Parece ser que el aparente desarrollo de una nueva identidad neoindigenista es lo que actualmente Bolivia expone como punto de referencia en el globo. Las principales autoridades del país, bajo la tutela de un neoindigenismo proteccionista y expansionista —con estrechas políticas de Estado en las que intervienen casi exclusivamente indígenas— tratan de explotar una identidad prefabricada que desarrolla menos alternativas hacia una identidad colectiva y dinámica como país.
Aunque este tema continúa acumulando importante bibliografía haciéndolo cada vez más complejo, desearía concentrarme, simplemente, alrededor del concepto de identidad, la que considero como aquel conjunto de rasgos —propiedades distintivas impuestas por la sociedad que poseemos desde nuestro nacimiento—, ya que desde que tomamos contacto con el mundo exterior, nos hallamos supeditados a aceptar una sociedad cuya cultura y valores ya existen, aunque, claro está, esta cultura y valores son dinámicos, lo que significa que pueden llegar a modificarse, adaptarse o fusionarse de acuerdo a las circunstancias o a medida que transcurre el tiempo, en nuestro caso, podríamos hablar de la influencia del actual gobierno para hacer hincapié en la posible identidad que se vaya a adoptar, colectivamente hablando.
En cuanto al neoindigenismo, me gustaría apoyarme en la postura de Gómez-Martínez, denominada por él como tradicional donde el pensamiento neoindigenista —dice Gómez-Martínez— busca “protegerle” (al indígena) del mundo occidental, pidiendo que se encierre en la preservación de “su cultura”. En el actual gobierno existe una infinidad de ejemplos relacionados con la preservación-protección de la cultura aimara, quechua o de otra índole; actualmente, más que preservación diríamos que se ha llegado a un punto de extradimensionalidad de participación de estas culturas, cosa que tampoco es bueno (extremos), si tomamos en cuenta que antes se las descuidaba en exceso.
La complicada vinculación entre identidad y neoindigenismo que está presente en el país —al parecer— alimenta de manera determinante algunas identidades microcolectivas originarias que se identifican con un neoindigenismo supuestamente moderado, aunque más parece resaltar la tendencia de un neoindigenismo oportunista, debido a la actual coyuntura por la que atraviesa el país, o sea, la actual composición del gobierno.
Dicho sea de paso, se orienta a la extra-politización de los idiomas nativos; se intenta fortalecer una Asamblea Constituyente originaria, etc., todo ello con el argumento de que la mayoría de los bolivianos somos indígenas que estuvimos bajo la bandera de los quinientos años de explotación; para así, justificar la manera de dirigir una Asamblea Constituyente con tintes cuasi exclusivamente originarios, lo que supone pensar en un posible absolutismo de ciertos grupos y menos democracia para el país.
Concluyo, manifestando que el actual gobierno debería reformular los actuales pasos de la sociedad hacia una identidad integradora y dinámica, sin dejar de lado las posiciones no-originarias (identidades no-indígenas) que co-habitan con otras identidades en el país.
*Hugo Víctor Ramírez V. es lingüista.
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