Hablar de una crisis boliviana sería casi no decir nada. Si ha existido una nación en crisis permanente, ésa ha sido Bolivia. Entonces, ¿por qué preocuparse tanto? Y la respuesta está en que de las permanentes crisis hemos pasado a un extremo que ya es caótico. Hemos pasado de un proceso de mutación agravante de nuestra sociedad al desorden mayúsculo. Basta con ver lo que es la composición de la Asamblea Constituyente y sus intenciones de refundación. Basta con oír el lenguaje soez y rabioso que el presidente Morales utiliza contra sus adversarios. En estos años, en estos últimos meses, los bolivianos estamos sobrepasando todos los males que había sufrido la República desde su fundación.
No pretendemos hacer historia, pero sabemos que Bolivia desde la Colonia estuvo a caballo entre los virreinatos de Lima y Buenos Aires. Y sabemos que constituida como nación independiente, ni en Lima ni en Buenos Aires estuvieron satisfechos quienes mandaban, y que el propio Bolívar era reacio a la fundación de un nuevo estado que le podría acarrear problemas. Pero Bolivia se creó por sus ´irrefrenables ansias de libertad´, como le diría Sucre al Libertador, aunque, desde su nacimiento, provocaría resentimientos y llevaría la semilla de la falta de cohesión en un enorme territorio despoblado, abrupto, y alejado de la ´vecindad del mundo´.
Bolivia ha sobrevivido, sin embargo, en medio de su complicado encierro geográfico y su diversidad étnica compuesta por una masa mayoritariamente mestiza, con indígenas quechuas y aimaras, con una minoría blanca, y con decenas de etnias aisladas que viven en el altiplano y en las selvas del oriente. Así, en esas condiciones, pero con esotéricas ideas de raza, religión, cultura y economía, estamos hoy embarcados en crear una nueva nación, donde las dudas sobre su viabilidad ya no son externas como en 1825, sino, fundamentalmente, internas. Muchos dudamos de que estemos marchando por el camino más conveniente.
La falta de un espíritu nacional, de una conciencia colectiva, no va a permitir el ideal de esa Nueva Bolivia de la que ingenuamente se habla. Las contradicciones de cultura, raza y religión, que han aflorado en los últimos meses, le están haciendo un daño irreparable al país. La etnias ´originales´ —quechuas y aimaras principalmente— ahora reclaman inconcebibles reivindicaciones a quienes consideran como los invasores y depredadores de su territorio. Éstos, los invasores, son quienes tienen apellidos españoles o europeos en general, pero eso es una contradicción absurda, porque, desde el Presidente, pasando por la jerarquía del MAS, abundan en apellidos criollos. Y lo intolerable: quechuas, aimaras y hasta los mestizos, están tomando conciencia racial en vez de un espíritu nacional.
Con esto se pretende dejar de lado a la Bolivia del oriente y a buena parte de la gente de occidente, que tienen distintos tipos de ideales y formas de vida donde se destaca nítidamente la pujanza y el deseo de vivir mejor. La carencia de espíritu nacional está provocando que algunos habitantes de las tierras altas por un lado y las bajas por el otro, se confundan y se miren con desconfianza, en algunos casos no exenta de rencor.
¿Así pensamos que una Asamblea Constituyente va a crear una nueva República? ¿No es esta una utopía peligrosa? ¿No vamos camino, más bien, de abrir más brechas entre oriente y occidente? ¿No es mejor dejar en paz a las regiones y que sus pueblos vivan de acuerdo a sus tradiciones como siempre? ¿Por qué nos van a imponer lo que no nos gusta? Ni la mayoría absoluta ni los dos tercios de una abigarrada multitud de campesinos van a hacer que los cambas ni los collas de la clase media cambien su modo de pensar, su forma de vivir, de festejar, de amar, y de trabajar.
En vez de la absurda conciencia racial que se proclama ahora, que es excluyente, pensemos en el espíritu nacional, incluyente, que, con altibajos, ha mantenido la armonía y unidad entre los bolivianos.
*Manfredo Kempff es escritor y diplomático.
Constituyente astronómica
Que el lector no se asuste: en este comienzo de la nueva serie de El Satélite de la Luna, cuyas células madre oportunamente congelé hace 30 meses, no me referiré a las astronómicas dificultades de la flamante Asamblea Constituyente.
Eduardo Rodríguez
En las difíciles épocas de crisis política de los años anteriores, por ejemplo, cuando Carlos Mesa llegó al poder, muchos sugerían que su gobierno debía ser parecido al de Valentín Paniagua del Perú, es decir, de transición
Decisiones por dos tercios
Para asambleístas y ciudadanía. En la actualidad se discute el Reglamento Interno que debe regir en las decisiones de la Asamblea Constituyente. Si por dos tercios (170 votos) o sólo por mayoría absoluta (la mitad más uno, 128 votos).
Eso de “originarios”
En Bolivia todos los nacidos en el territorio nacional somos "originarios". Originario en castellano, idioma venerable y muy nuestro, que algunos miembros del Poder Ejecutivo, y otros, deberían pulir e incluso aprender, significa dar origen