Cuando el Presidente habla de refundar Bolivia, ¿a qué se refiere? ¿Estamos utilizando el mismo código, o el concepto varía en cada uno de los segmentos sociales? Sin duda, la noción que poseo en mi condición de q’ara podría variar de significado en la medida en que difieran los fines que yo atribuyo al proceso y su efecto final, de hecho, un hombre como el concejal alteño Roberto de la Cruz con seguridad espera algo totalmente diferente, pues en el acto de la refundación no sólo convergen las dimensiones ideológicas de esa acción, sino, además, se activa el diseño de sociedad al que cada sector aspira. La refundación es pues un hecho sujeto a fines y objetivos históricos diferentes.
Para los q’aras como yo, refundar Bolivia podría significar ajustar las condiciones de su funcionamiento a tono con los nuevos actores y reconocer nuevos interlocutores válidos. Asumir una Bolivia en que los Mamanis y los Choquehuancas son capaces de decidir el curso de la historia, incidir la economía, la cultura, etc., podría significar también que las cosas se escapan de control, o que estando bajo control sólo se hacen reconocibles en un escenario nuevo, como si hubieran mutado al influjo de nuevos precursores históricos.
Para un t’ara, refundar no significaría únicamente la alteración en la naturaleza y el sentido de las subordinaciones (aquello de quien está arriba y quien abajo), sino el advenimiento de un tiempo nuevo, una actualización política de visiones míticas y una puesta en marcha de los mecanismos de acción estatal en reversa, en el sentido de avanzar de otra manera; acelerar nuevamente aquello que la República congeló en el tiempo. El proceso pareciera contraponer la racionalidad del triunfal occidente heredero de la cristiandad, frente al recuerdo casi mítico de un Imperio Wiracocha dotado de fantasmales ajayus, quizá por eso, desde la óptica de los blanco-mestizos la refundación huele a revancha, y desde la de una mayoría de los indio-mestizos más bien se asemeja a un ajuste de cuentas. De un lado el código se repite así: “ahora van a ver”; del otro, “dónde iremos a parar”. Ambos fuertes pero equivocados.
Como lo único que q’aras y t’aras tenemos es una Bolivia diversa pero actuante, estamos obligados a ceder en ambos frentes o perecer en el intento, porque sería ilusorio pensar que los q’aras volverán a gobernar Bolivia como lo hicieron hasta antes de Morales (sería además espantoso), tanto como sería utópico pensar la Nación en los parámetros justos del Tahuantinsuyo (sería además inviable), de manera que la Constituyente es el único momento y la plaza mayor en el esfuerzo común por hacer una Nación de verdad para bien de todos (diferencias incluidas); es, si el término cabe, el primer intento serio de hacer una Nación completa.
*Renzo Abruzzese es sociólogo.
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