A los seis meses de ejercicio, el Gobierno se sometió a una práctica de crítica y autocrítica, de la que esperamos, por lo menos, buenos propósitos. Entre las promesas que empezó a cumplir, la más trascendente es la de haber lanzado a navegar la Asamblea Constituyente. Aunque, sólo al empezar ya topó con las intenciones aviesas del MAS para “ganarlas todas”, a base de aplicar la fórmula de la mayoría absoluta y no los dos tercios, como lo manda la Constitución y la Ley de Convocatoria, para aprobar las reformas a la Constitución. Son vicios propios del autoritarismo que tanto embelesa al Sr. Presidente. Y más, cuando algún adulador lanzó la idea de proponerle para el Premio Nobel. El vicepresidente García Linera también comulga con esas manifestaciones absolutistas. Mal empezamos si el partido dominante va mostrado día a día sus inclinaciones antidemocrático.
Imagino que una de las primeras autocríticas que se formularon en las frías orillas del Lago Sagrado, donde se reunieron las más altas autoridades del Estado, fue el deficiente manejo de las negociaciones con las empresas de gas. Si bien se logró aumentar levemente el precio de venta a la Argentina, el Gobierno boliviano no pudo hacer lo mismo con la brasileña Petrobras. Se equivocó de medio a medio cuando pensó que lo conseguiría por el engañoso compadrerío entre Evo y Lula. Pero los brasileños prefieren los negocios saneados que los fotográficos abrazos presidenciales. Tampoco avanzó con las otras compañías con las que el Gobierno más parece buscar la enconada contienda que el diálogo pragmático, provechoso para todos.
El Gobierno tampoco alcanzó a resucitar YPFB, aunque sí aprobó decretos y prodigó nombramientos para dirigir la totalidad de la cadena productiva de los hidrocarburos, pero, sin tener los recursos económicos ni técnicos para llevar adelante tan complejo emprendimiento. Ni faltó el toque pringoso de las denuncias formuladas por el Superintendente de Hidrocarburos sobre una operación con visos de negociado. ¡Pues sí que empiezan pronto los pringues!
Dudo que en la reunión del Titicaca los gobernantes se hayan cuestionado la infame práctica del linchamiento de toda persona que les desagrada. Lo hicieron con el presidente del SNC, José María Bacovik. Lincharon al ex presidente del Banco Central Juan Antonio Morales con acusaciones fraguadas. Vejaron la dignidad profesional de la gerente, Marcela Nogales, encarcelándola sin guardar las normas legales. Tratan de linchar al cuestionado prefecto paceño José Luis Paredes porque el MAS quiere birlarse su importante cargo. También han anunciado entablar un juicio de responsabilidades contra el honorable ex presidente Eduardo Rodríguez Veltzé y declararlo traidor a la patria, por los misiles chinitos. ¿Quién será la próxima víctima de la troglodítica Ley de Lynch? Ya lo sabemos porque un diputado masista ha hecho público que ha iniciado la investigación sobre el jefe de UN, Doria Medina, y del jefe de Podemos, Jorge Tuto Quiroga. ¿Quiénes más están en lista de espera? ¿Por qué no los sospechosos del MAS? Una autocrítica sincera y valiente resultaría saludable y hasta edificante para un Gobierno que pretende pasar por justo.
*José Gramunt es sacerdote jesuita y director de ANF.
Los dos tercios son la clave democrática
Existe una tradición y práctica universal en el funcionamiento de los órganos colegiados, públicos y privados: a mayor importancia del tema que se va a decidir mayor es la mayoría exigida para la decisión.
El circo debe terminar
Grupos que actúan en las sombras están sacudiendo al país con una tramoya siniestra impulsada por un diputado inexperto. Inventaron un supuesto tráfico de influencias para detener la auditoría de dos campos petroleros, afectar la administración de YPFB
“Minorías re-tolerantes”
Hace unos días, cuando algunas organizaciones de la sociedad civil, incluyendo el sector empresarial pedían que la Asamblea Constituyente no sea cooptada por el MAS, que se respeten las leyes con las que se la convocó
Recordando a don Aniceto Arce
En este mes se ha cumplido el centenario de la muerte del presidente don Aniceto Arce. En efecto, el 14 de agosto de 1906 murió en su hacienda de Tirispaya, a los 92 años, luego de una ejemplar vida al servicio del país, plena de agitación, empuje, lucha y de desbordante energía.
Una omisión inadecuada de un acento
En mi nota de ayer "Iracundia contra la Cancillería", la omisión de un acento ha cambiado el sentido de la misma. Dice respecto a Fernando Salazar: "…Goni finalmente no le dio nada.