Algunos anticastristas de Estados Unidos están pensando ya en cómo recuperar las propiedades que Castro les quitó. Otros piden cautela.
Texto: El País de Madrid Fotos: AFP
La actividad del exilio cubano de Miami ha pasado de la explosión de alegría inicial en las calles al debate en las aulas de las universidades y al frenesí en los despachos de los abogados. En la mente de todos está no sólo la política, sino también la economía, aliñada con la sobredosis de pasión con la que se mira desde aquí a todo lo relacionado con Cuba. A eso hay que añadirle el valor político del voto cubano de Florida, cuyo peso ha conseguido mantener un embargo comercial contra el que muchas empresas estadounidenses no están nada de acuerdo.
“Nadie confía en que Raúl pueda impulsar la apertura económica porque ahora Cuba, ayudada por Chávez, está mucho mejor que hace 10 años y no es imprescindible para su supervivencia hacer reformas”, asegura Jorge Piñón, del Institute for Cuban and Cuban-American Studies. Pero la salida de Castro del poder acerca un poco más el futuro a un cambio, que desde el prisma de Miami pasaría por la liberalización de los precios, la privatización de empresas y bancos, el estímulo de la pequeña empresa y la creación de mecanismos de protección social, según se debatió en un encuentro reciente de la Asociación de Estudios para la Economía Cubana (ASCE), una organización que lleva 15 años estudiando escenarios para una posible transición en Cuba.
Uno de los puntos más conflictivos es el de la recuperación de las propiedades nacionalizadas por Castro en 1960, cuyo valor era entonces de 9.000 millones de dólares.
Con todo, Tomás Rodríguez lanzaba un mensaje tranquilizador hacia la isla hace algunos días a través de las ondas del programa de radio Agenda Cuba, que lleva el nombre de su organización, de apoyo a la disidencia: “Ningún cubano de Miami piensa en ir a quitarle su casa a los cubanos”, decía.
“Hay que contrarrestar los años de propaganda castrista, que han alimentado ese miedo. En Miami todos coinciden en que cuando la isla se abra, esos reclamos, que se producirán —ya hay puestas cerca de 6.000 demandas—, no afectarán a los residentes”, completaba.
“Lo más factible es que el Estado entregue títulos de propiedad a la gente de la isla, a precios simbólicos, para que, además, los cubanos tengan la posibilidad de vender sus casas y aumentar la movilidad laboral”, propone el español Ricardo Lago, miembro de la ASCE y ex funcionario del Banco Europeo de Reconstrucción y de Desarrollo.
“El Estado, por otro lado, tendría que dar bonos como compensación a propietarios de empresas y terratenientes, pero la restitución no es recomendable porque entonces los activos productivos quedarían inutilizables durante la duración de los litigios”, añade.
Pero, en ese sentido, la lucha promete ser más dura, puesto que ya está en marcha. Alberto Bergueristain, de 74 años, poseía por ejemplo azucareras, destilerías “y miles de hectáreas de tierras”. Y quiere recuperarlo todo, “menos las casas, porque yo no voy a echar a la calle a mis compatriotas”. Él es uno de los más de 100 clientes del abogado Nicolás Gutiérrez, quien, amparándose en el embargo garantizado por la ley Helms-Burton, que penaliza a las empresas que trafican con los bienes expropiados por Castro, espera que el Gobierno de EEUU castigue, entre otras, a la empresa española Meliá, un gran grupo hotelero que opera en Holguín, en antiguos terrenos de otra familia del exilio, los Sánchez Hill.
Las demandas llevan años interpuestas, pero en estas últimas semanas varios de sus clientes “se han interesado por el futuro”, asegura Gutiérrez. De momento, todos ellos aspiran a desalentar la inversión extranjera. “Cuando llegue la democracia, el pueblo decidirá, pero el Estado tendrá que compensarnos, como en Rusia”, sentencia Bergueristain.
Éxito en los negocios
El exilio cubano de Florida ha sido particularmente exitoso en los negocios. Casi el 60% tiene casas en propiedad, muy por encima de la media estadounidense, y empresas propias. “Esa es la gran diferencia con los países del Este. Ellos no tenían una clase empresarial capacitada. Los cubanos sí, aunque vengan de Miami. Será necesaria una reconciliación nacional para superar el resentimiento político, pero seguro que prefieren más eso a que todas las inversiones sean extranjeras”, asegura Ricardo Lago.
Sin embargo, según José Pallí, fundador del USA-Cuba Legal Forum, que trata de acercar la realidad legal de Cuba a EEUU, el desconocimiento sobre la isla de los últimos años jugará seriamente en contra del exilio. “Aquí hemos creído que aislábamos a Castro, pero los aislados somos nosotros. Conocer el marco legal de ahora para poder enfrentar los cambios es clave, porque antes de que se pueda invertir hay que crear un consistente marco jurídico. Para trabajar juntos, hay que conocer”.