La reciente reunión de ocho presidentes latinoamericanos en Córdoba no tenía propiamente una agenda formal, lo que contribuyó a que sus características más destacadas consistieran en el desorden, la improvisación y el abandono de las normas elementales del protocolo convencional. Bajo tales circunstancias, resulta poco probable que las relaciones bilaterales hubieran registrado avances dignos de mención o que la institucionalidad de la Comunidad Andina de Naciones o del Mercosur hubiera resultado reforzada.
La prensa de las capitales ha reflejado en la mayor parte de los casos una profunda preocupación por los magros resultados alcanzados en términos de sus propios intereses, pero asimismo respecto a las nuevas tendencias y estilos que empiezan a cristalizar en la región. Como efecto neto, no ha mejorado en absoluto la posición internacional y la capacidad negociadora de América Latina, y esto es particularmente grave en un momento en que aumentan día a día las amenazas a la paz internacional, sin que las Naciones Unidas puedan intervenir con eficacia.
Tal debilitamiento de las instituciones globales y regionales tiene que preocuparnos de manera especial a los países pequeños. Conviene recordar que la existencia de reglas internacionales respetadas y de mecanismos capaces de hacerlas cumplir favorece desigualmente a los países con menos poder propio. En efecto, la ley de la jungla es particularmente perniciosa para los países pequeños, que no son precisamente los leones en el escenario internacional, como recordó en cierta ocasión el ex presidente Sanguinetti.
Tampoco se pinta fácil la agenda sudamericana, que contiene, además de todos los temas pendientes del pasado, algunas nuevas cuestiones que reclaman un tratamiento cuidadoso por parte de la diplomacia regional. Pienso en la nueva geopolítica de la energía, la creciente carrera armamentista, la formación de alianzas políticas rivales y la nueva costumbre de que actores externos se entrometan en los procesos electorales y políticos de muchos países, considerablemente más allá de lo que son las naturales relaciones y contagios entre los miembros del mismo vecindario.
No se conoce todavía la lectura que ha hecho la Cancillería sobre la reunión de Córdoba y sus resultados respecto de nuestra colocación en el tablero sudamericano. Lo que sí ha llamado la atención es que sin para mientes en la necesaria vinculación de los resultados de Córdoba con los de la misión del Vicepresidente para lograr una prórroga de las preferencias que otorga EEUU a Bolivia, ahora se proponga iniciar una negociación con ese país bajo el mismo enfoque de las negociaciones andinas con la Unión Europea, es decir, abriendo varias trayectorias para promover comercio, impulsar la cooperación y fortalecer el diálogo político.
Creo que constituye un error mayúsculo desconectarse de los países andinos en el tema de las relaciones con EEUU, aunque sólo fuera porque elegir una ruta solitaria requiere de capacidades institucionales y personales de las cuales carecimos en el pasado y carecemos en mayor medida hoy. Por eso habría que recordar que la integración regional no persigue únicamente la ampliación de mercados, sino antes que nada el fortalecimiento de la capacidad negociadora de los países miembros, lo que vale en mayor medida aun para los países pequeños.
*Horst Grebe L. es economista.
No es para tanto
Se equivoca el ministro Patzi cuando dice que la educación es un vehículo de colonización. Y como todas las equivocaciones es un error a medias porque la educación no fue solamente eso, ni remotamente es sólo eso.
Trago amargo
El convivir con un alcohólico, ya sea un miembro de la familia o un amigo, es un trago amargo que deben aceptar una inmensa porción de la población boliviana.
La institución caminera
El Servicio Nacional de Caminos nació como el Servicio Cooperativo Boliviano Americano de Caminos, que fue creado en 1955 con asistencia técnica y económica del Gobierno de los Estados Unidos.
La consigna es no aflojar
Tanta verborrea sobre descolonizar la educación boliviana, de un ministro que fue adoctrinado en Cuba para parlotear clichés de los 60, que se me agolparon recuerdos de una tesis de maestría en 1971.