En días recientes se publicaron en este prestigioso diario dos notas de opinión en las que se comenta información presentada en el libro Auditoría de la democracia. Informe Bolivia 2006, del cual soy coautor: una firmada por Ricardo Paz Ballivián (24 de julio) y la otra por Ramiro Prudencio Lizón (26 de julio). Con ciertas diferencias de enfoque, las dos notas hacen énfasis en que la mayoría de los bolivianos se identificarían como mestizos y no como indígenas u originarios, información que es analizada en el libro en un capítulo de mi autoría. A tiempo de celebrar el interés que despierta la publicación nuestra entre intelectuales de reconocido prestigio como Paz y Prudencio, me parece oportuno precisar un par de temas.
Ambos columnistas resaltan en sus respectivas notas que en los resultados de la encuesta analizada en nuestro trabajo, una encuesta de cultura política aplicada a una muestra representativa de la población nacional en marzo de este año, el porcentaje de personas que se identifican como indígenas u originarios en el país es relativamente pequeño (20%), mientras que quienes se sienten mestizos son la mayoría (alrededor de dos tercios). En conclusión, la mayoría de los bolivianos son o se sienten mestizos, y no indígenas como el INE y el Gobierno afirman basados en la información censal. Esta información es cierta, pero es también una verdad a medias, basada en una sola pregunta que hace referencia directa a la autodefinición racial de las personas.
En ambas notas de opinión se olvida que un par de páginas antes el libro muestra que en la misma encuesta, usando la pregunta que usa el INE, más del 70% de los bolivianos se identifican como parte de algún pueblo indígena u originario; esta proporción de indígenas en la población boliviana sobrepasa incluso el 62% que el Censo consignaba el 2001. Bajo esta lupa, la gran mayoría de los bolivianos es o se siente indígena u originario. Y esto no deja de ser otra verdad a medias, como bien lo señala Paz en su nota.
El hecho de que hayan tantas diferencias entre los resultados obtenidos usando una u otra pregunta (20 vs. 70% de la población autoidentificada como indígenas), nos confirma, a mi parecer, dos grandes sospechas. En primer lugar, la complejidad en la medición de la identidad, un concepto que debería ser abordado multidimensionalmente como una construcción social y no como una característica esencial de las personas; es decir, las personas no tienen una identidad con la que nacen y con la que inevitablemente tendrán que vivir, sino que las identidades son maleables, tienen sentido y se transforman en el tiempo de acuerdo al contexto socioeconómico y político en el que vive la gente. Distintas preguntas generan reacciones diferentes de acuerdo al lugar, al momento histórico y al contexto de interacción en que se plantean; cuando se hace referencia a la raza, los bolivianos se sienten mayoritariamente mestizos, pero cuando se pregunta por un tipo de autoadscripción más cultural, siete de cada 10 bolivianos se sienten parte de algún pueblo indígena u originario.
En segundo lugar, y por consecuencia de lo anterior, habría que repensar los alcances de un debate en torno al tema que parece inútil. Esto implica, entre otras cosas, dudar de las reivindicaciones políticas que se basan en afirmaciones del corte de “los indígenas somos la mayoría” y también de las otras, “los indígenas son la minoría”, en tanto están basadas en el terreno deleznable de la simplificación absoluta de los procesos de construcción identitaria. Estas consignas, además, basan su relevancia política en el supuesto equivocado que existiría un vínculo directo entre las preferencias políticas de los ciudadanos y su identidad étnica, algo que simplifica el juego político y caricaturiza al ciudadano.
Reconocer el carácter pluriétnico y multicultural de la sociedad boliviana en el actual proceso de modernización política y social del país me parece algo absolutamente necesario. Tratar de cuantificar la proporción de personas que pertenecen a uno u otro grupo y a partir de ello tomar decisiones políticas es, al contrario, algo potencialmente peligroso en Bolivia o en cualquier otra parte del mundo, particularmente si es que se toma a la ligera y se opta por la simplificación. Y eso lo sabe la historia.
*Daniel Moreno Morales es miembro de la organización Ciudadanía, comunidad de estudios sociales y acción pública.
Trascendencia de la amistad
Imbuida como está Bolivia en una singular coyuntura sociopolítica y en un proceso de poder constituyente tan incierto, debería como ciudadana, politóloga, catedrática y columnista de opinión,
Yo, él y la Constituyente
Cuando el Presidente habla de refundar Bolivia, ¿a qué se refiere? ¿Estamos utilizando el mismo código, o el concepto varía en cada uno de los segmentos sociales? Sin duda,
Se lanzó la Constituyente
No había más remedio que resignarse a que la Asamblea Constituyente se pusiera en marcha. Así como se dice que una golondrina no hace verano, así nos quedamos solos advirtiendo que la Constituyente va a ser cualquier cosa,
La era neoliberal y el desarrollo humano
Desde el punto de vista económico es considerable el aporte del modelo de economía de mercado a la estabilidad y crecimiento económico de Bolivia. ¿Pero como impactó éste en el desarrollo humano?