Gritaba un ebrio devoto de Urkupiña recién llegado de Argentina en una avenida de Quillacollo. La primera parte de la arenga del beodo, y que motivó la primera silbatina antigubernamental en la mayor procesión de fe cristiana del país, fue aclarada esta semana por el mismo Presidente cuando señaló, en un encuentro con los religiosos protestantes, que en Bolivia la fe no está en cuestión.
Sin embargo, la segunda parte del grito me llevó a pensar en el culto a la personalidad por la que está atravesando nuestro Mandatario y a preocuparme porque como es sabido el totalitarismo y la egolatría van casi siempre juntos. Es de bien pensados creer que el creciente endiosamiento no es culpa de nuestro Presidente, sino de los asesores, de aquellos que le hablan a la oreja y lo envuelven en una burbuja de Pachacútec eliminando su carismática esencia humana. Que el Canciller lo denomine como ´la luz del continente´ (Zeus) y que se emita un decreto declarando la casa de Orinoca (Olimpo) como patrimonio histórico son prueba que del masismo estamos pasando rápidamente al evismo.
La historia del MNR nos enseña que este partido y el proceso iniciado en 1952 se fue a pique cuando los emenerristas se desgajaron, se pulverizaron, en lechinistas, guevaristas, silistas, barrientistas, pazestenssoristas, etc. Lo mismo ocurrió con los denominados partidos comunistas que a fuerza de endiosar a sus caudillos, en vez de hacer la revolución, se partieron en leninistas, estalinistas, maoístas, hochimistas, castristas, guevaristas.
En un país como el nuestro, donde el caudillismo es la norma, se aguanta al caudillo, por un tiempo, pero en menos que canta un gallo aparecen otros que también disputan el mismo título y así empiezan las espirales faccionalistas que se engullen ideales en favor de la emergencia de mezquinos caudillos endiosados. El ensalzamiento implacable del que está en la cúspide provoca que los que están abajo caigan víctimas del síndrome de héroes y holgazanes: nuevos diosecillos que se rebelan ante Zeus y que no trabajan; gastan su tiempo en organizar a sus ángeles seguidores, no hacen gestión, le roban al fisco celestial y usan los dones otorgados para minar el poder del dios que ellos mismos crearon.
De seguir esta tendencia, del tránsito del masismo al evismo, nada raro que en poco tiempo nos estemos desayunando con la emergencia de dioses lineristas, quintanistas, ramiristas, granadistas, torriquistas, patzistas, choquehuanquistas. Lo cierto es que en la historia del MAS, desde 1997, el único intento público de cuestionar al máximo taita fue el del filemonismo, pero fue rápidamente extirpado como patas de una mesa con termitas.
Que el endiosamiento y el totalitarismo no enceguezcan al primer Presidente cocalero, aymara y orureño, ya que ´los dioses no existen, porque son eternos´ y más vale que al líder lo recuerden porque atrajo a su servicio personas mejores que él y no aduladores.
*Iván Arias D. es experto en descentralización y pueblos indígenas.
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