La fe, un entorno natural privilegiado y las huellas del pasado, plasmadas en las ruinas de Samaipata y en la ruta que el Che siguió en Bolivia, son parte de sus encantos.
Texto: Redacción Fotos: Archivo
La fe es el pilar fundamental de la región más visitada de Santa Cruz, que agrupa a las misiones jesuíticas que trataron de evangelizar la zona con relativo éxito en la época de la conquista.
La primera que fundaron los seguidores de San Ignacio de Loyola fue la de San Javier. Pero después llegaron otras muchas, destacando Concepción, San Ignacio de Velasco, San Miguel de Velasco, Santa Ana de Velasco, San Rafael, Choquis y San José de Chiquitos.
Su filosofía era integrar a los indígenas al mundo “civilizado” gracias a una pedagogía basada en los valores de la familia y la comunidad.
La expulsión de los jesuitas, sin embargo, supuso el abandono de las misiones y, en ocasiones, también la desaparición de los pueblos.
Hoy corren mejores tiempos, y actividades como el Festival de Música Barroca están ayudando a revitalizar todas estas poblaciones.
Paraísos naturales A la par que ofrece este recorrido por su pasado religioso, Santa Cruz también es un destino ideal por sus increíbles entornos naturales, entre los que se imponen el Parque Noel Kempff Mercado y El Pantanal.
El primero combina la sabana con los bosques de isla y la selva tupida y es, sin duda, la región más espectacular del oriente boliviano.
El Pantanal, en las cercanías de Puerto Suárez, abarca por su parte 100.000 kilómetros cuadrados, y es una llanura que se encuentra inundada permanentemente. En ella conviven más de un millón y medio de aves, los caimanes yacaré y un sinfín de plantas acuáticas.
La ruta del Che Para los amantes de la historia, igualmente hay alternativas válidas.
En este caso, las ruinas de Samaipata, un conjunto monumental que data de la época preincaica, son un punto obligado de visita. Así, en sus 1.200 metros cuadrados se esparcen grabados en roca roja, tallas de pumas, hornacinas y muros.
Samaipata, además, tiene un interés sobreañadido: se halla justo en la divisoria entre el bosque húmedo andino y el amazónico. Es decir, en pocas horas se pasa de estar viendo helechos arbóreos a cactus gigantes.
Otra opción, para quienes busquen las huellas de acontecimientos más recientes, es la ruta del Che —que murió en Bolivia—, que recién se está queriendo potenciar. Y dentro de la misma, la población más representativa es Vallegrande.
Allá se pueden visitar las fosas en las que fueron enterrados el Che y sus guerrilleros y la lavandería donde se exhibió y se tomaron las fotos del cadáver de Ernesto Guevara.
En los alrededores, entretanto, se sigue contando su historia. Y hay agencias que ofrecen recorridos por los lugares donde se desarrollaron los combates con los soldados bolivianos, enclaves como El Cajón o las serranías Incahuasi y Yahuañanca.
Cerca, otro pueblo, La Higuera, se ha convertido en centro de peregrinación, porque es donde está la posta sanitaria en la que ajusticiaron al Che y algunos de sus compañeros sin darles posibilidad de defenderse.
El Pantanal se encuentra inundado casi en su totalidad.
Música
Bolivia tiene el honor de celebrar cada dos años el festival internacional de música barroca y renacentista más grande del mundo, un encuentro entre razas, arquitectura, historia y música lleno de magia. El último evento tuvo lugar entre el 27 de abril y el 7 de mayo. Uno de los atractivos de este acontecimiento son las 11 orquestas misionales que nacieron después del primer festival. Contagiados por las buenas vibraciones de este encuentro, los mismos pobladores de las misiones hicieron sus propios coros y conjuntos, formados en su mayoría por cuerdas. Casi todas las agrupaciones están compuestas por niños y jóvenes, en su mayoría indígenas, que han encontrado en los instrumentos una nueva forma de trabajo y una nueva manera de ver el mundo.
MENONITAS
Los departamentos de Santa Cruz y Tarija recibieron hace varias décadas una migración considerable de colonos extranjeros que son conocidos en todo el mundo como menonitas. Actualmente, se calcula que existen entre 17.000 y 30.000 de ellos agrupados en 16 colonias. Se ocupan fundamentalmente en la agricultura y están dedicados en gran medida a la soya, que es el cultivo que ha generado un mayor rendimiento en el departamento. Manteniendo su idioma, sus costumbres y su religiosidad, este grupo de personas ha sido muy criticado por negarse a la interacción con otra gente. Tienen prohibido incluso el matrimonio con quienes no sean menonitas.