La mayoría de los comentarios sobre la recién nacida Asamblea Constituyente, confíen o no en la llamada “refundación”, coinciden en que Bolivia enfrenta un serio desafío del que desearíamos esperar benéficos avances y no lamentables retrocesos. No dudo que el presidente Evo Morales es el principal artífice del cambio histórico que estamos viviendo o soportando. El espectacular despliegue de políticos y sus comparsas administrativas, militares y campesinas costó abundantes millones de bolivianos (este Gobierno tiene dinero). Tanto festejo puede entenderse, viendo a las huestes autóctonas adueñarse de la Sucre que en tiempos remotos fue aristocrática, como un anuncio del pago demorado que el país debe aún a los pueblos originarios. También fue una demostración del poder de movilización de Evo y su Gobierno. El grandilocuente discurso inaugural del Presidente alternó la lista de realizaciones durante los cortos seis meses de gobierno y las subsiguientes promesas para el futuro, con numerosas contradicciones y amenazas que podrían empañar las esperanzas en la Constituyente.
En efecto, el poder absoluto que el Presidente quiere atribuir a la Asamblea crea profundas reservas entre los politólogos serios que no renuncian a todo lo contrario, es decir, al afianzamiento de la estructura actual de la independencia y cooperación de los tres poderes fundamentales del Estado. Y que la Asamblea no es un poder absoluto sino encargado de redactar una nueva Constitución. Algo más folklórico: el puño izquierdo alzado de los presidentes de la Asamblea al jurar sus cargos creó justificadas dudas sobre la conducción democrática de la Constituyente. La ambigüedad del discurso presidencial respecto a las empresas transnacionales no fue la receta más tranquilizante para las petroleras que, por ahora, se mantienen en una estéril pasividad a la espera del Gobierno que aclare sus propias ideas. La nebulosa en que envolvió la definición de las autonomías regionales confunde a quienes esperaban ideas menos centralistas. Las desabridas ironías sobre la Iglesia contradicen las dudosas reverencias del Gobierno a la Jerarquía. El desaire de los Presidentes que fueron invitados y no vinieron —sobre todo el “hermano” Hugo Chávez, tan íntimo pero tan veleidoso— irritó al propio Presidente y a quienes habían imaginado que ésta sería una excepcional ocasión para encumbrarle como al gran “Jacha Mallku”, caudillo de la América originaria. La victoria futbolística de 5-0 del equipo en el que jugó el Primer Mandatario (camiseta Nº10, como Maradona) diríase que es una prueba de prepotencia adolescente que no engaña a nadie. Éstos y otros importantes asuntos que no quedaron claros en el discurso presidencial, a pesar de las dos horas y cuarto de duración, y de los consiguientes festejos, nos dejan un montón de dudas.
Aunque, tengo para mí que la más preocupante de todas es cómo se van a desenvolver los 255 asambleístas, cuya mayoría no parece preparada para la ardua tarea de “refundar” una República ya fundada hace 181 años, aunque modernizable. La conclusión a la que llegan muchos que no están por la servil adulación, es que, a partir del 6 de agosto, todo será diferente y que tenemos Evo para rato.
*José Gramunt es sacerdote jesuita y director de ANF.
La Feria, los libros y La Paz
Está claro que el libro como objeto viene triunfando ante el inminente y desenfrenado avance de la tecnología, tan cercana a los monitores y teclados, tan distante del papel, la imprenta y el aroma profundo de las tintas.
Consensuar y consensuar
La instalación de la Asamblea Constituyente ha constituido un acontecimiento único y sin precedentes en todo su desarrollo. La posesión de una indígena como Presidenta de la Asamblea y el desfile de delegados de los 36 pueblos originarios de Bolivia
Por un mejor futuro para los indígenas
Hoy, el mundo conmemora el legado de los pueblos indígenas. En América Latina, ellos comprenden el 10% de la población de la región y representan el principal grupo desfavorecido.
Alan García frente a Bolivia
El presidente del Perú, Alan García, ha visitado últimamente el departamento de Tacna, donde presentó importantes proyectos de desarrollo para la zona sur de su país. Pero lo destacable para nosotros, los bolivianos