Las potencias mundiales no suelen mirar a Bolivia con atención. Se comprende por qué. Pero algunas veces sí lo hacen. Creo que estamos en uno de esos momentos.
Hay una empresa china que está tocando las puertas del país desde hace por lo menos dos meses. Lo hace con sutileza china. Con guantes de seda.
Luneng Chandong es el nombre de la empresa china que da esos golpes tan suaves a las puertas de Bolivia. Ha anunciado que se propone construir en Tacna un megapuerto y un complejo ferroviario hacia Lima y La Paz que costará 10.000 millones de dólares.
Los bolivianos, por supuesto, no nos hemos enterado. Estamos demasiado atentos a los temas que nos dividen y no tenemos tiempo para atender a la primera potencia económica del siglo XXI.
Un país de 1.300 millones de habitantes, con más de 200 pueblos, todos originarios, mucho más originarios que otros, y sin embargo decididos a hacer un solo país, una potencia mundial. Un día decidieron que harían una nación y todo lo demás pasó a ser de segundo orden. Eligieron un idioma para entenderse entre ellos. Y otro para entenderse con el resto del mundo. Lo importante es vivir bien, dicen ellos.
Ese país, que crece a un ritmo de 11 por ciento anual desde hace cerca de 15 años, es el que nos está mirando. Es el que consume en este momento 45 por ciento de todo el acero que se produce en el mundo. Y muestra la tendencia a consumir todavía un porcentaje mayor.
La empresa a cargo de dar los golpecitos a las puertas de Bolivia dice que el megapuerto de Tacna se justificaría sólo porque quieren ocuparse del transporte del mineral de hierro o lo que sea que salga del Mutún, con destino a la China.
La sutileza china: han elegido Tacna para poner el puerto. La delicadeza china: ni pensar que el megapuerto sea instalado en un puerto controlado por Chile. Los chinos saben de historia y de geopolítica. No quieren ni siquiera rozar susceptibilidades.
La empresa ha dicho, con toda suavidad, que si fuera necesario entraría en sociedad con la india Jindal Steel & Power, pero que quiere tener participación en la explotación del Mutún.
Los golpes comenzaron a sonar cuando se estaba haciendo la licitación. No cesaron ni siquiera cuando se anunció la adjudicación. Y persisten ahora, cuando el ministro de Desarrollo Económico, Carlos Villegas, dice que podría cambiar de planes y, quizá, llamar a otra licitación. Lo que quiere el ministro, con toda razón, es que el país reciba algo más del cinco por ciento de regalías que ofrece la Jindal.
Estas indecisiones del ministro se producen mientras siguen resonando los suaves golpes de la empresa china. Suaves golpes que, sin embargo, ha puesto muy nerviosos a peruanos y chilenos, que sienten la posibilidad de que pronto la potencia del siglo XXI ponga un pie en las costas del Pacífico sudamericano y modifique el equilibrio portuario y geopolítico.
El ministro Villegas parece haber sentido los golpes que el dragón está dando a las puertas de Bolivia. Tendría que percatarse de la importancia histórica de este momento. Bolivia podría asociarse con el primer consumidor de acero del mundo, con la potencia emergente de este siglo. No es poca cosa. Y el dragón sigue tocando la puerta.
*Humberto Vacaflor G. es periodista.
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