En una encuesta realizada en el presente año por “Auditoría de la Democracia”, proyecto dirigido por el profesor norteamericano, Mitchell A. Seligson, en el marco del programa LAPOP de la Universidad Vanderbilt de USA, se ha establecido que el 65% de los entrevistados se considera mestizo o cholo, el 11% blanco y sólo un 19% indígena u originario. Esto demuestra que Bolivia, al contrario de lo que se piensa comúnmente, no tiene mayoría indígena sino mestiza, fruto de la mezcla de los españoles con los indios.
Hay que tomar en cuenta que todas las repúblicas latinoamericanas nacieron a la vida independiente con poblaciones indígenas que hablaban sus propias lenguas. Pero la mayoría de éstas se esforzó por unificar culturalmente a su país en base a la enseñanza masiva del castellano. El resultado ha sido su conformación en verdaderas naciones, conjuntadas por el idioma, la religión cristiana y la tradición histórica.
En Bolivia se trató de hacer otro tanto, sobre todo después del conflicto del Chaco. Precisamente, la generación que marchó a esa guerra, comprendiendo que una de las causas fundamentales del fracaso de la misma fue el hecho de que una mayoría de sus habitantes no se había integrado a la vida nacional, consideró perentorio intensificar el nacionalismo y encaminar la política hacia el levantamiento del indio, con el fin de hacer de él un verdadero ciudadano.
Ahora bien, el cimiento de dicha integración era la llamada cultura mestiza, nacida del entronque de lo español con lo indígena y que tuvo como primera expresión en la llamada cultura virreinal, cuya manifestación superior fue precisamente el “Barroco Mestizo”. En consecuencia, Bolivia nace con la Real Audiencia de Charcas y con la explotación minera de Potosí. Anterior a ellas sólo existían unos pocos conglomerados indígenas totalmente separados entre sí.
Por otra parte, hay la creencia de que los indios son gente originaria de estas tierras. La verdad es que la mayoría de ellos vino después de la conquista española. Fue la gran riqueza de Potosí quien obligó a los virreyes a impulsar emigraciones de grandes poblaciones del Bajo al Alto Perú; poblaciones que luego de trabajar en las minas fueron asentadas en estas tierras altas.
Es necesario que los bolivianos comencemos nuevamente a concebir al país como una verdadera nación, realzando los valores que nos unen y que determinan que Bolivia conforma una entidad cultural como lo reconocieron don Jaime Mendoza y don Roberto Prudencio.
Lamentablemente, en el país se está tendiendo a insistir en que no seríamos una unidad cultural sino pluricultural y, por tanto, no habría una nación boliviana sino muchas naciones unidas en un Estado. Si esto fuera cierto, no tiene sentido que tratemos de enseñar a nuestra juventud a amar a Bolivia ya que ella no existiría como nación sino sólo como una unidad política al estilo de las antiguas repúblicas de Yugoslavia y Unión Soviética, y como ellas, muy susceptible de balcanizarse.
Pero como lo ha confirmado la encuesta arriba mencionada, el pueblo boliviano, racialmente, en su gran mayoría es cholo o camba. Y su expresión más característica es el rico folklore que hace vibrar a todos los estamentos sociales. Cabe señalar que hasta las familias más distinguidas del país tienen antepasados indígenas. Por ello, en el censo del año 2001 la gran mayoría de la población manifestó ser descendiente de indios.
En cuanto a los indios, basta que aprendan castellano o se avecinen a una ciudad para que sean culturalmente mestizos. Por lo tanto, el cristianismo, el castellano y nuestra cultura virreinal mestiza, con las Vírgenes de Copacabana, Cotoca y Urkupiña, y con el Cerro Rico de Potosí, la Universidad de Charcas, y las misiones de Moxos y Chiquitos, son el origen y base fundamental del ser boliviano.
*Ramiro Prudencio Lizón es diplomático e historiador.
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