Asfixiado por el bloqueo israelí, el Líbano está al borde de una crisis humanitaria de grandes proporciones, sobre todo en el sur, donde las organizaciones internacionales se aprestan a abrir una nueva ruta que permita subsistir a más de 22.000 personas.
“La situación es desalentadora. Primero destruyeron el único puente que quedaba practicable. Ahora, nos amenazan los judíos. La situación allí abajo comienza a ser muy crítica”, aseguró un responsable de la Cruz Roja.
Mientras tanto, en la capital, es tarea casi imposible hallar una estación de servicio abierta y las pocas que todavía funcionan
sólo suministran 20 litros de gasolina a los desesperados conductores, que esperan horas.
La situación es dramática en los hospitales, donde de seguir el asedio deberán empezar a cerrar sus puertas. Otra de las grandes preocupaciones es asegurar el alimento para el cerca de un millón de desplazados que se hacinan en escuelas y casas de familiares y en las montañas del norte del país. Beirut, EFE