La tercera sección de la provincia Esteban Arce de Cochabamba floreció en el cultivo del durazno, gracias al envío de remesas desde Estados Unidos.
El autor del libro No llores, prenda, pronto volveré, Leonardo de la Torre, apoyado por la fundación PIEB, menciona que a partir de 1985, esta región comenzó a crecer en producción con los envíos de dinero "de los trabajadores en el exterior".
El promedio para hacer producir en la parte alta del valle cochabambino "es de entre ocho mil a 12 mil dólares por hectárea, que en un sector tan pobre sólo se explica con una inversión desde el exterior", dice De la Torre.
El orgullo de los residentes en Virginia (EEUU) es tener sembradíos "para su jubilación" y volver al país, pero además poder ostentar la posibilidad de ofrecer fuentes de trabajo a sus paisanos, porque contratan a familias enteras para el cuidado de los duraznales, asegura el escritor.
Gracias al dinero acumulado por las remesas, dijo, se logró obtener agua, muy preciada en el valle alto y establecer una asociación de productores de durazno, que comenzó a industrializar el fruto, traducido en desayuno escolar para su región, así como mermeladas y sus derivados. "El control se realiza desde el exterior", explicó.