Una colorida caravana de Peugeot 307 se desplazó por los milenarios paisajes de San Salvador de Jujuy, Termas de Reyes y Purmamarca.
Texto y Fotos: Beatriz Andrade D.
El sol de San Salvador de Jujuy, al norte de Argentina, pinta el paisaje de la mañana y destella sobre las carrocerías metálicas gris, roja, azul china, oro y negra de los vehículos Peugeot 307.
En una larga fila, los modelos cero kilómetros del nuevo sedán presentan, en cada detalle, los últimos avances tecnológicos en materia de automóviles. Los carros están apostados en espera de los periodistas y conductores que en esta ocasión harán de pilotos para probar la fuerza y velocidad del motor, el confort del habitáculo y la seguridad que ofrece la cuarta versión de esta línea de automóviles.
Al mando del sedán, la humanidad del aventurero halla comodidad gracias a la suspensión y a las posiciones del asiento, las que se encuentran regulando la altura, profundidad y distancia.
Todo está listo para dar la partida y comenzar el primero de los tres tramos que recorren los caminos de Valle y Quebrada, poblaciones de la provincia de Jujuy a 1.200 metros sobre el nivel del mar.
El lugar para el circuito fue elegido por los organizadores de Peugeot para mostrar las cualidades y funcionamiento del vehículo en una región altiplánica de una altura relativa. La etapa asegura 100 kilómetros de aventura, experiencia que comienza en el aeropuerto de San Salvador y toma las vías de la Tacita de Plata, nombre que ilustra la geografía de estas sierras.
La caravana de más de 12 automóviles atraviesa la carretera custodiada por montañas, en el triángulo que forman los altos herbosos de Nieva y los ríos Xibi-Xibi y Grande. Por aquella vía, los carros toman una velocidad de casi 180 kilómetros por hora hasta divisar cómo se perfilan las zonas rojizas y rocosas de las poblaciones de Tilcara y Volcán.
Sinfín de morritos invaden la carretera y anuncian en nuevo recorrido, esta vez por los caminos de tierra, senderos que se confunden con las sierras coloreadas por varias tonalidades. Una paleta que va desde el rojo hasta el azul se mezclan con el celaje que cobija el pueblo de Purmamarca, nombre que en lengua aymara significa “pueblo de la tierra virgen”.
Los conductores hacen una parada para almorzar. El queso de cabra anticipa la cazuela de cordero, platos tradicionales del lugar. Luego, un paseo por el mercado artesanal, por la Peatonal y por el museo que guarda celosamente cuadros de la época de la colonia, complementan la visión de una rústica arquitectura combinada con las construcciones del siglo XVII que se yerguen a los lados de las estrechas calles precoloniales.
El sol de la tarde comienza a calcinar la ruta que avisa el inicio del segundo tramo, desde Purmamarca hasta Termas de Reyes.
La tradición milenaria El road book indica 80 kilómetros en los que el paisaje presenta orgulloso un bosque de cactus y cardones con la corteza cubierta de espinas que parecen agujas de oro de hasta 30 centímetros.
El día comienza a esconderse tras las montañas multicolores. Sobre el camino de tierra yacen las huellas de las llantas, señal de que se han adherido a la perfección. Así entre curva y curva, los viajeros descubren el final de la senda en Terma de Reyes, donde se encuentra la calma y el descanso en los ambientes del hotel-spa que lleva el mismo nombre.
Termas de Reyes debe su nombre a los reyes incas, quienes —como narra la historia— llegaban de Cusco a disfrutar las virtudes de las aguas termales que han emergido a lo largo de la cordillera de los Andes, en lugares que por entonces eran sagrados.
El termómetro del tablero acusa 20 grados centígrados en el interior del coche. Pero, con el toque de un botón, el ambiente se torna agradable, a la temperatura precisa, pues el sedán tiene un climatizador automático. Sin embargo, pilotos y acompañantes sacan de un compartimiento posterior a la guantera del coche, una botella refrigerada de agua y toman unos sorbos que les refrescan tanto como el viento y el mismo atardecer.
Los Peugeot llegan al hotel Las Termas de Reyes, al Sureste de la provincia a 1.850 metros sobre el nivel del mar. Una estela rojiza de arcilla se levanta tras los autos que han concluido con el segundo circuito sobre terreno de tierra.
Las cálidas aguas saturadas de minerales salen con fuerza, hidromasaje que devuelve vitalidad al organismo. Es un fluir de sensaciones en el que uno se deja guiar por la quietud del lugar mientras arriba, en el cielo, las estrellas ya se han adueñado de la noche. Es tiempo de un sueño reparador.
Los rayos de sol se anticipan al despertador automático que avisa la próxima salida para el último tramo de 52 kilómetros, esta vez en vehículos de prueba de la reconocida marca francesa.
Termas de Reyes va quedando atrás. Los ojos de los copilotos siguen el mapa que se dibuja en el libro de rutas, el tramo indica Villa Jardín de Reyes y Arroyo Borrungo, sitios que regalan a la vista escenarios inolvidables.
La pericia de los conductores y su pasión por los coches han puesto a prueba el sedán. Se ha demostrado, en diferentes terrenos, que el Nuevo Peugeot 307, “cumple adecuadamente con las necesidades no sólo domésticas, sino con las exigencias de pilotos profesionales”, experimentados en circuitos de prueba de varias marcas de vehículos como lo es el español José Carlos de Santiago.
La caravana va llegando al parqueo del aeropuerto de San Salvador de Jujuy, donde se acomodan ordenadamente los vehículos mostrando sus elegantes líneas y formas exteriores, sin dejar de lado ese particular estilo deportivo.
La tercera etapa y la misma travesía han terminado. Tiempo de retornar a Buenos Aires. Pero la aventura no ha concluido. En la memoria queda el aroma del polvo del camino, el vértigo en las curvas de las carreteras, la sensación de seguridad en la cabina, la libertad que se respira en el viento...