En el avión ruso Tu-154, que se estrelló ayer en Ucrania con 170 personas a bordo, había 45 niños, informó la compañía aérea Púlkovo, de San Petersburgo, a la que pertenecía la aeronave.
En el avión viajaban 39 niños de hasta 12 años de edad, más seis bebés menores de dos años, dijo un representante de la compañía al diario digital Gazeta.ru, todavía sin precisar si hay sobrevivientes del accidente.
La nave volaba del balneario ruso de Anapa, en el mar Negro, a San Petersburgo con 11 tripulantes y 160 pasajeros, la mayoría de ellos familias con niños que regresaban de sus vacaciones para el comienzo del año escolar, el próximo 1 de septiembre.
El avión cayó a 45 kilómetros al norte de Donetsk, ciudad en el este de Ucrania, adonde acudieron enseguida socorristas ucranianos, que ya rescataron los primeros 30 cuerpos sin vida.
“A las 15.37 hora de Moscú (11.37 GMT) la tripulación envió un mensaje de SOS, y dos minutos más tarde el avión desapareció de las pantallas de los radares”, explicó a la prensa la portavoz del Ministerio ruso de Situaciones de Emergencias, Irina Andriánova.
Según el jefe del Servicio Federal de Aeronavegación ruso, Alexandr Neradko, el avión se estrelló después de haber entrado en una “zona de fuertes turbulencias”, y posteriormente se afirmó que la nave fue atrapada por una tormenta.
Los aviones Tupolev, de fabricación rusa, son muy valorados en la región por su solidez y amplia autonomía de vuelo y por su precio asequible.
En los últimos años, varios aviones de ese tipo han sufrido accidentes, pero los expertos consideran que, en gran parte, se debieron al escaso mantenimiento técnico que suelen recibir en los países en desarrollo.
El modelo Tupolev 154, una de cuyas unidades se estrelló ayer en Ucrania, ha sido desde hace más de 25 años la columna vertebral del transporte aéreo soviético y ha transportado a más de la mitad de los pasajeros de la compañía rusa Aeroflot. Moscú, EFE