Hace unos días, cuando algunas organizaciones de la sociedad civil, incluyendo el sector empresarial pedían que la Asamblea Constituyente no sea cooptada por el MAS, que se respeten las leyes con las que se la convocó, que se piense más en el país que en el partido, que se respeten los 2/3 sin comprar alzamanos o alzapuños; en fin, que se imponga el Estado de Derecho y se respeten las leyes, el Vicepresidente de la República se refirió a estos grupos como “las minorías intolerantes”.
Para mí, cuando se habla de minorías intolerantes, las identifico con pequeños grupos que dinamitan las torres de electricidad, que pretenden conformar grupos pseudoguerrilleros y destruyen puentes y caminos, bloquean una calle o un barrio porque el Alcalde no hace las obras ofrecidas, toman una institución porque no se les ha dado las pegas ofrecidas, toman carreteras para que se atiendan sus pedidos al margen de la ley y quieren que la misma sea ignorada o “ajustada” a su medida, cercan a las personas y a las entidades porque de esa forma presionan para conseguir lo suyo sin pensar en el país, dinamitan al por mayor y al por menor en las calles más céntricas de las ciudades capitales, hacen paros en hospitales sin importar la salud o la vida de los en-fermos, también pienso en pequeños grupos que atacan a los que usan corbata porque ellos no lo hacen, o identifican este elegante artículo de vestir con un instrumento del imperialismo o una expresión del neoliberalismo. Ésos son los verdaderos intolerantes, ¿o no señor García Linera?
Pero también conozco a las minorías re-tolerantes. Son las que aceptan que presidentes extranjeros desplieguen sus fuerzas policiales por encima de las instituciones locales, que admiten se gobierne por decreto, que toleran que los decretos o reglamentos ignoren las leyes, que consienten se designen luchadores sociales en vez de ministros o viceministros, que se televisen en vivo y directo las jugadas cuasi futbolísticas del Presidente, que se someten al despliegue de policías sindicales al margen de la ley, como si fueran parte de la fuerza pública legalmente reconocida, que toleran que usen públicamente su bandera como servilleta o peor como un pañuelo, que consientan que el Presidente diga que Chávez es el tutor de todos los bolivianos, que admiten la suscripción de un tratado de los pueblos con una isla que tiene un comercio de 5.000 dólares con el país, que aceptan que por encima de la capacidad profesional está pertenecer al partido, ser indígena, ser comunista o socialista o peor, ser provenezolano o procubano. Ya no continúo porque para seis meses la lista es mucho más extensa que seis páginas.
Las minorías re-tolerantes también aceptan que la economía tenga sinsentidos, que sólo unos cuantos paguen impuestos, que vuelvan las entidades públicas para tener negociados de la misma forma que siempre, pero con más hambre que antes; consienten el mismo o peor nepotismo que el de antes, aunque el de hoy es más creativo ya que los periodistas son administradores de aduanas, primeras damas, embajadores, etc.; admiten que la mejor empresa de agua de Bolivia deba irse, sólo por ser extranjera; toleran que en la puerta de sus negocios formales o en el kiosco de la Renta o de la Aduana se vendan productos de contrabando, asienten que se venda ropa usada cuando hay miles de pequeños talleres que ya no pueden competir con esta informalidad, conocen que miles de millones de dólares de inversión extranjera para desarrollar los hidrocarburos se irán a los países vecinos poniendo en riesgo el futuro del país y no dicen nada, toleran la corrupción la de antes, la de hoy, la de siempre; consienten a los nuevos ricos o nuevos empresarios, generalmente fabricados por el Estado, etc. Ya no sigo porque son otras seis páginas.
Los grupos re-tolerantes también son profesionales desplazados en su propio país, criticados por su propio Presidente y abandonados por sus universidades, las que los formaron, las que los certificaron y en las que se usaron los impuestos de las minorías re-tolerantes que todavía los pagan. Estas minorías toleran que los médicos cubanos les quiten su trabajo y que en caso de malas prácticas se escuden en la extraterritorialidad de sus propios cuerpos tal cual fueran las mismas embajadas; estas minorías re-tolerantes permiten que se ejerza la profesión en el país sin cumplir las leyes para los extranjeros, por el solo hecho de que son discípulos de Fidel. En suma, y como decía Murillo, están viviendo un destierro en el seno de su misma tierra.
Ya no sigo más porque esta re-tolerancia está comenzado a convertirse en re-estupidez. No creo de ningún modo que la mayoría de los bolivianos pertenezca a los grupos de intolerantes; más bien espero que esta re-tolerancia que muestran prontamente se convierta en reconsideración, se reencauce el rumbo del país, y se redefina esta especie de involución que se ha vendido como re-evo-lución; que se reevalúen las afinidades y por un momento se reflexione en el bienestar del país en su conjunto, sin exclusiones, a pesar de los verdaderos intolerantes, ¿verdad señor García Linera?
* Óscar F. Aguilar es economista y ex vicepresidente de la CEPB.
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