Desde el punto de vista económico es considerable el aporte del modelo de economía de mercado a la estabilidad y crecimiento económico de Bolivia. ¿Pero como impactó éste en el desarrollo humano?
El centro de toda política económica debe ser el individuo y el bienestar del ciudadano a quienes la política económica debe ayudar a satisfacer sus necesidades básicas, y también a fortalecerse y desarrollar como persona.
Un avance en este sentido son los indicadores de desarrollo humano que muestran que, aunque con mucho camino por recorrer, se han sentado las bases para un crecimiento sostenido de la calidad de vida de los bolivianos. Al liberar recursos del Estado, éste se ha podido concentrar en las tareas que realmente le competen, como la construcción de infraestructura, salud y educación.
Los veinte años de vigencia de una economía de mercado se caracterizaron por la mayor construcción de caminos en la historia del país, con más de 4.000 km asfaltados que han unido al país entre sus principales ciudades, y han comunicado a Bolivia con los puertos más cercanos y casi todas las fronteras, contribuyendo a la competitividad e integración del país.
En el campo de la electricidad se invirtieron durante la última década más de US$ 800 MM, duplicando la oferta de electricidad y beneficiando a un sinnúmero de poblaciones en todo el país, como por ejemplo Callamarca en el municipio de Laja, mejorando la calidad de vida de millones de ciudadanos sin costo alguno para el Estado.
En el sector de las telecomunicaciones, además del impacto económico, éste ha tenido un impacto social sin precedentes. La masificación de la telefonía celular ha permitido a miles de ciudadanos emprendedores en oficios técnicos, como plomeros, carpinteros, pintores y electricistas, estar accesibles el momento en que sus servicios son demandados mejorado así su productividad y nivel de ingresos.
En salud, las masivas campañas de vacunación han logrado casi erradicar enfermedades como la tuberculosis y se han implementado servicios gratuitos de salud para mujeres, ancianos y niños pequeños. Esto ha contribuido a mejoras sustanciales en los indicadores de desarrollo humano: la esperanza de vida al nacer ha subido de 54 años en 1980-85 a 64 años el 2003 y la mortalidad infantil ha disminuido de 109 por mil a 53 en el mismo período.
En educación ha sucedido algo similar con una importante inversión pública que subió del 2,3% del PIB en 1990 al 6,3% el 2002. Esto permitió que los niveles de enrolamiento a nivel primario llegaran al 95%, contribuyendo a que los índices de alfabetismo subieran del 74% en 1985 al 87% el 2004.
Ha sido en este periodo cuando se ha dado la mayor distribución del ingreso en la historia del país. La participación popular ha distribuido ingresos antes concentrados en los grandes centros urbanos y controlados por los partidos políticos de turno a más de 300 municipios, permitiendo la construcción de infraestructura básica, infraestructura educativa y de salud, y transferido el poder de decisión y los recursos más cerca de la población. Adicionalmente los beneficios de las empresas estatales, que antes eran gastados sin control por el gobierno de turno y que generaban, la mayor parte, pérdidas para el Estado, han producido servicios eficientes y beneficios que son distribuidos entre la población.
El libre mercado ha permitido que productores campesinos de hortalizas, papas, cereales y otros puedan vender estos productos en las ciudades a precios competitivos, sin ningún control de precios, beneficiando al productor en lugar de realizar una transferencia injusta de recursos económicos del campo a la ciudad por motivos políticos.
Por supuesto que todos estos indicadores no son suficientes y el país no ha sido capaz de romper todavía con la pobreza, pero sí está claro que al dedicarse los ciudadanos privados a las actividades productivas y delimitar el rol del Estado a actividades vinculadas al desarrollo social y de infraestructura, el Estado tiene mayor capacidad de contribuir así a mejores condiciones y niveles de vida para la mayoría de la población.
El denominado modelo neoliberal se implementó en Bolivia en un sistema democrático y de libertades políticas del que es inseparable. Una de las características de este modelo, a diferencia de las economías con alta intervención estatal, es la libertad política, económica e individual que tienen los ciudadanos, para dentro de un marco legal, emprender actividades económicas en cualquier sector. La libertad económica, así como el derecho a la propiedad, son componentes esenciales de la libertad política.
El centro de toda sociedad es y debe ser el individuo que está por encima de cualquier colectividad. Durante este período reciente lo más importante ha sido que el ciudadano boliviano ha mostrado que tiene el talento, la creatividad y la iniciativa para llevar adelante diversas actividades que le permiten desarrollarse y realizarse como personas. El desafío actual es aprovechar esas cualidades del boliviano para que, dentro de un marco de igualdad de oportunidades y certidumbre, pueda aportar al desarrollo del país desde la actividad que a cada uno le toca ejercer, sin esperar que el Estado le provea de todas sus necesidades, limitando así su desarrollo individual.
* Jorge Gottret Siles es economista.
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