El escenario regional sudamericano se está poniendo interesante con la aparición de iniciativas para nuevos agrupamientos de países, con visiones diferentes en torno a las modalidades de inserción en los mercados internacionales y particularmente a partir del tipo de relacionamiento comercial que tienen con los EEUU.
Veamos algunos eventos: el canciller chileno Foxley dijo que Chile está interesado en reincorporarse a la CAN, buscando la creación de una nueva agrupación de países latinoamericanos con costa en el Pacífico, todos los cuales concluyeron negociaciones de Tratados de Libre Comercio con EEUU y están en proceso de incorporarse dinámicamente a la APEC, que es el Foro Económico de los Países de la Cuenca del Pacífico. El nuevo Canciller de Perú y el Ministro de Comercio de Colombia se han sumado de inmediato a esa iniciativa. En enero del próximo año, Colombia será país sede de una reunión ministerial que probablemente dé inicio a un proceso que culminaría en una “Zona de Libre Comercio del Pacífico Latinoamericano”.
Por el otro lado, el del Atlántico, Venezuela se retira de la Comunidad Andina y se adhiere al Mercosur, esquema de integración que coincide en no haber negociado ni tener la pretensión de negociar acuerdo comercial alguno con el país del Norte. La expansión geográfica del Mercosur, que implica ese hecho, se ha dado en un marco discursivo donde prima una postura confrontacional con EEUU y, en la reciente reunión cumbre de Córdoba, se anunció la posible incorporación de Cuba y de Bolivia como miembros plenos. Las coincidencias en torno a una agenda social más inclusiva y la integración energética con el Gasoducto del Sur son los aspectos novedosos.
En la iniciativa de la costa del Pacífico, se trata de generar nexos comerciales con las áreas más dinámicas de la economía mundial, como es la cuenca del Pacífico, buscando sustentar el crecimiento en la expansión de las exportaciones y en la integración a la economía global. En el caso “Mercosureano”, parece que el interés principal es un desarrollo basado en la expansión de la economía regional, con la locomotora brasilera, la base de la integración energética y la industrialización de lo recursos naturales, es decir, un desarrollo “hacia adentro”.
Los países sudamericanos, que desde el año 2000 habían desarrollado una iniciativa para construir un espacio integrado en el continente llamado Comunidad Sudamericana de Naciones, pretenden en su IV Cumbre darle un mayor dinamismo al proceso. El cuestionamiento que surge de inmediato considerando la información precedente es: ¿continúa siendo un objetivo de prioridad para los gobiernos de la región la construcción de un espacio sudamericano integrado? o ¿diferencias de enfoque que han surgido en el último tiempo estarían determinando la segmentación de intereses en la región? y ¿qué rol puede jugar nuestro país, persiguiendo cuál objetivo?
En torno al primer cuestionamiento, los mismos ministros de Chile, Colombia y Perú, antes mencionados, han dicho que el nuevo emprendimiento del Pacífico no pretende crear nuevos bloques de poder político, ni significa un alejamiento o distanciamiento con el Mercosur o darle la espalda al proceso sudamericano de integración. La segunda pregunta en cambio, parece remitirnos a inexorables tendencias divergentes, con base estructural que se están asentando y plantean visiones políticas e ideológicas diferentes respecto a la mejor manera de insertarse en la economía global, y sobre todo, la mejor estrategia de desarrollo. Esto evidentemente tendrá consecuencias para el proceso de integración sudamericano y puede ser un factor que lo retrase o le reste prioridad en la agenda de los países, más allá de las voluntades políticas y declaraciones de buenas intenciones.
Nuestro país además de mediterráneo está en una situación de encrucijada, porque manifiesta intereses y orientaciones ambivalentes. En efecto, Bolivia está recibiendo invitaciones para incorporarse al Mercosur, siguiendo los pasos de Venezuela y se ha manifestado en contra de un TLC con los EEUU. Sin embargo, al mismo tiempo plantea la necesidad de continuar buscando mecanismos comerciales para que ese mercado siga manteniendo preferencias para nuestras exportaciones y, en la CAN, solicitamos la preservación de mercados para el sector agroindustrial. Por el lado del Mercosur la agenda de integración energética tiene en Bolivia a un jugador estratégico como abastecedor principal de gas y, en tal mérito, interesante socio comercial.
Para complicar el panorama su condición de presidente protémpore de la CAN y en vísperas de asumir la presidencia de la Comunidad Sudamericana de Naciones, en tanto país sede de la Cumbre Presidencial de diciembre próximo, le plantean a nuestro gobierno el desafío de articular un rol proactivo en la búsqueda de los mecanismos que permitan la preservación del proyecto integrador sudamericano. Más aún si es de su interés sustantivo tener una proyección y una gravitación hacia ambos océanos y hacia el Himterland sudamericano, como señala el marco doctrinario de nuestra política exterior, lo que implicaría el objetivo de buscar que nuestro país no resulte aislado de ambos o alguno de esos procesos.
En ese escenario, nos parece que en los próximos meses nuestro gobierno estará definiendo rumbos estratégicos que van a determinar realidades por décadas. Esto quiere decir que actualmente tiene una responsabilidad histórica que demanda mucha creatividad y la mayor prudencia para darle a nuestro destino, que inexorablemente se encuentra ligado al de la región en su conjunto y a nuestros vecinos en particular, una perspectiva adecuada para un futuro con proyección y gravitación creciente.
*Alfredo Seoane es diplomático de carrera y formó parte del equipo de la Unidad de Análisis de Política Exterior por varios años.
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