Escribir acerca de las verdaderas razones detrás del conflicto de Medio Oriente, le podría costar a un columnista estadounidense convertirse automáticamente en elemento subversivo y gradualmente en un paria. Las fuerzas del poderoso establishment
político y mediático actúan silenciosamente, pero con gran eficiencia, y no perdonan la mínima osadía de salirse de esa especie de libreto común que se repite en los ámbitos de opinión política y académica. No se explica de otra manera la superficial y espectacular crónica de guerra que relata con cínica frialdad los bombardeos israelíes contra el Líbano, sin más contexto que la farsa diplomática internacional que ha permitido que esto ocurra.
El secuestro de dos oficiales israelíes por las milicias de Hezbolah es sin duda una explicación insuficiente para una reacción militar a gran escala, a través de la cual se bombardean poblaciones civiles a vista y paciencia de los autoproclamados paladines de los derechos humanos en el mundo. La falta de información de contexto y de análisis político ha convertido este sangriento episodio en un capítulo más de la popular guerra contra el terrorismo, cuando en realidad, las razones de fondo son muy distintas.
Por suerte, yo no escribo en los Estados Unidos y no tengo ninguna razón que me impida expresar sin medias tintas, que este es un tema que hay que verlo desde la perspectiva de dominio hegemónico del imperio militar estadounidense. Así nomás es. Para los Estados Unidos, el control del Medio Oriente es un tema crucial por varias razones. Primero, y esto no debe sorprendernos, por una cuestión de dinero y de intereses económicos. La dependencia energética de los Estados Unidos en relación al petróleo árabe y la enorme presencia e influencia financiera judía y saudita en la economía gringa, son de por sí razón suficiente para justificar cualquier tipo de aventura que garantice el control de la región. En la misma línea platera está claro que a la estancada economía norteamericana, no le viene nada mal una guerrita cada cierto tiempo; la producción de armas y la asistencia logística al ejército son un gran negocio, sin hablar, claro, de los contratos de “reconstrucción” que sobrevienen después de arrasar con el enemigo de turno.
Pero el problema no es así de simple. Junto a los poderosos bussiness que financian el sistema político, se encuentra el integrismo conservador republicano, que a la cabeza de George W. han decidido lanzar una nueva cruzada religiosa contra el Islam. Parecería que el islamismo no alineado con occidente es el último enemigo que resiste el triunfo global del liberalismo cristiano.
Don Dinero y el fundamentalismo religioso norteamericano se encuentran nuevamente como el hambre y las ganas de comer, desatando una guerra que tendrá como objetivo final el aniquilamiento de Irán, que con su programa nuclear, se convierte en un riesgo inadmisible para las pretensiones de un régimen hegemónico unipolar. Ahora o nunca, le estarán soplando al oído a George W. sus verdaderos patrones. Y si para eso tenemos que generar condiciones para un ataque nuclear, que más da, ya después veremos cómo le explicamos al mundo lo que tuvimos que hacer para prevalecer.
¿Ciencia ficción? ¿Paranoia conspirativa? Ojalá. Pero para mí esta es la real trama de una escalada bélica en la que Israel actúa con la misma alevosía con la que fue victimada, y con la que hoy ha perdido toda su autoridad moral. Lo que no ha perdido son los veinte mil millones anuales que recibe de EEUU para hacer lo que está haciendo.
*Ilya Fortún es comunicador social.
Dos Bolivias
Aunque, hoy, existe un estudio que determina que sólo el 19 por ciento de la población boliviana sería indígena y un 65 por ciento mestizo, un dato circuló por el mundo, que dice que los indígenas alcanzan al 62 por ciento del total.
¿Fin de la era Castro?
Se agotó la era del legendario Fidel Castro. Por un problema de salud, después de 47 años en el poder, dio la sucesión provisional a su hermano Raúl, Jefe de las FFAA.
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“Por primera vez en la historia de Bolivia, las FFAA y los pueblos originarios marchan unidos”, repetían machaconamente los periodistas impresionados por el paso de columnas de pueblos indígenas al son de las marchas militares este 6 de agosto.
El reloj de Taipichullo
Siento pena del viejo reloj de Taipichullo. La esfera, ya dañada, mostraba la vejez lúcida, irónica de quien ha dado muchas vueltas, señalado muchas mediasnoches...