Ciertamente mi nota del martes pasado estaba dirigida —y bien dirigida - a la testa de Fernando Salazar Paredes. Si no lo mencioné fue por vergüenza ajena y porque, con cuatro trazos sobre el papel, toda la gente sabe de quién se trata. No es desconocido este personaje que nacido en la Democracia Cristiana, pasó por la UDP, fue ministro de la señora Gueiler, y luego, un filomovimientista y decepcionado seguidor de Gonzalo Sánchez de Lozada de quien esperaba mucho —ser Canciller seguramente— y al que Goni finalmente no le dio nada. Desde entonces lo odio.
Conocido escribidor de mamotretos que recopila, no tuvo empacho en dedicarle uno de 1.250 páginas a don Enrique Sánchez de Lozada, diplomático fallecido y padre del ex Presidente hoy en el exilio. Pero, curiosamente, el mismo mamotreto se lo dedica, con agradecimiento, a Wagner Canhedo Azevedo, dueño de VASP, el descuartizador que canibalizó el LAB, del que este diestro abogado —Salazar— fue su presidente por aquellas épocas capitalizadoras que llevaron a la quiebra a la empresa.
Ya que Salazar se tomó su tiempo para hacer un perfil de mi personalidad —dizque afecta a los gobiernos dictatoriales— yo me tomé el mío que no ha necesitado de más de dos párrafos. Sin embargo, quiero dejar en claro que si bien fui amigo y colaborador estrecho del general Banzer, no lo fui nunca del general García Meza, pero me da asco sumarme a los cuervos carroñeros que ahora lo devoran. Durante su Gobierno fui embajador en España, como fueron otros colegas míos. Todos estábamos en la carrera diplomática y ninguno renunció porque se hubiera impuesto un nuevo régimen militar. ¡Faltaba más, en un país donde sólo había dictaduras! Porque hasta el mismo Salazar se filtró en la Cancillería durante el gobierno dictatorial del general J.J. Torres.
Pero volvamos al motivo de esta respuesta a Salazar. Es un sinsentido que siga afirmando que la actual Cancillería responde a la influencia de las dictaduras del pasado. Y es una tontería porque quienes ahora se desempeñan en el Servicio eran unos imberbes hace 26 años, cuando García Meza tomó el poder o no habían nacido cuando el general Barrientos le dio el trastazo en la nuca al Dr. Paz.
Salazar hace un alarde de ingenio, que, conociéndolo, no ha salido de su sesera: “los diplomáticos tienen un valor inversamente proporcional al costo de sus corbatas”. Con esto —siempre en su afán de caerle simpático al Presidente y heredarle el cargo a Choquehuanca— se congracia con la diplomacia “naif” de los ponchos, colas, melenas, disfraces y aromas de este Gobierno de la “cosmovisión” andina. Se equivoca Salazar si cree que atacando a la Academia Diplomática va a ablandar a Evo Morales. Salvo que su reconocida destreza y su mamotreto —que Choquehuanca lo usaría de almohada porque no lee— lo ayuden.
*Manfredo Kempff es escritor y diplomático.
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