El convivir con un alcohólico, ya sea un miembro de la familia o un amigo, es un trago amargo que deben aceptar una inmensa porción de la población boliviana.
Como resultado de muchos estudios realizados en decenas de países durante décadas, se ha establecido que para determinar las causas de esta enfermedad incurable intervienen muchos factores de tipo biológico, social y psicológicos que se activan con factores genéticos y del medio en que se vive, aunque se ha podido determinar que quienes tienen familiares alcohólicos directos como padres o abuelos, son más propensos a adquirirla.
Lo que es cierto es que el alcoholismo causa en los familiares y amigos sentimientos de decepción, pena, desesperación, impotencia, confusión, desprecio, responsabilidad, incredulidad, resignación, vergüenza y quién sabe qué más. Paralelamente el alcohólico ha perdido el control, la autoestima, la esperanza, la fe en sí mismo, siente ansiedad, está en permanente conflicto con las personas que lo
rodean, pierde el sentido de responsabilidad, se aísla, se vuelve manipulador, mentiroso y a medida que se agudiza el problema aparecen afecciones físicas notorias.
Los factores socioculturales tienen un gran peso debido a las prácticas de relacionamiento que no toman en cuenta las nefastas consecuencias que traen consigo. En las reuniones sociales de todos los estratos sociales a lo largo del territorio nacional, casi sin excepción, se consumen bebidas alcohólicas en exceso, whisky, cerveza, singani, vino, chicha, ron o cosas por el estilo. La presión de los amigos o los sitios de reunión son también determinantes para adquirir estos hábitos.
Cualquier menor de edad puede comprar bebidas alcohólicas para ellos o para sus padres en muchos casos, sin que nadie se extrañe o los cuestione. Las calles en que se reúnen los jóvenes por las noches son bares sin control bajo las estrellas. Los padres toman frente a sus hijos pequeños sin estar conscientes de que en esta etapa de la vida se adquieren mecanismos de imitación inconsciente y de identificación.
Los accidentes de tránsito en un 40% a 50% aproximadamente están relacionados con el alcohol, las camas de hospital están ocupadas por personas con problemas de ingestión de alcohol en un promedio del 25%. Las campañas de educación y las fuertes multas son de gran ayuda en los países que las realizan aunque están lejos de resolver el problema. En Bolivia el Gobierno se ha propuesto llevar adelante una campaña que busque solucionar este problema. Esperamos que sea sostenible y tomada con la seriedad que amerita el tema.
Ya se mencionó que es una enfermedad incurable, sin embargo puede ser controlada. El primer paso es que la persona reconozca su situación y la comprenda, ya que es la única responsable de su recuperación. En esta instancia el aliento y determinación de la familia es muy importante y deben empujarlo sin titubear. Para ello existen profesionales e instituciones que pueden ayudar en las primeras etapas para desintoxicar y superar el hábito.
Sin embargo, el tratamiento más beneficioso es el proporcionado por personas que han aprendido a controlar la enfermedad e integran el grupo de Alcohólicos Anónimos (AA). Establecer contacto con ellos es muy fácil llamando al 104, en todas las ciudades de nuestro país. Siendo solidarios seremos mejores.
*Cecilia Bayá es periodista.
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