El Noticiero Internacional de Barrio es un proyecto de comunicación alternativa de Acsur para apoyar a los colectivos más desfavorecidos.
Texto: Inés Ruiz del Árbol • Fotos: Laura Cabezas
Las ondas hertzianas de la radio Ollantaytambo están vibrando más de lo habitual. Y es que tienen unas invitadas de excepción. Reunidas en la sala principal del centro cultural, ocho mujeres de pollera conversan en directo sobre algo tan sencillo y a la vez tan complejo como sus vidas. Sencillo, porque en su trabajo como empleadas del hogar cada día es igual al anterior, como si un reloj hubiera detenido el tiempo entre cazuelas y pucheros. Complejo, porque vivir “cama adentro” acarrea tantas desventajas como horas extra. La problemática, además, es ignorada por los programas políticos y los medios de comunicación.
Ahora, con todo, las cosas parecen estar cambiando. Así, en la enorme pared blanca de Ollantaytambo se proyecta el documental que las mujeres han elaborado sobre su día a día. No son actrices, pero ejercieron como tal. Jamás habían escrito un guión, pero también aprendieron a hacerlo. Quizá nunca habían visto una cámara de vídeo, pero la manejaron con maestría y originalidad, demostrando que no sólo los grandes artistas pueden expresar sentimientos importantes. A pesar de no ser expertas en comunicación audiovisual, son profesionales del tema que se trata: su propia vida. Y cinco minutos de celuloide bastan para condensar sus inquietudes y su resignación.
Abandonar el anonimato El documental forma parte del “Noticiero Internacional de Barrio”, un completo proyecto en el que trabajan ocho organizaciones en siete países de América Latina y Europa. Entre ellas se encuentra la Asociación para la Cooperación con el Sur (Acsur-Las segovias).
A pesar del nombre del programa, no se trata de un noticiero al uso, ya que los documentales están íntegramente realizados gracias a la buena voluntad de los vecinos y a un sinfín de organizaciones sociales de Venezuela, Colombia, Brasil, Francia, Bolivia, Bélgica y España.
Laura Cabezas es la responsable del área de Comunicación de Acsur en Bolivia, y la encargada de impartir los cursos de formación en comunicación y práctica audiovisual para que los colectivos protagonistas aprendan a escribir un guión o a manejar un vídeo. Estos cursos intensivos duran 40 horas, durante las cuales los asistentes debaten sobre la comunicación y el papel de la ciudadanía en la sociedad. Se les enseña, asimismo, a utilizar el equipo mínimo para realizar un documental, y así todos se convierten en directores, técnicos de sonido, productores y guionistas.
“El Noticiero Internacional de Barrio es un intento de apropiación de la palabra por parte de los colectivos que normalmente se encuentran excluidos. Es una apuesta por fomentar la participación ciudadana en el ámbito de la comunicación, además de resultar un espacio alternativo de encuentro de experiencias entre comunidades de América Latina y de Europa”, explica Laura.
Asuntos como el racismo, los desplazados, el analfabetismo, las organizaciones de mujeres o la resistencia urbana son sólo algunos de los temas que se han tratado ya en este noticiero tan singular, que muestra enfoques diferentes a los habituales y tiene sus particularidades propias dentro de cada país.
En Bolivia, Acsur ha contado con el apoyo desinteresado de organizaciones que son directamente protagonistas y actores de las problemáticas que, por lo general, quedan relegadas siempre por los grandes medios de comunicación.
Es el caso del Consejo Qhana, un grupo de jóvenes aymaristas de la Universidad de El Alto que, en su documental, trató el tema del analfabetismo con un enfoque realmente innovador. “Cuando se piensa en analfabetismo en Bolivia, automáticamente se nos viene a la cabeza alguien que no sabe escribir y leer bien en castellano. El colectivo Consejo Qhana, sin embargo, le dio la vuelta al planteamiento y se preguntó por aquellos que saben leer y escribir en aymara”, dice Laura.
Para el tema del racismo, por otro lado, se coordinó con el Centro de Promoción de la Mujer Gregoria Apaza, para un documental llamado “Vestidos y polleras” en el que se explicaba que una madre de pollera vestía a su hija de forma occidental para evitar que ésta sufriera el rechazo de la sociedad.
Las “Awichas”, un grupo de abuelas aymaras que gestiona una casa de mujeres, se enfocó, por su parte, en el tema de las organizaciones de mujeres. “Para evitar tener una vejez indigna, las viejitas se asociaron para construir primero piedra a piedra su casa y para mantenerla”.
Otro asunto tocado en los documentales fue el de los medios de comunicación alternativos. En este caso los protagonistas fueron unos comunicadores populares de Cochabamba que tienen un medio llamado “Radio Bocina”. Lo destacable es que sólo cuentan con la ayuda de un micrófono y unos parlantes, con los que se van moviendo de un lado a otro para narrar los sucesos que consideran importantes. En esa dinámica, permiten a todos expresar sus quejas.
Una visión urbana En todos los países se trabaja en zonas urbanas, principalmente barrios que únicamente salen en los medios cuando hay conflictos, con lo que la imagen que tiene la población de estos lugares es bastante negativa. “Poniéndote el caso de Bolivia —dice Laura—, si alguien de La Paz no sube a El Alto, sólo conoce esta ciudad a través de lo que cuentan los noticieros locales, y acaba creyendo que esa zona es una tierra sin ley. Pero esta es una imagen sumamente injusta, porque también ocurren procesos positivos y muy importantes que no son visibilizados. Lo que intentamos, entonces, es generar en esas zonas otro tipo de imágenes reales, producidas por los propios protagonistas”.
El resultado de este trabajo está a la vista, ya que producto del aprendizaje de 10 días en el taller audiovisual siempre se produce algún vídeo, que termina transportando las historias, denuncias y esperanzas de aquellos colectivos olvidados.
Pero la tarea no termina ahí, pues otro aspecto fundamental del noticiero es el de su difusión. Así, los vídeos están colgados en internet, en la página web de Acsur.
En esta misma línea, existe un trabajo paralelo para intentar establecer acuerdos con las televisiones de los países en los que se interviene. En Bolivia, con la Televisión Comunitaria Indígena y las diferentes radiotelevisiones universitarias.
Y también se utiliza la “proyección directa itinerante”, que es cuando se llevan los equipos portátiles a centros culturales, juntas de vecinos o sindicatos y allí se proyectan los documentales. “Intentamos hacer vídeo-debates —acota Laura—, para conformar un espacio en el que la gente protagonista del vídeo pueda hablar de su lucha y enfrentarse a un público que quizá no esté del todo de acuerdo con su manera de enfocar algún tema”.
En definitiva, gracias a semejante mosaico visual, cada colectivo puede expresar libremente su forma de ver el mundo y se deja una ventana abierta al cambio social y al diálogo participativo, en un marco sin distinciones, en el que desde una abuela aymara hasta un ecologista madrileño tienen cabida.