Un camarógrafo de una red de televisión fue víctima de una agresión intolerable por parte de dos oficiales de Policía que cumplían labores de rutina en una comisaría de barrio. Y aunque los policías, en su descargo, argumentaron que el camarógrafo se resistió y propinó un golpe a uno de los oficiales, habrá que aclarar que el camarógrafo cumplía con su trabajo y en ningún momento había provocado o molestado a los policías de la comisaría.
Lo cierto es que en ningún caso es aceptable el uso de la violencia física, del improperio, del abuso de poder para menoscabar y atentar contra la labor de la prensa. Algunos miembros de la Policía Nacional parecen no comprender la labor que cumple la prensa e insisten en entorpecer su trabajo. Se lamenta mucho que un camarógrafo haya sufrido tremenda agresión de parte de un par de policías que merecen las sanciones del caso.