comida (Carlos Ostermann)
Según el antropólogo Carlos Ostermann, la comida paceña es como la población de la ciudad: toda mezclada, dependiendo siempre de los pisos climáticos del departamento, aunque reconoce que ´la base de la dieta paceña es la papa´.
Con todo, con la llegada de gente de diferentes latitudes, la comida ha ido enriqueciéndose, ´con la incorporación de alimentos como el plátano, el maíz, el camote y la carne´.
´En La Paz abunda sobre todo la comida hervida, tostada y de estación. Esto último se debe a la influencia de la cultura agrícola. Un ejemplo es el plato paceño. Pero tampoco conviene olvidarse de otros sabores, como el del ají, que condimenta cada uno de los platos´.
Por otro lado, Ostermann asegura que la comida paceña es un signo más de la interculturalidad de La Paz, llena de sabores y de colores´.
La noche (Armando Urioste)
´La noche paceña ha cambiado mucho en los últimos 30 años. Antes era algo misterioso, oculto. Había pocas opciones para salir. Ahora, en cambio, se cuenta con un gran abanico de posibilidades´, analiza el fotógrafo Armando Urioste.
Para Urioste, este aumento en la oferta es lo más significativo, ya que se dispone de un espacio de diversión nocturna para cada estrato social y gusto. ´Una señal de esto es la aparición abierta y sin tapujos de homosexuales, pues su presencia es tolerada y aceptada´.
Según Urioste, esta conquista es la prueba de que el paceño no se rinde ante nadie. ´Como se comprobó durante las dictaduras, el espíritu del paceño está listo, tanto para enfrentarse a la adversidad como para divertirse por la noche´.
Los cerros (Bernardo Guarachi)
Pocas personas respetan, aman y conocen los nevados paceños como el montañero Bernardo Guarachi, para quien los cerros son parte vital de la esencia de La Paz.
´Para mí, las montañas son casi sagradas. No sólo por la adoración que tenían antaño los habitantes de la ciudad, sino por la importancia que tienen hoy día para la supervivencia, al proveernos de agua´.
La forma de urbe, además, viene definida por las mismas montañas, ´pues sus subidas y bajadas tienen bastante que ver con los cerros´.
Los personajes (Luis Rico)
El compás de la ciudad ha estado siempre marcado por el paso y el peso de sus personajes. Al menos, para el cantautor Luis Rico, quien destaca que el vecino paceño es ensalzado a cada momento por su empuje, su capacidad de lucha y su reticencia a retroceder frente a cualquier adversidad, sea cual sea.
´Y, como dice una de mis canciones, desde Alonso de Mendoza, pasando por Néstor Portocarrero, Coco Borda, Jaime Sáenz, la Tía Núñez, Antonio Paredes Candia o el \'musiquero\' del Mercado Rodríguez han señalado el camino diario, asumiendo los desafíos de la urbe´.
Los conventillos (Jaime Iturri)
Para el periodista Jaime Iturri los conventillos son un instrumento que hace algunas décadas resultó esencial para facilitar la socialización entre vecinos y la vivienda, en una ciudad donde ambos escasean.
´En ellos —explica— se formaban parejas, amistades y grupos, ayudando así al crecimiento de La Paz. Actualmente, en contraste, son quizá la mejor manera de preservar las antiguas casonas, ahora que quedan realmente muy pocas´.
Las luces (Mauricio Bayro)
´Para un artista, las luces paceñas son maravillosas. Le brindan un misticismo sin igual a la ciudad. Asimismo, el juego de luces y sombras, que se sucede en cada calle, resulta un motivo constante de inspiración para nosotros, los creadores´, resume Mauricio Bayro.
El mercado (Fernando Cajías)
Para el historiador Fernando Cajías, el mercado es un espacio sobre el que gira la vida de toda la ciudad.
´La actividad comercial en La Paz, tanto en el resto del departamento como en la capital, es fundamental. Y ésta se canaliza en los mercados, que aún son importantes para la población, tanto que, pese a la aparición de supermercados y galerías comerciales, el paceño continúa dependiendo de ellos´.
Para Cajías, una de las características principales del mercado paceño es que éste sobrepasa a la estructura y comienza a dominar la calle. ´El edificio es sólo un depósito. La principal actividad se da en las calles. Las vendedoras pueden llegar a ocupar cuadras y cuadras con sus productos al aire libre. Claro ejemplo es el mercado Rodríguez.
Por otra parte, están las ferias rotativas, que van recorriendo toda la ciudad según el día de la semana, permitiendo a los vecinos poder adquirir un poco de todo´.
Con la del historiador, se completan estas siete miradas diferentes de la ciudad, una para cada día de la semana, para cada instante, para cada elemento de identidad.
Pero no son las únicas, ya que cada paceño entiende la ciudad a su manera. Eso es lo que la enriquece.