Ruber Carvalho afirma que el MAS no es más que una mezcla de “menjunjes” etnocentristas y culturalistas.
Exiliado en Venezuela durante el régimen de Hugo Banzer y perseguido durante el golpe de Estado de García Mesa, el escritor y periodista beniano, Ruber Carvalho, refleja en sus respuestas una crítica incisiva al gobierno del presidente Evo Morales. No duda en describirlo como absolutista, vertical y totalitario. Suficientes calificativos para asegurar que el evismo es un simple espejismo. Cree con firmeza que el MAS no es de izquierda ni de centro, sino un partido de derecha populista que en su primera prueba, el 2 de julio, mostró que “va de bajada”.
¿Existirá el evismo en Bolivia? Lo que se ve de parte del MAS es la urgente e imperiosa necesidad de crear el mito antes de haber confeccionado la propuesta teórica. Evo Morales nació políticamente en el Chapare como líder sindical cocalero. El hecho reciente de hacer, mediante toda una estrategia comunicacional de su lugar de origen biológico (Orinoca) una especie de Belén aymara, es parte de esa ocurrencia. El MAS sin Evo no es nada, en cambio Evo sin el MAS sigue siendo un líder cocalero. Es sólo un espejismo de una supuesta tendencia que sólo existe en los deseos de los aduladores de todo régimen.
¿Pero tiene o no un sentido político esta ´corriente´? El sentido político del MAS se encuadra en el más puro populismo, remanente del que nace de la Revolución de 1952, ante la ausencia de una estructura partidaria orgánica como la que hizo posible la insurrección de abril. Se busca a través de la imagen totalitaria del caudillo (´Evo soy yo´) crear una corriente que no ha podido encontrar ni la izquierda ni el centro y forzosamente ha desembocado en una derecha populista al no poder construir una ideología, sino, una especie de desideología al meter en la misma licuadora conceptos ultranacionalistas, racistas, fundamentalistas, radicalismo sindical, menjunjes etnocentristas, culturalistas, bajo el membrete de un indigenismo ausente de lo indígena, como una especie de antítesis al mestizo o al blanco.
¿Ésta no es una nueva izquierda? Ninguna izquierda. Desde la caída del Muro, la izquierda latinoamericana sigue en los laberintos de la diáspora buscando una salida, una brújula donde puedan leerse las rutas donde encontrar las condiciones objetivas y subjetivas de su reacomodo. Pensar en un ´entrismo´ en el MAS, como el que siguieron los trotskistas en el 52, es acomodarse de manera oportunista y triste al velorio de la utopía.
¿Qué tipo de gobierno cree que es? Es un gobierno absolutista, vertical y totalitario. Evo Morales no ha podido desprenderse de su vocación sindical para ser estadista. Es un líder indiscutiblemente popular y populista, pero carente de cualquier ideología. El voto de la oligarquía paceña (que no es masista) fue masivo para Morales, pero en el entendido que dicha oligarquía en franca competencia con la cruceña, se reproduce en el MAS, como garantía de la permanencia del poder central en La Paz, ante la emergencia de Santa Cruz. En cuanto a su popularidad, depende, como un péndulo, de lo que acceda o no a los pedidos inagotables de la gente que votó por él. En estas recientes elecciones, el MAS perdió más de 200.000 votos con relación a la elección presidencial ( 80.000 votos menos en La Paz y 50.000 en Santa Cruz). Una ´revolución´ que va de bajada en escasos seis meses no es —en absoluto— una buena señal.
El análisis
“Existe una dominación simbólica de los movimientos sociales”
La novedad es que con los aparentes vientos de cambio que soplan en el país, todos aquellos que hacían referencia al pensamiento socialista o marxista y que en el pasado en nombre de la revolución ni siquiera permitían que los aymara-quechua dirijan la COB, ahora se vean en la necesidad de correr detrás de los movimientos sociales y los “indígenas originarios”. Entonces, ¿existe todavía un sentido para poder hablar del futuro del marxismo en Bolivia? No hablamos de los marxólogos.
Debemos dejar establecido que cada sistema de pensamiento es inmortal, así desde Platón, pasando por Marx a Bourdieu, el sistema siempre marcará en las generaciones temas de reflexión.
Ahora bien, queremos hablar del marxismo en tanto aplicación emprendida por un movimiento social, esto quiere decir la utilización de un método de pensamiento, de un conjunto de representaciones, de algunas hipótesis de base encontradas en los escritos de Marx; es decir, hablar de la utilización del pensamiento como sistema práctico, como brújula para reconocerse en una situación concreta y como guía para la acción transformadora de la sociedad.
Pero en estos últimos años se puede observar un comportamiento “inédito” en la “izquierda marxista”; primero, después de haber mantenido los prejuicios teóricos para caracterizar la sociedad, terminó la mayoría de trotskistas y comunistas, al servicio de la oligarquía, pues allí se sentían más cómodos después de haber hecho la experiencia de “revolucionario” en las universidades o en el movimiento obrero de los años setenta. Segundo, los mismos que no comprendían y no quieren todavía comprender el carácter colonial del Estado y de la sociedad, dan un giro para aprovechar de la coyuntura y se esconden detrás de la máscara del indigenismo político.
Como grupos “progresistas“ en movimiento, pretenden apoyarse sobre “análisis teóricos” científicos, buscando transformar lo real en militantismo y el combate político en conveniencia. Por eso se observa en este proceso, numerosos grupos de “militantes e intelectuales”, salidos del mundo oligárquico, que poco o nada conocen del mundo aymara-quechua y menos del mundo obrero, pregonar el indigenismo para recomponer las viejas prácticas políticas.
Como existe una dominación simbólica aceptada por los movimientos sociales y “originarios”, los trotskistas, comunistas, socialistas, guevaristas y otros, todos de inspiración marxista, se encuentran en el “combate indigenista” ya no por el cambio hacia el socialismo sino por el reacomodo clasista.
Otra razón de este reacomodo de tipo mercenario es, también, la irreversibilidad de la ofensiva en los movimientos políticos aymara-quechua y el carácter englobante de éstos en todo el país. Por eso ahora fabrican “aires de familia´ con aquéllos a quienes siempre han tratado en una relación de dominación colonial. ¿Existe una similitud de paradigmas? No en absoluto.
Para esto basta explicitar este ´aire familiar´ que se pone a la moda con la máscara indígena, así ahora todos los directores de las ONG (marxistas) desde las instancias del poder instruyen a sus empleados a tratar a cualquiera de ´hermano originario´, etc., simbolismo que convierte lo “indígena” en el “buen salvaje”; esto manifiesta que la incomprensión de lo real los lleva a prácticas groseras que van hasta la folklorización en los actos del Presidente.
“Están en el ‘combate indigenista‘ no por el cambio sino por el reacomodo clasista”.
Fernando Untoja Docente en economía y ciencias políticas. Ex diputado del katarismo (KND), de 1997 al 2002.