Los intelectuales deben darse cuenta que el que calla otorga y que la ciudadanía está esperando una orientación. El martes pasado estuve en la feria del libro de La Paz para presentar un libro que sobre el obispado de Santa Cruz de la Sierra he escrito con el Arq. Víctor Hugo Limpias. Aprovechando que los asistentes al acto eran connotados intelectuales, especialmente historiadores, hice un par de reflexiones que hoy quiero compartir con ustedes. En primer lugar recordé lo que vengo repitiendo machaconamente hace cuarenta años: somos un continente mestizo;
somos un país mestizo; que sólo cuando asumamos esta realidad dejaremos de ser los parias de la historia de la humanidad. El inicio del mestizaje —que coincide con el inicio del proceso de colonización de las tierras americanas, pues supone el violento choque entre las culturas aborígenes y la conquistadora— es también el inicio de esa nueva realidad que se llama América, que de acuerdo a las regiones y a las características de la culturas aborígenes se irá regionalizando y enriqueciendo poco a poco. Ser mestizo no es una actitud folklórica; no se trata, por tanto, de disfrazarse de mestizo. Ser mestizo es una forma de ser y de estar en el mundo; el mestizo es el creador de una cultura singular —que no es ni indígena americana ni europea, sino americana— que está esperando la oportunidad de mostrar al mundo que efectivamente América puede ser la esperanza del mundo (tal es la responsabilidad que tenemos los latinoamericanos).
Asimismo, recordé a los presentes que a 181 años de la creación de Bolivia los bolivianos estamos viviendo momentos muy difíciles en los que pareciera que todo lo construido a partir de 1525 —cuando llegaron los españoles a tierras de lo que luego será Charcas— se está desmoronando, porque nos están haciendo creer que nada de lo hecho vale la pena, que hay que borrar todo ese pasado y volver a las culturas originarias y más concretamente a la aymara, que está siendo construida de acuerdo a las actuales necesidades políticas. Se trata de una campaña sistemática que nos está bombardeando continuamente. Este bombardeo incluye desde el anteproyecto de la educación boliviana presentado por el Ministerio de Educación hasta la declaratoria de la casa natal de Evo Morales en Orinoca como patrimonio histórico nacional; desde la
propuesta de un plan cultural presentado por el Viceministerio de Culturas que sólo tiene en cuenta las culturas originarias y desconoce lo mestizo hasta la emisión de estampillas conmemorativas con la foto del presidente Morales; desde el intento de imponer la wiphala como símbolo patrio porque se trata de una bandera genuinamente indígena y no es excluyente, aunque todos conocemos el origen de esta bandera hasta las descabelladas afirmaciones que la festividad de la virgen de Urkupiña tiene origen prehispánico o que la morenada es de origen
¡aymara! o que el traje de los
macheteros y el de las cholas es auténticamente originario; desde la propuesta de cambiar el nombre del país por el de Collasuyo (¿lo habrán comentado con el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela?) hasta rebautizar la plaza Murillo con el nombre de Tupac Catari; y así un interminable etcétera que va surgiendo cada día. Y de pronto no queda otra que preguntarle y preguntarle a todos ustedes, ¿y dónde están los intelectuales del país? Y esta pregunta la dirijo de manera especial a los intelectuales paceños que siempre se han caracterizado por un agudo espíritu crítico y contestatario. Creo que ha llegado el momento de decir basta a este despropósito malévolo y suicida que nos puede llevar al aniquilamiento. Los intelectuales deben darse cuenta que el que calla otorga y que la ciudadanía está esperando una orientación clara de gente calificada que le muestre el camino. De una forma u otra todos y todas estamos convencidos que Bolivia es una y
diversa; que Bolivia, nosotros en definitiva, es fruto del mestizaje biológico y cultural y que en eso radica su singularidad y su fuerza, pero es necesario que lo digamos, que hagamos oír nuestra voz.
Asimismo es necesario hacer oír nuestra voz de protesta por el desaire que los “libreros” venezolanos han hecho a la Feria Internacional del Libro de La Paz. Recordemos que este país es el invitado de honor de este evento, pero que no han tenido el menor empacho —so pretexto que se trata de una feria mercantilista y que no les estaban dando los espacios adecuados— de renunciar pública y malcriadamente a este honor, abandonar el recinto ferial e irse a una contraferia apañada por los vendedores de ¡ediciones piratas! Al fin y al cabo la feria paceña es nuestra; ¿vamos a dejar que se la humille de esa forma? Hasta donde sé, sólo se ha manifestado públicamente Juan Claudio Lechín a quien, con justa razón ha querido escribir, pero le ha salido espuma. ¿Y los demás?
*Alcides Parejas Moreno es historiador.
El Quijote de Cervantes
Una obra maestra literaria espectacular —un relato por muchos/as conocido, pero no por todos/as leído— es la leyenda del caballero de la triste figura: “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”.
Mal juicio a Sadam
“La justicia ha estado en Irak bajo control gubernamental durante 25 años, y el juicio se desarrolla en un país convulso, al borde de la guerra civil...”
Iracundia contra la Cancillería
Ciertamente mi nota del martes pasado estaba dirigida —y bien dirigida - a la testa de Fernando Salazar Paredes. Si no lo mencioné fue por vergüenza ajena y porque, con cuatro trazos sobre el papel, toda la gente sabe de quién se trata.
La licitación del Mutún
Corresponde sugerir a las autoridades de gobierno reconsiderar desde sus inicios el proceso de licitación del Mutún debido a razones legales y también técnico-económicas.