El presidente del Perú, Alan García, ha visitado últimamente el departamento de Tacna, donde presentó importantes proyectos de desarrollo para la zona sur de su país. Pero lo destacable para nosotros, los bolivianos, es que todos ellos están directamente relacionados con Bolivia.
Primeramente, promulgó una ley que declara de interés nacional la construcción del Puerto Miguel Grau y del Ferrocarril de Tacna a La Paz. Para ello se contaría con una inversión china de dos mil millones de dólares. No sería un puerto cualquiera sino un verdadero megapuerto, que tendría como fin principal servir de vía de exportación del hierro del Mutún a ultramar. Además, manifestó su gran deseo de que se culmine la carretera Tacna – Collpa – La Paz; carretera que tanto tacneños como paceños han tratado de impulsarla desde hace más de 30 años, y que a no dudarlo, integraría grandemente a esos dos departamentos.
El Primer Mandatario peruano anunció también que se establecería una zona franca en Puno, denominada Zona Económica Especial, la cual estaría planeada para vender productos de ultramar al Brasil. Y, por último, que existe el proyecto de trasladar aguas del río Desaguadero hacia el valle de Tacna para impulsar la agricultura de la zona.
Como se señaló anteriormente, todos esos proyectos tienen una muy estrecha conexión con nuestro país y por tanto, conviene hacer un análisis de las posibilidades de ser llevados a la práctica como de las conveniencias o inconveniencias que resultarían para Bolivia.
Respecto al Megapuerto, evidentemente su erección sería muy beneficiosa para nuestro país, ya que actualmente dependemos demasiado del puerto de Arica, donde desgraciadamente el gobierno chileno decidió un incremento inconsulto de un 300% a las tarifas portuarias, haciendo un grave daño al comercio exterior nacional.
El plan de construcción del ferrocarril que uniría Tacna con La Paz no es de fácil aplicación. Para poder colocar el riel que uniría Tacna con la línea ferrocarrilera Matarani – Puno, el Gobierno del Perú deberá pedir permiso a Chile, ya que de acuerdo al Protocolo Complementario al Tratado de Lima de 1929, no se pueden construir, sin previo acuerdo entre los dos países, nuevas líneas férreas internacionales en los territorios de Tacna y Arica. Las dificultades no terminan allí, sino que después, para que dicho ferrocarril quede habilitado, el Perú tendría que efectuar también el tendido del tramo Puno – Desaguadero, y Bolivia, por su parte, el de Desaguadero a Guaqui y, asimismo, rehabilitar el tramo Guaqui - La Paz.
De lo expuesto por el presidente Alan García hay dos temas verdaderamente preocupantes para nuestro país. Primero, el relativo a la instalación de la Zona Económica Especial en Puno (Zona Puno), la misma que, según el Primer Mandatario peruano, acumularía mercancías de ultramar para el mercado brasileño. Pero los bolivianos no somos ingenuos y sabemos bien que el Brasil cuenta con un control aduanero muy riguroso y muy difícilmente permite el ingreso de mercancías a su territorio. Por lo tanto, éstas estarían destinadas a nuestro país, lo que acarrearía, por su cercanía, la generación de un profuso contrabando, mucho más grave aun del que sufrimos con la Zofri de Iquique. El segundo es el que se refiere a la intención de bajar aguas del río Desaguadero hacia Tacna. Sobre el particular, se debe recordar que el Desaguadero es un río internacional en su primera parte, y luego se interna en nuestro territorio y, por tanto, el uso de sus aguas no pueden ser desviadas sin anuencia de las dos partes. Además, existe una comisión mixta permanente, la “Autoridad Binacional del Lago Titicaca”, encargada de vigilar que no baje el espejo de las aguas del lago para que no se produzca una gran sequía en la zona altiplánica peruano - boliviana.
Lo lamentable de todos estos proyectos es que han sido planificados pensando en nuestro país pero sin haber existido ningún acuerdo bilateral. El enfriamiento de nuestras relaciones con el gobierno de Alan García ha permitido esta irregularidad que a la larga dañará la tradicional hermandad de los pueblos boliviano y peruano. Conviene por ello que el Gobierno nacional en general y la Cancillería en particular, se aboquen a reconstituir nuestras relaciones con el Perú, para que esos importantísimos proyectos presenta- dos por Alan García en Tacna, no sólo sean llevados adelante en beneficio del Perú sino también de Bolivia.
*Ramiro Prudencio Lizón es diplomático e historiador.
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