La enfermedad de Fidel Castro y la delegación temporal del mando, se prestan a un sinfín de comentarios. Escogeré un par o tres de ellos. Al ´comandante´ se le pueden encontrar infinitos errores, maldades e incluso grandes cualidades. A mi entender, la principal maldad fue la de haber popularizado y ejecutado —en toda la extensión de esta palabra— una versión sangrienta del vocablo ´paredón´. La mayor cualidad es el haber sido victoreado por millones de admiradores durante medio siglo, mientras sometía a su país a una implacable dictadura. Otros dictadores aplaudidos duraron menos.
Es chocante que muchos de los admiradores de Castro fueran precisamente los más aguerridos defensores de la libertad de prensa, siendo así que en la Cuba de Fidel nunca existió tal libertad ni otras que son fundamentales para la vida humana civilizada. Yo mismo comprobé en La Habana que la Tv y la prensa cubanas son las menos libres y las más serviles, odiadoras, falsas y aburridas que he visto en mi larga vida. Los pocos cubanos que tuvieron el valor de escribir la verdad sobre las penurias que sufre el pueblo fueron encarcelados, tuvieron que escapar e incluso alguno murió como consecuencia del trato inhumano del presidio. ¡Fidel, Fidel, qué grande sos!
Pues bien, entre los otros méritos está el de haber previsto su delegación del mando único y asegurado la continuidad del régimen, ahora en manos de su tenebroso heredero dinástico, Raúl, como en las viejas monarquías, y a un grupículo de leales. Tan bien diseñada ha sido esta filigrana, pero, al mismo tiempo, tan inseguro es el secretismo que rodea la vida y ahora la enfermedad de Castro, que algunos han arriesgado la hipótesis rocambolesca de que se trata sólo de un ensayo para prever con tiempo cuál será el comportamiento del pueblo cubano cuando se produzca la desaparición efectiva inevitable del dictador. No lo creo, aunque en Cuba, de Fidel o de Raúl, todo lo inimaginable resulta posible. Y el secretismo es el padre del rumor.
Es pues inútil adelantar opiniones sobre la Cuba post-Fidel porque su entorno ya anunció que los partes médicos sobre la evolución de la salud del dictador, son ´secreto de Estado´. O sea que sólo sabremos lo que los actuales mandamases quieran decir. Verdad o mentira.
Otra de sus hazañas que me atañe como católico es que el sistema educativo cubano logró borrar de la mente de millones de niños y jóvenes cubanos, hoy adultos, cualquier idea religiosa. Ejemplo al canto: preguntado un ciudadano cubano que ahora está en Bolivia, si tenía alguna idea religiosa, respondió con un no desolador. ¿Es esto lo que se propone, con el tiempo, nuestro ministro de Educación, Félix Patzi, y otros que evito mencionar?
Medio mundo está expectante del proceso clínico de Fidel Castro e, inevitablemente de sus impredecibles derivaciones políticas. Pero sí que estoy seguro de que ni el mediocre Raúl, ni los demás del equipo dirigente, llegarán nunca a la suela del zapato de Fidel. Lástima del ´paredón´, de la privación de libertades, de la inexistencia de prensa libre, de la mazmorra a la que somete a los disidentes, del espectacular fracaso de la economía, del olvido sistemático de Dios, etc. El futuro de Cuba es todavía incierto.
*José Gramunt es sacerdote jesuita y director de ANF.
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