La preocupación aumentaba ayer en España y Portugal por la persistencia de los incendios forestales alimentados desde hace una semana por incendiarios y unas condiciones climáticas favorables al aumento de la superficie en llamas.
En Galicia, donde la situación es la más dramática en la península ibérica, "hay incendios estratégicos, planificados con una muy mala intención", denunció el ministro español del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba.
Unas siete mil personas participaron en las últimas horas en la lucha contra el fuego. Sin embargo, y pese al despliegue de medios aéreos y terrestres, el avance de las llamas no cede.
Un total de 135 incendios consumen los bosques gallegos y ayer se han incorporado a las tareas de extinción 400 voluntarios, de los que un centenar son bomberos de otras regiones del país.
Mientras tanto, más de 2.200 bomberos combaten los 25 incendios activos en Portugal. El fuego que más atención requiere se encuentra sin control desde el jueves en Leiria (centro), en el que trabajan aproximadamente unos 335 hombres, apoyados por 90 vehículos y tres aeronaves.
Este incendio sorprendió a las aldeas aisladas en la sierra de Candeiros donde las llamas rodearon varias casas. Los efectivos no se veían capaces de impedir su propagación, por lo que las autoridades enviaron cuatro aviones de refuerzo. Santiago de Compostela, Lisboa; EFE