Sin lágrimas y con pocas flores, amigos y familiares de la mujer más anciana del mundo, la ecuatoriana María Esther Heredia de Capovilla, la sepultaron en el cementerio de Guayaquil, ciudad en la que nació hace 116 años.
María Esther murió el domingo en una clínica en la que ingresó el miércoles aquejada por una neumonía, la enfermedad más grave que sufrió desde 2005, cuando fue incluida en el Libro Guinness de los Récords como la mujer más vieja del mundo.
A poco de cumplir 117 años (14 de septiembre), los amigos y familiares de María Esther la recuerdan como una mujer “muy tranquila“ y “muy ceremoniosa”.
Ni en la misa ni en el entierro hubo lágrimas: “Cómo podemos llorar si vivió lo suficiente y, además, tenemos que estar agradecidos de que no sufrió”, dijo su hija Hilda (80). Añadió que su madre se encontrará con su esposo (Antonio Capovilla) muerto hace 50 años. Guayaquil, EFE