Las nociones de raza y el racismo no son elementos inherentes al hombre, son más bien creaciones de la especie humana, de hecho, el Homo Sapiens es el único ser viviente que posee la capacidad de discriminar, reducir o excluir por causas culturales. ¿Dónde nace entonces el racismo en el ser humano? En principio habría que decir que las formas históricamente más consistentes de discriminación se establecieron desde muy temprano en la sociedad humana. Las mujeres —dice el profesor Carlos Moore—, los ancianos, los minusválidos, todo aquel que no podía hacer frente a la agreste naturaleza que los rodeaba, más los que se distinguían por alguna característica o atributo resultaban irremediablemente excluidos. En las sociedades basadas en la recolección y la caza de animales, las capacidades físicas eran el criterio base de inclusión, de manera que quien estuviera en desventaja con “el cazador” estaba condenado a la discriminación y exclusión social. Este grupo se fue conformando particularmente en torno a las mujeres, de manera que finalmente ellas, los ancianos, los niños y los de raza diferente constituían un estrato diferenciado a la gran mayoría cazadora. No solamente se organizaron físicamente en torno a las mujeres, sino que además crearon fuertes vínculos subjetivos: se reconocían como diferentes.
En toda esta etapa el rol de la mujer fue decisivo, como era responsable de la sobrevivencia de sus hijos, tuvo que crear los mecanismos de administración y distribución de alimentos, insumos y finalmente de poder. Se erigió de esta manera en la pieza clave de las sociedades de centralidad matriarcal, empero, junto a ella había nacido algo mucho menos tangible; la solidaridad entre aquellos que no poseían la fuerza y habilidades “del cazador”. Poco a poco el poder matriarcal eliminó el sentido de la diferencia y tanto ella como los viejos, los minusválidos, los niños y los negros pasaron a formar parte de la comunidad en igualdad social de condiciones.
El racismo nace cuando la vorágine del desarrollo elimina todo vestigio de solidaridad entre los humanos e instala el principio de la individualidad coronado después en el capitalismo. Cuando rotos los nexos de la solidaridad vigente en el matriarcado cada sujeto queda abandonado a la voluntad del Príncipe, del Rey en el marco de una sociedad que había desplazado a las mujeres y junto a ellas a los que otrora se habían unido frente al poder del cazador. Fue en ese momento en que los “diferentes” pasaron a constituir “las minorías” de la sociedad moderna. El racismo es por tanto un acto del error humano, adolece de sentido y es la expresión más abrupta de la insensatez. Nace en el seno de las rupturas ancestrales que terminaron enterrando el sentido de la vida en comunidad, de ahí su irracionalidad destructiva.
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