Los mensajes del Pontífice El pastor de más de mil millones de católicos en el mundo ha expuesto en su visita a Alemania toda la fuerza de sus convicciones, asentadas en la ortodoxia y las certezas propias, dando clara idea de lo que tiene que ser un conductor de almas y vidas.
El Papa Benedicto XVI exteriorizó las preocupaciones que lo atribulan en este tiempo, en la segunda visita que realizó a Alemania, su tierra natal. Como pocas veces, en su pontificado de más de un año, demostró sentirse conturbado ante la presencia de un mundo confuso y una gran debilidad auditiva respecto de Dios.
Defendió vigorosamente la enseñanza de la religión en las escuelas y pidió a los profesores de esta materia y a los educadores en general tener presente "la búsqueda de Dios", a pesar de lo difícil que es —en el mundo pluralista de hoy— poner en marcha el tema de la fe. Remarcó, asimismo, que la familia, la escuela y la parroquia son los tres lugares de la formación de la personalidad.
El Pontífice hizo también hincapié en la existencia de enfermedades mortales que corroen la fe y un fanatismo que de alguna manera atenta contra Dios. "Hoy en día —dijo—, en que hay patologías y enfermedades mortales de la religión y de la razón, destrucciones de la imagen de Dios a causa del odio y del fanatismo, es importante decir con claridad en qué Dios creemos". Añadió que esta es la única forma de vencer el ateísmo de las sociedades modernas, originado y alimentado por el miedo a Dios.
En otra de sus homilías, Benedicto XVI instó a los seres humanos a definir sin ambigüedades sus creencias, saber quién es el Dios de los católicos. "Pues bien —expresó—, creemos en este Dios que es el espíritu creador, la razón creadora de donde todo procede y de donde también venimos nosotros".
Tuvo igualmente palabras sobre el ecumenismo, aprovechando la presencia de personalidades protestantes y ortodoxas. Demandó la unión de los cristianos, "porque, en un mundo lleno de confusión, debemos dar de nuevo testimonio de las orientaciones que convierten una vida en vida verdadera". Instó a que este deber importante, común a todos los cristianos, debe ser resuelto con gran decisión.
El Papa abordó a la vez el tema del sida, epidemia que está causando mortandad y sufrimiento en muchos seres que habitan el planeta. Consideró que se puede enfrentarlo a través de la fe. "Combatir el sida, afrontando realmente sus causas profundas y cuidando a los enfermos con amor", fue su recomendación.
En la última de sus tres misas multitudinarias al aire libre en Baviera, el Papa habló de la relación entre ciencia y religión, y sostuvo que aquella no puede explicar el origen del mundo excluyendo el papel de Dios. Rechazó la idea de que el hombre y la razón puedan ser "nada más que un azar, resultado de la evolución". Invitó a los católicos a plantearse la pregunta: ¿qué cosa existe en el origen?, tomando apunte que las "cuentas sobre el hombre, sin Dios, no cierran", así como "las cuentas sobre el mundo, sobre el vasto mundo, sin Dios, no cierran". Terminó diciendo que "nosotros creemos que en el origen está el Verbo eterno, la razón y no la irracionalidad".
De ese modo el Pontífice expuso sus criterios más íntimos y quizá compartidos sobre la teoría de la evolución.
El pastor de más de mil millones de católicos en el mundo ha expuesto en su visita a Alemania toda la fuerza de sus convicciones, asentadas en la ortodoxia y las certezas propias, dando clara idea de lo que tiene que ser un conductor de almas y vidas. Así, marcó otro hito en sus visitas al exterior.